Paraíso En Llamas (libro 2)

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 35

En la mañana me despierto junto a Sam, veo la hora en el reloj de la mesita de noche y me doy cuenta de que voy tarde a mi turno de cuidar a Caín. En cuanto me siento para buscar mis zapatos sé que hay algo raro.
-Uh¿Sam?- Lo escucho gruñir adormilado y sin abrir los ojos.-¿De por casualidad tomaste mis zapatos?
-¿Por qué tomaría tus zapatos? Ni siquiera me quedan.- Su voz es amortiguada por la almohada.
-Pues aquí no están.- Me arrodillo en el suelo y empiezo a buscarlos por debajo de la cama. Nop, nada.
Cuando me levanto veo a Sam en el mismo estado inconsciente así que le lanzo una almohada.-¡Ya despierta! es tarde.
Vuelve a gruñir y se remueve.- Dios, Sam, te juro que a veces eres tan...- Abre un ojo y sonríe burlón. Me callo de golpe.
-Continúa pastelito, eres tan amable por las mañanas....
Ruedo los ojos.- Agarraste mis zapatos, no lo niegues.
Se despereza y se levanta poco a poco.- Seguro los dejaste tirados por algún lado, eres demasiado desordenada.
-¿Te estás quejando de mi orden?- Tuerce el gesto.
-Algo.- Lo miro mal y sabe que lo siguiente que saldrá de mi boca no será lindo, así que se corrige.- Bien, vamos a buscar tus zapatos.
Al final resulta que estaban en la entrada, llenos de lodo. Y es raro, porque no recuerdo haberlos dejado ahí.
Esta mañana Caín cancela sus prácticas con Lukas porque no pudo levantarse de la cama.
Le llevo unas galletas hasta su habitación, está leyendo un libro, uno muy gastado y viejo.
-Todos se han estado comportando raro.- Murmura.- Es como si escondieran algo.
Cierro mi boca, me está probando, lo que significa que sospecha algo.
-¿En serio? Bueno, en defensa de todos, somos raros por naturaleza.

Baja el libro y me mira con una ceja levantada. Sus clavículas marcándose por debajo del cuello de la camisa, veo su rostro ahora naturalmente pálido y sus facciones más afiladas por la falta de alimentación. Incluso la habitación huele diferente, ya no huele a él sino a descomposición.

Sé que quiso disimularlo usando aromatizantes pero incluso con ello y el perfume en su ropa no logran neutralizar el fétido olor. 
-Está bien, ahora sospecho el doble.
Supongo que soy mala actriz.- Cambiando de tema ya que sé que no hablarás... ¿Cómo te sientes con Jesse aquí?

Su pregunta me agarra desprevenida.- Bueno, ni siquiera me he topado con él.

-Es porque has estado ocupada aquí conmigo, pero sabes que no será para siempre, creo que él te está dando espacio.

-Esperemos que me dé espacio por el resto de mi vida.- Murmuro de mala gana.

-No creo que eso sea posible.- Dice despacio.- Vi la forma en que te miró, de hecho no dejaba de mirarte, aún te quiere.- Hago una mueca.
-No ayudas Caín.
Sonríe.- Lo siento, sólo hacía una observación.
-De todas formas yo ya no lo amo, y estoy con Sam.
-Ah sí Sam ¿Cómo pasó eso?
-Bueno, la historia es complicada.
-Tengo tiempo....- Lo miro, él trata de contener la risa.- Okey, mala broma.
Ruedo los ojos.- Sí, muy mala broma.
-¿Me vas a contar o no?
Suelto aire.- Bien.- Y le cuento, no como las versiones que le he dado a mis padres, le cuento la versión que le di a Nat y a Zack y lo veo sorprenderse en ciertas partes, como por ejemplo cuando prácticamente se dejó atrapar por el Caníbal en los Ángeles, claro que omito el detalle de que somos compañeros, eso lo lastimaría. No quiero eso. 
-Vaya, creo que no me esperaba eso.- Dice realmente conmocionado.- De verdad pensaba que era un idiota, me preguntaba por qué lo viste a él siendo lo que era, ahora lo sé.
-¿Qué sabes?- Sonríe con tristeza.
-Ustedes dos son parecidos.
-¿De verdad lo crees?- Asiente.
-Los dos son fuertes, han pasado por mucho, sus caracteres santo cielo, son como dos gotas de agua, los dos iguales de cabezas duras.- Me río, quizá tenga razón en esa parte.- Con razón congeniaron bien, se mueven como en la misma sintonía.
-No siempre fue así.- Admito.- El principio fue duro.
-Todos los principios lo son, pero admite que el desenlace vale la pena.- Sonrío.
Pienso en Sam, en lo feliz que me hace con sólo una mirada o roce, en sus palabras cada vez que me sentí perdida. Era lo que necesitaba, lo estuve esperando sin darme cuenta. Mi ancla.
-Sí, vale la pena.
-Creo que me equivoqué cuando dije que nadie te merecía, según tu versión sobre él, Samuel Morrison sería el único que lo hace, un amor desinteresado, sincero y ridículamente protector. 
-Vaya, creo que esas palabras nos califican a la perfección.- Sonrío.
-Estoy feliz por ti, al menos sé que cuando me vaya estarás en buenas manos.- Hace una mueca y es cuando noto la sangre sobresalir de los bordes de su vendaje.
-Oh por Dios.- Me acerco a él e intenta ocultar su brazo pero no lo dejo y miro por qué trataba de hacer tal cosa.- Caín, tu sangre es negra.- Lo miro a los ojos asustada, él no parece estarlo sino que me mira triste.
-Es normal cariño, mi tiempo se está agotando.
-Pero... es demasiado rápido.- Observo su sangre gotear hasta tocar las sábanas y me levanto para buscar unas toallas.
-Es la localización de la mordida, ya lo sabes, el proceso es más rápido.- Cuando habla parece lejano.
-Necesito quitarte el...
-No.
-¿Qué?¿Por qué?
-No quiero que lo mires, es... es asqueroso.
-No me importa.- Intento tomar su brazo pero lo aparta de manera brusca y hace una mueca cuando más sangre sale.- Por Dios Caín, déjate curar.
Respira con dificultad mientras intenta levantarse.
-¡Lukas ayúdame!- Grito para que el chico me escuche.
No pasan ni seis segundos cuando Lukas aparece agitado en la puerta.- Necesito que se quede quieto, quiero ver su herida.
Ve la sangre negra y aguanta la respiración pero non duda en tomarlo para calmarlo. Caín empieza a gruñir que nos alejemos y entonces Lukas pronuncia unas palabras en latín y Caín cae sobre su almohada como peso muerto.



Abby Conrad

#6675 en Fantasía
#13538 en Novela romántica

En el texto hay: guerra, virus, ancla

Editado: 12.03.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar