Paraíso En Llamas (libro 2)

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Capítulo 25

El sol no parece ser el mismo aquí.
Es de lo que me doy cuenta en cuanto paso por el portal y llego a la azotea de un edificio, un edificio a medio caer.
Cam y Devon miran a su alrededor para ubicarse, estamos en lo alto así que se puede ver el pueblo a la perfección. Yo no necesito ver más de dos veces para saber dónde estoy.
Nuestro plan ya estaba en marcha en estos momentos y estaba dividido en dos fases. Distracción, explosión y extracción.
En la primera fase, todos nos hacíamos en grupos para así abarcar más terreno, tenemos que llevar a todos los Caníbales a la plaza del pueblo, donde la segunda fase se llevará a cabo, ahí participaremos Caín, Jordy, Aria y yo. Luego viene la fase final, extraer a los que queden por ahí y sacarlos del pueblo hasta que este quede libre y poder ser habitado por nosotros.
La plaza del pueblo había sido hermosa antes de que la bombardearan, ahora sólo eran edificios derrumbados y tierra agrietada. Pero era muy grande y había espacio suficiente como para que los Caníbales que habitan Old Town se reúnan ahí y mueran.
Mi cabeza estaba despejada a medias, puesto que cierta persona no puede salir de ahí y es un problema ahora que debía estar saltando de azotea en azotea para guiar a los Caníbales a la plaza donde los explosivos esperan.
El viento mueve mi cabello con fuerza y prácticamente me recuerda dónde estoy o mejor dicho, a qué altura.
-Estamos listos.- Dice Devon.
-Yo igual.- Contesto.- Sólo falta que Zack nos indique que podemos salir.
Me lleno el bolsillo delantero con granadas y me aseguro de que los cabellos sueltos se me enreden en la trenza de nuevo.
Antes en nuestros planes lo esencial era llegar desapercibidos para que nuestros ataques no fueran detectados con anticipación. Ahora era todo lo contrario, debemos hacer ruido, mucho ruido para que hasta el último Caníbal salga de su escondite.
Estaba a punto de pensar otra vez en Sam cuando escucho la voz de Zack en mi intercomunicador.
-Estamos listos.
-Listos entonces.- Les digo a Devon y a Cam.
-Nos vemos en la plaza.- Dice Cam antes de ajustar su arnés y saltar del edificio.
Devon me da una última mirada antes de hacer lo mismo pero de espaldas.
Yo me trago el miedo y avanzo hasta la barandilla y salto.
El viento me golpea el rostro y los dedos y me muerdo los labios para no gritar.
Justo cuando veo el suelo frente a mi y el terror de que moriré como una vez casi lo hago, me hacen retorcerme en el aire pero entonces el arnés me para de golpe, mi cuerpo se sacude y se detiene rígido, suelto aire mientras desabrocho la correa que me sostiene y caigo al suelo de rodillas. Cuando me enderezo, lo hago con una daga en cada mano. Los edificios están tan altos que me siento como una hormiga y la apariencia que dan, me recuerdan a una de mis series favoritas, lo cual es triste, porque este era mi hogar y ahora nada de lo que lo caracterizaba como tal, existe. Todo está derrumbándose, hecho polvo o está podrido.
Dejo que la ira se quede en mi sistema, dejo que se apodere de mis venas y las vuelva fuego vivo y así, cuando tenga que matar, no me afecte.
Sigo el plan y mientras avanzo voy gritando, lanzando piedras hacia las ventanas y destruyéndolas en pedazos mientras el sonido de las cosas rompiéndose se mezclan con los de las balas de mis compañeros. Escucho a otros gritar, escucho armas siendo disparadas o cosas chocando entre sí. Ellos empiezan a salir.
Sigo caminando aunque veo el número de Caníbales que se agrupa a unos pasos de mi, ellos cuando me ven, corren hacia mi. Giro las dagas en mis manos y me preparo para la pelea.

Me muestran sus dientes alargados antes de querer ensartarlos en mi. Mi brazo sale disparado hacia el primero y esquivo al segundo con una maniobra que Sam me enseñó. Giro mi cuerpo en posición baja y el tercero pasa volando por encima de mi justo cuando mi bota se estampa contra su mandíbula. Uno de ellos me toma por el brazo y lo retuerce hacia atrás, yo doy una patada hacia atrás y golpeo justo en la entrepierna, escucho al hombre rugir de dolor e incorporarse, pero es tarde, la daga en mi mano ahora está clavada en su frente.
la primera cosa que he notado. Son lentos, lo que significa que no se han alimentado lo suficiente como para ser más fuertes que nosotros. Lo segundo es que huelen peor de lo que recordaba, esto se debe también a su falta de alimentación ya que su cuerpo se pudre más rápido al no hacerlo y tercero pero no menos importante, es que deben estar felices de tenernos invadiendo el lugar, para ellos somos como oro puro en carne. Lo que los hace depredadores peligrosos.
Mientras corro haciendo todo el ruido que puedo para que me sigan puedo notar que mi cuerpo ya se está cansando y me regaño mentalmente por no levantar mi trasero y hacer ejercicio y en cambio lamentarme por la partida de Sam. Mi estúpido compañero.

Estoy consciente del número de Caníbales a mis espaldas y lo rápido que corren, tengo que tragarme mi estómago y seguir corriendo. Esquivo a los que vienen de frente, clavando mi daga en sus frentes y eludiendo sus mordiscos. Procuro no retrasarme con cada uno, así la multitud de atrás no me alcanza. Los espanto con una ráfaga de fuego, varios de las primeras filas caen pero los otros los saltan e incluso pisan y siguen corriendo hacia. Pienso en las granadas en mi pecho y saco un par para lanzarlas lo más lejos de mi posible. Estallan llevándose a una gran cantidad de Caníbales con ellas. No sé si están lo suficientemente débiles como para morir por el fuego pero eso es lo que se espera. La masa aumenta, tanto por detrás como de frente. Casi caigo cuando una chica que corre de frente hacia mi me toma de la trenza, tengo que parar un micro segundo para girar lejos de su agarre y apuñalarla. Eso me cuesta caro ya que puedo contar los pies de la primera fila de Caníbales, con un grito contenido aumento mi velocidad y agarro otra granada.



Abby Conrad

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En el texto hay: guerra, virus, ancla

Editado: 12.03.2018

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