Paraíso En Llamas (libro 2)

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Capítulo 24

Nos despertamos temprano.
El amanecer apenas se extendía sobre las casas y edificios. Podíamos escuchar los trotes de los policías en las calles, con sus rifles en mano y posturas rectas. Podíamos sentir el miedo irradiar dentro de cada casa, todos con terror de abrir la puerta e ir a trabajar.
Sí así era sin los chips, con ellos, esto será un caos. Pero eso todos lo sabemos ya, y no pensamos estar aquí cuando suceda.
Esta vez no nos entrometernos, ninguno alzará la voz y dirá que lo correcto sería hacer algo al respecto. Nadie, ninguno de nosotros lo hará, porque sería morir por una raza que nos detesta.
Ahora, nuestra supervivencia es primero.
Natalia, Aria y yo metíamos nuestra ropa en maletas y ocultábamos pequeñas armas entre la ropa.
Todas las maletas serán llevadas a la bodega, donde esperarán por nosotros cuando volvamos de limpiar el pueblo.
Sabíamos que había una posibilidad de que alguno de nosotros no regresara pero era un riesgo que debíamos correr.
Los chicos ya se habían ido para revisar el terreno de la bodega, a excepción de Devon y Cam que ahora sabía, se quedaban para cuidarme, porque Sam se los ordenó.
Bajamos a la sala y sentí lástima al no poder llevarme nada material a parte de la ropa. Era oficial, en cuanto dejara la casa seria oficial, no tendría nada de mi pasado. Ninguna foto, ningún adorno, ningún álbum familiar, excepto el pueblo destruido.
Al principio pensé que jamás vería esta casa como un hogar pero ahora me doy cuenta de que sí logré hacerlo.
No pude evitar apretar mis labios para evitar mostrar debilidad. Mientras Aria y Natalia se escabullían de regreso al segundo piso, yo me dirigí a las paredes llenas de marcos, e ignoré a los dos gorilas espiando cerca.
Sonreí al ver a mi padre de sangre junto a Jared, es increíble, si no fuese por las fotos yo ya no recordaría su rostro, incluso ahora al verlo ahí, posando con un mini Jared me parece un desconocido o tal vez una versión adulta de mi hermano. La casa donde él y mamá vivieron por años ya no existe, la casa en donde yo crecí no existe. No quedaron cenizas pero tampoco quedarían cenizas de los Primeros. Era una promesa que me había hecho hace tiempo y aunque derramara hasta la última gota de mi sangre, cumpliría con ella.
La siguiente foto es de Jared y yo en mi cumpleaños, yo era tan pequeña, mi cabeza estaba llena de rizos despeinados, ahora no era tan así, gracias a que mamá lo cortó por arriba de los hombros y de alguna forma eliminó el exceso de rizos, ahora eran apenas unas ondas cobrizas. Mis ojos no habían cambiado mucho, a excepción de un tiempo en que lucían apagados, no lo hacen más.
Una foto de mamá posando cerca del lago me hace querer llevarme la foto, quería verla así de nuevo, sonriendo, pero sonriendo de verdad. Tal vez lo hacía en momentos breves pero me gustaría mirarla más seguido. Aunque no la culpó si no lo hace ahora. No son buenos tiempos.
Veo la foto en donde Natalia y yo estamos haciendo nuestra primera pijamada, no sabía que existía esa foto, quiero llamarla y decirle que venga a verla pero la voz no me sale, simplemente... No me sale.
Cuando veo a una Abby más joven, quizá de unos quince años, siento ternura al verla. Se mira tan inocente con ese vestido floreado y esas sandalias de cuero café y oh, ese cabello tan despeinado. Estoy en el bosque, rodeada de florecitas blancas, recuerdo ese lugar, queda cerca del lago, me pregunto si los destrozos las secaron.
Ella parece realmente feliz.
Cuando repaso los marcos que he dejado atrás, me doy cuenta de que hay un par que no puedo dejar.
Tomo la foto en que salimos Jared, mamá, James y yo, que es reciente, antes de que el virus saliera a la luz. La tomo y la empaco en mi maleta junto con la de Natalia y yo, la del cumpleaños y una de Jared, mamá y yo hace tiempo. Las meto entre mis ropas y luego dejo la maleta en el sillón. Cuando veo de nuevo a aquella chica sonriente mirando hacia la cámara, me doy cuenta de que quiero que alguien la conozca.
Tal vez para Devon y Cam parezco una loca yendo de aquí para allá con marcos en mis manos pero no me importa. Tomo a la vieja Abby y corro escaleras arriba. Las chicas se sobresaltan cuando empiezo a rebatir entre mis cosas.
-¿Qué estás haciendo?- Me pregunta Natalia.
-Sólo... Algo.- Sigo distraía mientras destapo al sharpie. Giro el marco y empiezo a escribir en la madera.
Si no volvería a ver a Sam, quería que me recordara, que tuviera algo mío con él, no importaba si yo no tenía nada de él.
No me olvides.
-Tu compañera. (Pastelito)
No puedo evitar sacudir la cabeza con diversión al ver mis propias palabras escritas. Ese maldito apodo, me gustaba.
Busco entre mis cajones un sobre grande y cuando lo encuentro casi aplaudo de la emoción.
Meto el marco enero con todo y el pequeño mensaje en la parte de atrás y luego bajo corriendo.
Devon y Cam se callan en cuanto llego junto a ellos.
-Buenos días.- Dice Devon.
Asiento seria.- Buenos días. Necesito que me hagas un favor.- Hablo sólo con Devon, sé que Cam no haría nada por mí.
-Depende.- Me mira él cauteloso.-¿Es algo arriesgado?
-Para nada.- Le entrego el sobre.- Quiero que se lo des a Sam.
Escucho a Cam bufar.-¿Qué?- Le pregunto a él.-¿Te parece arriesgado?-
Guarda silencio.
-Abby, por más que quisiera, sabes que no puedo...
-Sé que te comunicas con él, ahora sé con quién te mensajeas discretamente, le informas a Sam todo lo que ves, por eso me vigilas. Debes saber dónde está él y me imagino, dio las órdenes de que no me lo dijeran, así que tú mismo se lo darás o mandarás por correo, lo que sea, es tu problema.
-No sé dónde está.- Niega con la cabeza.
-Mentiroso.
-Es la verdad.
-Entonces no sé cómo harás pero si no se lo entregas ninguno vendrá con nosotros.
Me miran con los ojos abiertos. Era una mentira claramente, jamás haría eso, dejar a uno de los nuestros, pero debía motivarlo.
-¡¿Qué?!- Dice Cam enojado.
-Lo que oíste.
-No puedes hacer eso.- Contesta Devon.
Levanto una ceja.-¿Quién lo dice?- Guarda silencio.- Eso creí.- Señalo el sobre en sus manos.- Se lo vas a dar y luego irás a la bodega con nosotros, confío en que sabrás que hacer.
Me doy media vuelta y camino hacia mis maletas.
Los escucho maldecir, puedo jurar que se pelean.
En verdad no sabía si ellos sabían dónde se encontraba, sólo lo supuse. Espero no equivocarme.
-Volveremos.- Dice Devon cerca de la puerta de entrada. Casi sonrío.
Al parecer no me había equivocado. Asiento sin verlos.
-Los estaremos esperando allá.



Abby Conrad

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En el texto hay: guerra, virus, ancla

Editado: 12.03.2018

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