Paraíso En Llamas (libro 2)

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Capítulo 30

Cada día llueven cenizas.
Cada día, las calles se inundan con más sangre que el día anterior.
Cada día, la humanidad se desintegra y se la lleva el viento.
Cada día, cada arma levantada nos demuestra que los monstruos no sólo existen en los cuentos.
Hoy llueven cenizas, cubren las calles, las copas de los árboles y las azoteas de los edificios, se dice que es porque en un lugar no muy lejano a Old Town, están prendiéndole fuego a todo. Me pregunto si los culpables son los humanos queriendo ahuyentar a algunos Orígenes o Medio Orígenes, o si es al revés. ¿Siquiera importa quién es el responsable ahora? 
Mi cabello se llena de cenizas y cuando me paso la mano por el rostro me quedan manchas negras. Y cuando aspiro aire siento el olor a quemado. 
Cada día que despierto, lo hago con temor de que sea el último día que lo haga.
Cada día que despierto, procuro pasar tiempo con las personas que quiero, porque sé que nuestros días están contados, y no sólo hablo de nosotros, el pequeño grupo que vive en el pueblo abandonado, no, hablo de toda la humanidad.
Cada día que despierto me doy cuenta de que mi propia humanidad va apagándose y que eso ya dejó de importarme hace tiempo.
Cada día que despierto, lo hago más segura que el día anterior, con el pensamiento de que cuando decidan atacarnos, no tendré compasión con nadie, ni con los humanos, ni con mi propia gente. Sé que moriré, pero al menos lo haré luchando por los que quiero.
Sam tuvo razón cuando dijo que mi corazón iba a ser la razón de mi muerte, quizá lo sea, o quizá, la razón de mi muerte será mi terquedad. 
Esta mañana, aunque me estoy cubriendo de cenizas, no preocupo por ellas al pasear sola por las calles desiertas. Dejé a Sam dormido, fue difícil desenredar su cuerpo con el mío pero tuve que hacerlo por el sueño que tuve, no podía estar más tiempo acostada porque sentía que el aire se me escapaba del pecho. Y es que todo fue demasiado real, Jared había dicho cosas demasiado reales.
El recuerdo de este viene a mi mente de nuevo, empañando mi visión de la realidad.
Estoy de nuevo en casa. No en la casa de Canadá, ese ya no es mi hogar. Estoy en la casa de Old Town, lo cual es raro porque esta ya no existe, fue destruida y ya no queda mucho de ella.

Pero aquí estoy, en mi vieja habitación, viendo por una ventana intacta. El instinto me dice que baje porque puede que encuentre a mamá abajo haciendo el desayuno. Lo que es extraño, porque ya no cocinamos, comemos todo enlatado. Pero aun así bajo, percatándome de que mi vestimenta parece vieja, como cuando solía ir al instituto. Los tablones de la escalera crujen levemente bajo mi peso y cuando llego a la primera planta no me encuentro con mamá, me encuentro con Jared.
Me quedo congelada mientras él sigue revolviendo la sartén.
-Jared.- Lo llamo anonada.
Cuando se gira, sonríe de manera perezosa.
-Tardaste demasiado en llegar.- murmura sirviendo el desayuno en dos platos, señala el desayunador para que vaya y lo hago como mecánicamente y me siento frente a él. El impulso me hace abrazarlo del cuello. Y es cuando me doy cuenta de que es un sueño. Porque mi hermano no está aquí conmigo, ni siquiera sé dónde se encuentra realmente. 
-Te extraño tanto.- Digo conteniendo las lágrimas.
-No eres la única hermanita, también te he extrañado.
Lo suelto sonriendo, extrañaba su voz. Jared toma mis manos y las aprieta con suavidad.- Necesito que me escuches.- Dice lentamente.
Mis ojos se dirigen en nuestras manos, pero hay algo que llama mi atención, y son las marcas alrededor de las muñecas de mi hermano.
-Dios ¿Qué te pasó?- murmuro preocupada. ¿Por qué en mi sueño mi hermano está lastimado? No tiene sentido.
-Después.- Responde él y me hace verlo.- Necesito que me escuches, por favor. Esto es real.-
Parpadeo confundida.- Yo soy real y necesito tu ayuda.
-¿C-cómo?
-Ellos nos tenían y escapamos pero luego un grupo nos encontró, pensamos que era algo bueno pero no fue así, tuvimos que volver a escapar y nos estamos escondiendo, necesito saber dónde están. Esto es una mierda, todo el mundo está en guerra.
-Lo sélos Orígenes y Medio Orígenes se han revelado contra los humanos. 
-Ese no es el punto, lo he visto con mis propios ojos, necesitamos saber dónde estás, dónde están todos, no podemos escondernos por más tiempo porque nos encontrarán.

Sacudo la cabeza. ¿Por qué mi cabeza inventa esto?
-Esto es demasiado real.
-No, Abby, por favor, confía en mi cuando te digo esto. Soy real, soy tu hermano pidiendo ayuda.
Todo empieza a volverse borroso y bochornoso, Jared parece difuminarse ante mi.- Estás despertando.- Murmura preocupado.- No tenemos mucho tiempo...
-Old Town, estamos en Old Town y nos protegemos con un hechizo para que no nos localicen.
Veo esperanza en su mirada y mi corazón duele.- Old Town, encuéntrame, Jared.- Murmuro.
Es lo último que recuerdo del sueño.
Todavía puedo sentir su mano tomando la mía, puedo escuchar la preocupación en mis oídos, como si me susurrara las palabras desde atrás. Puedo sentir la desesperación de mi hermano.



Abby Conrad

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En el texto hay: guerra, virus, ancla

Editado: 12.03.2018

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