Paraíso En Llamas (libro 2)

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Capítulo 34

-Hubo un tiempo en el que tenía la misma pesadilla. Estaba en este mismo bosque, corriendo, huyendo de un cazador. No podía ver su rostro pero podía imaginármelo sonriendo, el miedo invadía mis venas, pero lo curioso es que no me paralizaba, aunque en la realidad mis dones no habían sido activados en mi pesadilla el fuego venía a mi como catalizador del miedo y atacaba al cazador, pero entonces moría, porque no se trataba de un solo cazador, sino de varios. Recuerdo lo asustada que me sentía al despertar, sabiendo que eso podía sucederme cualquier día. Ahora todo eso parece lejano, incluso la pesadilla. Ahora tengo otros miedos, miedos que sí son reales, problemas que buscan cómo consumirme día a día ¿Y sabes lo que da más miedo? Que no se puede despertar de esto. Parpadeo pero mis problemas siguen aquí, incluso los problemas de afuera amenazan con derribar el muro invisible que nos protege de manera temporal. La vida ahora es como un reloj de arena, el tiempo se nos está agotando.- Miro hacia el cielo, la luz del sol pasa a través de las ramas, lo contrario a mi sueño, en él era de noche. Y el cazador que tengo frente a mi me escucha con atención y pasión, no busca hacerme daño, lo contrario, se acerca a mi, me toma del cuello y dirige mi cabeza hacia su pecho. No siento miedo de él, estoy enamorada. No corro lejos, me acerco.- Antes podía imaginarme un futuro, ahora sólo ruego por tener otro día de vida. Tengo miedo, Sam, no sé cuánto tiempo más pueda vivir así.
-Yo también tenía pesadillas.- Contesta él, puedo sentir la vibración de sus palabras en su pecho, sus manos recorren mi cabello y mis brazos se envuelven a su alrededor.- En ellas, mis padres me daban a elegir mi destino, la primera opción era tomar mi título y honrar a la familia, la segunda opción era rechazar mi sangre y vivir entre el exilio de los míos, lejos de mi familia y siendo criado por personas que no eran mi familia, yo siempre escogía lo mismo, escogía el lado más sangriento. Me vi crecer en los sueños, sentí el dolor del pasar de los años y mi evolución, lo peor era ver el rostro, siempre el mismo rostro del primer hombre al que maté, podía sentir su sangre recorriendo mis dedos, escurriendo hasta el piso y podía escuchar sus sonidos al morir.- Me tenso en sus brazos.- Y luego vinieron más rostros, más voces, más sangre, pero nunca olvidaré su rostro. Y entonces, cada vez que despertaba me daba cuenta de que cada una de esas personas se volvieron mis demonios personales, que me hablaban desde adentro y me exigían el porqué de su muerte, nunca tuve voz para contestar. Entonces me encerré en la oscuridad con ellos, me permití sentir sus dolores. Me mantuve encerrado por años, dejé de sentir y entonces dejé de oírlos. Asesiné, robé vidas, derramé sangre. No por diversión, no por pasión, sino porque ese fue el destino que escogí de joven. No quise deshonrar a mis padres y ahora ni siquiera sé si están vivos.- Suelta aire.- Cuando Isak murió...- Su voz se entrecorta.- Me hundí más en esa oscuridad, me dejé llevar por el rencor, por la ira y no sabes cuánto me arrepiento de todo eso. Y entonces te encontré, en medio del caos y la devastación.- Me hace verlo a los ojos brillosos, besa mi frente.- Nunca me imaginé un futuro, nunca quise uno muy largo, hasta ahora, que ruego poder despertar otro día para verte a mi lado, acurrucada a mi lado, con tu hermoso cabello color cobre esparcido por la almohada, y tu cuerpo tan hermoso y fuerte contrastando contra el mío. Sin embargo no tengo miedo. Incluso mientras vivimos entre monstruos y a lo lejos escuchamos los sonidos de bombas, no tengo miedo porque estás a mi lado, quiero que tú tampoco lo tengas y no sabes cuánto daría por retroceder el tiempo y tener la oportunidad de llevarte a una cita, en un lugar bonito y caro.- Sonrío al imaginarme eso, yo con un vestido hermoso, comprado sólo para él, me gustaría que fuera verde, así como sus ojos, y él llevaría un traje negro, una corbata combinando con mi vestido, me miraría y sonreiría, yo me quedaría como boba mirándolo y él se burlaría por eso. Entonces me llevaría en su auto, recorreríamos las calles de Canadá y...
-No.- Interrumpe mis pensamientos, es cuando me doy cuenta de que me estaba comunicando con él.- No te llevaría en mi auto, nos teletransportaría a París, te llevaría a comer pizza y conocer la Torre Eiffel sólo para ver ese brillo en tus ojos. ¿Sabes qué haría después?- Niego con la cabeza, él acerca su rostro al mío y luego me habla al oído, su aliento me hace cosquillas.- Te haría el amor, lento y suave.- Suelto aire ante su tono ronco, sus palabras me hacen cerrar los ojos e imaginarme el momento.- Te diría lo hermosa que eres, besaría cada parte de tu cuerpo, sería como un ritual sagrado para mí y entonces nos quedaríamos tumbados, mirándonos, tomando aliento y luego te besaría y otra vez, y otra, hasta que te quedaras dormida.- Cuando abro mis ojos me encuentro con los suyos, me escanea, yo sólo soy capaz de sonreír.¿ Cómo es él capaz de hacerme sentir tan bien en medio de este desastre?
-Espero que seas un caballero y...- Sonrío.- Que cuando me haya despertado tú estés a mi lado, mirándome y sonriendo por lo hermosa que me veo al despertar.



Abby Conrad

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En el texto hay: guerra, virus, ancla

Editado: 12.03.2018

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