Paraíso En Llamas (libro 2)

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Capítulo 22

Sam se fue.
Me había dejado una nota en la mano con dos simples palabras. "Lo siento"
Es mañana contuve las lágrimas y me dije a mi misma que debía superarlo.
Pero las cosas no dejaron de llevarme a la cabeza. ¿Habrá recordado todo lo de aquella noche? ¿O el alcohol no se lo permitió? ¿La decisión de pasar su última noche conmigo fue por estar ebrio o de verdad lo quería así? ¿Y por qué?
Me había permitido tener esperanza, una parte de mi pensó que se quedaría, que tal vez a él podía gustarle. Pero es claro que no. Él no es así, no quiere a nadie.
Las cosas fueron de mal en peor, no sólo para mí, para todos.
Los días pasaron y no teníamos ni idea de qué hacer. El tiempo se nos agotaba y si no actuábamos, moriríamos.
Caín le envió oreo mensaje de fuego a Jared, no es que la última vez contestara, al menos sabíamos que estaba bien porque si no lo hubiese estado, el mensaje hubiese sido devuelto, y no fue así. En este mensaje le decíamos que lo mejor era que regresara, que juntos estaríamos mejor que separados. No tenía ni idea de lo que haría mi hermano, era tan impulsivo como yo.
Salíamos poco, sólo para ir al supermercado y comprar comida enlatada. Como atún, maíz cocido, aceitunas, carne seca y botellas de agua.
¿Para qué? Bueno se llegó a la idea de que en unas semanas, no podríamos salir del todo, por razones obvias.
Así que ahora teníamos la cocina repleta de cajas con latas y botellas de agua. Mochilas con ropa ligera y armas ocultas. Todos esperábamos que lo inevitable ocurriera, que ellos entraran por la puerta con las armas desenfundadas y apuntándolas hacia nuestros rostros.
Estábamos paranoicos y debo admitir, nunca vi tan mal al grupo.
Ya no hay bromas, ya no hay tiempo libre. Ya no podemos sentarnos y planear lo que haremos al siguiente día, en qué podemos ayudar para resolver el conflicto del virus. Drew vino con nosotros, Max está muerto, decidimos que seguir con la investigación en estos momentos era demasiado arriesgado. Así que ahora estábamos siempre en la casa, reunidos en cada rincón. Esperando.
Esto apesta.
El único canal que se ve en la casa, es el de las noticias.
Al menos no somos los únicos enloqueciendo.
Resulta que el presidente mintió en más de un sentido.
Aquellos a los que desobedecían el toque de queda no eran enviados a la cárcel.
Eran ejecutados en público.
¿A dónde nos lleva eso? ¿Dónde está la humanidad en el mundo?
Cada día nuevas ejecuciones, no les importa la edad, no les importa el sexo de la persona.
Temo que si el gobierno toma los movimientos de la gente como signo de rebeldía a las leyes, acortarán el tiempo límite para la implantación de los chips. No era imposible.
¿Esto se siente estar sin esperanza?
Muchas veces pensé que la perdía pero jamás de ésta forma tan cruel y fría.
No tenía a nadie que me dijera que todo iba a estar bien porque todos sabíamos que no iba a ser así.
Puedo verlo en la mirada de los chicos, de mis padres, creo que eso es lo que más me duele, que no puedo hacer nada.
La casa está demasiado llena, se siente casi claustrofóbica. No sólo Drew se había mudado, también Cam y Drew ya que, al no estar Sam en el edificio de apartamentos, se les hacía tonto seguir ahí así que vinieron aquí y ahora duermen en la sala junto a Drew.
Sabía que a ellos dos no les agradaba aún, las miradas que me lanzan a menudo los delatan. Como ahora que estoy sentada en los escalones de madera mirando directamente hacia la sal, ellos me miran desde una esquina, es súper raro ya que parecen evaluarme, odio cuando lo hacen.
Mamá sale de la cocina para anunciar que la comida está lista. No me muevo, no tengo hambre.
Y al parecer Zack tampoco porque a paso lento y desanimado camina hacia mi y se sienta un escalón debajo de donde estoy, le hago espacio entre mis piernas y me apoyo en sus hombros acariciando su suave cabello.
-Dime que no soy el único que está asustado como la mierda.- Dice en voz baja, sonrío.
-Puedo asegurarte que no.
-Quisiera saber qué hacer, desearía poder ayudar pero... No se me ocurre nada, todo está jodido.
-He estado pensando.- Contesto con voz lejana.- Que lo mejor sería irnos.
-¿A dónde?
-Supongo que empezarán con las grandes ciudades, que dejarán lugares como Old Town o Bretder para después.
-Pero será cuestión de tiempo para que lleguen también ahí. Además, tienes que recordar que los Caníbales siguen ahí y ahora, me imagino que están furiosos.
-Como todos.- Le recuerdo.- Y con lo otro, sí, llegarán hasta los pueblos más pequeños pero al menos... Tendremos un poco más de tiempo.
-¿Cuánto? ¿Una semana más? ¿Dos?- Zack se gira hacia mi y aquel chico alegre que conocí alguna vez, estaba extinto casi por completo.-¿Y vivir cómo?- Señala la casa.-¿Así? Dejando que el miedo nos controle, que la espera de lo inevitable nos quite el sueño... Eso no es vivir.
-¿Entonces prefieres quedarte aquí hasta que ellos vengan dentro de dos semanas?
Zack mira al vacío.- La vida me ha quitado demasiado. Me quitó a mis padres, a mi hermano, a Jesse y ahora quiere ser una ingrata y matarme a mi también. Yo ya no tengo nada que perder, creo que iré a ver a mamá antes de que esto suceda y luego volveré aquí.
-Te estás dando por vencido, no deberías hablar así, me tienes a mi, tienes a tu madre que te ama con todo el corazón, cuentas con todos nosotros en esta casa.- Toco su hombro.- Tal vez la vida a veces sea una perra, pero tienes que aprender a domarla.
Sonríe triste.
-¿Y cómo se supone que domemos esto?
No lo sé.
-Ya lo veremos.
Niega con la cabeza.- A veces quisiera ser tan fuerte como tú.
Lo miro. No soy fuerte en absoluto, sólo he fingido para que ninguno de ellos tuviesen que preocuparse por mi.
Estaba tan jodida como ellos.
-Quiero decirte algo.- Zack se tensa y se levanta para sentarse a mi lado, así cuando me hable, podamos estar a la misma altura.
-Dime.- Curiosa lo miro.
-No odié a Jesse por irse o por... Matar a Natasha.- Mi pecho se tensa ante la mención de su nombre. Mentiría si dijera que no he pensado en él últimamente, pero no de la forma romántica, dejé de hacerlo hace tiempo. Pienso en él porque la partida de Sam me recuerda a la de Jesse. Aunque Sam no me traicionó antes de irse, o al menos ruego que no. Sam incluso quiso pasar su última noche aquí, conmigo. Borracho o no, así fue.
Pero su partida no deja de doler como la de Jesse. Hubo una noche en la que incluso soñé que estaba otra vez en aquel pueblo abandonado, con una batalla de fondo y Sam estaba frente a mí, en lugar de ser Jesse. Diciéndome que debía irse.
No fue una pesadilla, en cierta forma fue real, lo único que cambió fue el lugar de los hechos.
-¿Entonces?
-Lo odié por lo que te hizo. Odié que te dejara, odié que te destruyera antes de irse. Él fue quien una vez me dijo que no lastimas a quienes amas y eso fue lo que él hizo. Te quebró desde dentro y ¿Sabes por qué me odié tanto como lo odié a él? - Niego con la cabeza.
No sabía que él tenía esos pensamientos. Que llegó a odiar a su propio hermano cuando perdió al otro.
Creo que pensé que le guardaría cierto rencor a Jesse por no estar cuando murió Sebastian pero además de eso, lo odió. Por mí. Ni siquiera yo pude odiarlo.
-Me odié por no poder ayudarte con ese dolor.
-No fue tu culpa, Zack. Yo fui quien se alejó, quien te dejó fuera de todo. Y no fue porque no quisiera que fueses mi amigo, sino porque no quería hacerte escoger entre tu hermano y tú.
-Familia es familia.- Dice Zack de manera seria.- Pero no significa que se deba dejar pasar las cosas malas que hacen tus familiares. Jesse falló y no ha pagado por ello. No pienso hacerlo pagar, no, no podría. Pero estoy seguro, lo estuve desde el principio, que si tú querías venganza por lo de su traición que casi se lleva a James, que se llevó a Natasha... No me pondré en medio. Me duela cuanto me duela.
Su confesión hace que quiera derramar lágrimas contenidas. Siento incluso remordimiento por cada mensaje suyo que ignoré.
Y aprecio lo que me dice pero creo que jamás podría lastimar de esa forma a Jesse. Sin importar lo que hizo, una parte de mi lo sigue apreciando. Fue importante para mi, claro, mi primer amor. Sin embargo, no se lo perdonaría otra vez.
No lo lastimaría pero si alguna vez él está dispuesto a lastimar a los míos o a mí de nuevo...
Cierro los ojos con fuerza, no quiero ir por ese camino.
-No le haría daño. Eso ya pasó y yo ya sané, me costó bastante, pero por suerte no me dejé llevar por la corriente.- Mi ancla no lo permitió. Sonrío para mis adentros.- De todas formas, te agradezco el que me contaras cómo te sientes. Zack, no pierdas la esperanza por favor, no soportaría verte sin tu luz. Prométeme que pase lo que pase no dejarás de brillar.
Sus ojos se vuelven vidriosos y yo ya siento las lágrimas derramarse por mi cara.
-Lo prometo.- Dice en un susurro.
Por ahora, es lo que necesito. Necesito que Zack conserve su luz, incluso cuando la mía ahora parpadeante, se apague.



Abby Conrad

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En el texto hay: guerra, virus, ancla

Editado: 12.03.2018

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