Paraíso En Llamas (libro 2)

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Capítulo 20

Nunca había hecho esto, no de esta forma. No al frente.
Caín siempre era quien nos lideraba. En las misiones, en las batallas. Era él.
Ahora no es así. Quien trazó los caminos que debían recorrerse, quien formó los grupos y declaró los planes, fui yo.
Fui yo quien se encargó de cada detalle de lo que pasaría esta mañana.
Y no sabía cómo sentirme al respecto.
Bueno, asustada ya estaba. Pero no sabía si lo que estaba haciendo estaba bien o estaba mal.
Creo que así es la vida. Tienes que tomar decisiones, y éstas no siempre serán las correctas, o lo serán pero el resto no lo verá así.
Mata a la persona indicada y serás bueno.
Mata a la incorrecta y serás malo.
¿Pero los infectados en qué lado estaban?
No importa las veces que lo escuche, de las personas que lo haga. Mi corazón sigue diciéndome en lo mala persona que me he convertido.
¿Quitarle la vida a alguien? Será lo que me perseguirá hasta el día en que muera y más allá.
Pero eso es lo que soy. Una persona con deseos de ser buena, pero que no puede serlo porque lo que pasa a su alrededor no se lo permite.
Y tendría que vivir con ello.
Sin embargo, cuando pensamientos como estos venían a mi cabeza, por suerte alguien siempre estaba a mi lado para animarme, o en todo caso, para patearme el trasero.
Sam estuvo bastante cerca desde que los planes salieron al aire, lo cual, fue la reacción contraria a la que pensé que tendría luego de que él y yo durmiéramos juntos. Porque así era él. Se alejaba cuando menos lo esperaba y se acercaba cuando pensaba que sería imposible.
El día de ayer, luego de que la Ricina fuese traída por Sam junto con Cam y Devon, quienes no me dejaron ir con ellos, o mejor dicho, Sam no me dejó ir por lo ocurrido antes. Luego de todo ese arduo trabajo Sam vino y me arrastró al gimnasio.
Estuvimos horas y horas.
Caí
Me levanté
Caí
Me levanté
Golpeé
Fallé
Volví a golpear y di en el blanco.
Debía admitirlo, Sam era un buen profesor.

Me había enseñado a pelear bastante bien. Me había enseñó incluso a caer.
Mi pensamiento sobre los cazadores no había cambiado, y seguro que sus pensamientos sobre los Orígenes tampoco lo había hecho, mucho menos el rencor hacia Caín, eso lo notaba por las miradas que le lanzaba cuando este no miraba.

Pero aun así él me enseñó a moverme como un cazador y yo lo dejé hacerlo.
Me di cuenta de que me serviría como ventaja.
Cuando no estaba entrenando con Sam, en la soledad del baño, sacaba mi fuego y lo miraba extenderse por mis dedos, girando y retorciéndose hasta formar remolinos.
Era fuerte, era rápida, tenía valor.
En mi estaba la decisión de usar eso para el bien o para el mal. Y supe por mi corazón, que aunque olvidara mi nombre, jamás olvidaría mi humanidad.

Estamos aquí, todos reunidos en la bodega, las armas fuera y colocadas en la mesa. Elías y Zack en las computadoras metiéndose en los datos del hospital, haciendo de las cámaras suyas gracias a un virus creado por Elías, un virus que hemos filtrado en una de las tantas veces que hemos estado en el hospital, vigilando todo desde adentro.

Ahora sus cámaras eran nuestras, las controlábamos, al igual que cada cosa eléctrica ahí. Cada luz, cada monitor, cada aire acondicionado. Nuestro.

El plano del sistema de ventilación está en una de las pantallas, Zack sostenía una de las bombas de Ricina.
No era como las bombas, esta sólo liberaría la Ricina, sin hacer ruido, sin hacer explosiones mortales y se activaría a través del control que estaba en mi mano. Sólo tenía un botón. Cuando este sea presionado, tendremos diez segundos para que las bombas se activen.

Dejo a cargo a Julian y le hago señas a Natalia para que vayamos a cambiarnos junto con varios que ya lo hacen en la segunda planta.
Max iba a quedarse solo con Drew esta mañana ya que necesitamos a los suficientes refuerzos por si algo sale mal.

Sabía lo que estábamos a punto de hacer, sabía lo que significaría para el gobierno, un golpe de rebelión. Y sabía que ellos podrían contraatacar.
Natalia y yo nos metemos en el cuarto donde tenemos los trajes. Aria ya está aquí, pero lista. Los trajes no se modificaron, son del mismo modelo que llevamos en la lucha contra los cazadores. Aria sale en cuanto yo entro y medio golpea mi hombro al pasar.
Sigo sin culpar su enojo, me limito a ignorarla.
-¿Es normal que me sienta tan nerviosa?- Pregunta Nat empezando a quitarse la camisa.
Yo me quito los botines y el resto.
-Para nada, te digo que a pesar de que ya he estado en posiciones parecidas, el miedo y el nerviosismo nunca se van.
Me calzo los pantalones, me abrocho el cinturón y luego voy con la camisa térmica de manga larga.
-Cuando entrené con mi padre y el me preparó mentalmente para esto, jamás pensé en que se sentiría tan pesado. Uno se siente fuerte, hábil pero cuando llega el momento de actuar, ves que no eres tan invencible como creías. Que puedes morir o salir lastimado con sólo actuar un segundo de retraso.- Su voz es amortiguada por la tela de su camisa. Yo me hago rápidamente una trenza de lado cuando termino de vestirme.
-Y te das cuenta.- Continúo por ella.- Que no sólo tú puedes terminar muerta, sino también tus compañeros.
-Eso es algo que me preocupa más que morir.
-Te entiendo.- Digo tocando su hombro y ayudándole con su cabello.- Tal vez suene egoísta pero... Me alegra que estés aquí conmigo, no sabes cuantas veces deseé no sentirme tan sola. Y ahora estoy aquí, haciéndote una trenza para que peleles conmigo.
-No es egoísta.- Contesta ella, no puedo ver su rostro ya que está de espaldas a mi pero sé que lo dice con sinceridad.- Muchas veces yo también quise que estuvieras conmigo, en especial el día en que Old Town fue atacado.
Cuando termino se gira y me mira.- Es increíble como las cosas pueden cambiar en un minuto.
Asiento.
-Lo único que puedes hacer al respecto, es adaptarte a los cambios.
Ambas bajamos listas y me sorprendo cuando veo a Sam en la mesa con Zack, ya que él no había llegado, como tampoco Cam y Devon que viven en el mismo edificio.

Lo que más me sorprende es lo que viste. No son nuestros trajes.
Sus ojos verdes se encuentran con los míos pero hay algo que me preocupa en su mirada, parece lejana.
Se incorpora y puedo al fin, inspeccionar bien lo que lleva.

El traje se ajusta perfectamente a su cuerpo, moldeando sus músculos a la perfección. Es totalmente negro y parece ser de cuerina, sin embargo en el lugar de las rodillas, los codos y pecho, el material empleado parecía ser una armadura oscura. Los pantalones no parecían llevar bolsillos pero no me sorprendería si hubiera algunos escondidos. Porta un cinturón de armas, y en sus manos guantes que dejan los nudillos al descubierto. El traje era letal, tan letal como la persona que lo usaba.

Me quedé sin aliento mientras lo veía acercarse con su traje silencioso.
-Umm hola.- Logro decir.- Pensé que todos vestiríamos igual.- Señalo con la cabeza lo que lleva puesto. Sonríe de lado pero no de manera creída como pensé que haría.
- Es el traje que los cazadores usan.- Lo miro con el ceño fruncido.
-Pensé que era el traje rojo, el que usaban... Ese día.
-No, ese era sólo para los días en que nos reuníamos, este es más...- Hace una pausa pensando en la palabra correcta.- liviano.
Trato de que la decepción en mi mirada no se note. Si usa el traje de cazador, es porque aún piensa que lo es. Lo que al final significaría que continúa pensando que nuestras razas son enemigas.
-Bien.- Aparto la mirada hacia Natalia.-Uh, iré por armas.- Me aparto de él a paso normal.
Veo que la mayoría ya están con los trajes puestos y miran discretamente a los tres chicos con trajes diferentes.
Trajes que estaban diseñados para no hacer ruido, para que les diera un mejor acceso a armas, y acceso a movimientos complicados. Todo para matarnos.
Siento una mano detenerme del brazo y cuando miro me topo con sus ojos verdes.
Está mirándome dudoso.
-¿Ocurre algo?- Me pregunta.
Sacudo la cabeza.- Nada importante.
Trato de soltarme de su agarre pero Sam no me lo permite, me giro hacia él con el rostro lo más relajado que puedo.
-Dije que nada.
-Estás a la defensiva.- Dice serio.- Habla conmigo.
No quería molestarlo y sabía que si decía algo de lo que pasaba por mi cabeza, iba a alejarlo.
Vuelvo a negar.
-Ahora no.- Su boca se entre abre pero luego la cierra y vuelve una fina línea. Asintiendo se aleja y yo me quedo con un feo vacío mientras me equipo con armas.
Envuelvo el cinturón con armas a mi alrededor. Lo lleno de dagas de diferentes tamaños. Grandes, pequeñas, de hoja recta, de hoja ondulada. Oculto una pistola en la funda de mi espalda. En mis botines oculto otro par de dagas.
Había tenido esperanza de que su pensamiento cambiara. De que no nos viera como una raza diferente, de que dejara sus instintos de cazador atrás y aceptara que nosotros no somos tan diferentes. Pero no fue así.
Es uno de los que no quiere dejar su instinto atrás, que a pesar de que lo pase, seguirá siendo como lo criaron. Siendo un cazador.
-¿Pasa algo?- Me pregunta Natalia.- Noté como que estaban discutiendo.
Ni ego con la cabeza. Sabía que Sam estaba cerca de la entrada del laboratorio, en otras palabras, casi detrás de mí, no estaba solo, podía escucharlo murmurar con sus dos compañeros.
-Estoy bien.- Le aseguro.
Me coloco el brazalete en la muñeca.
-Sabes que a mi no puedes engañarme ¿Verdad? Somos como hermanas, conozco tus gestos, tus sentimientos.
La miro de reojo y trato de no sonreír ante sus palabras. Pero no puedo decirlo aquí, ahora.
-Tal vez más tarde.
Ella asiente.
-Bien, porque si no tendré que amarrarte a un silla hasta que lo sueltes.
Logra sacarme una pequeña risa.
Disimuladamente giro mi cuello para verlo y él parece tan formal charlando con sus compañeros, realmente parece un líder. Cuando sus ojos se encuentran con los míos, no soy capaz de apartar mi mirada a tiempo.



Abby Conrad

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En el texto hay: guerra, virus, ancla

Editado: 12.03.2018

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