Paraíso En Llamas (libro 2)

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Capítulo 39

La puerta se abre y Sam asoma su cabeza luciendo perplejo cuando me ve. Yo estoy hecha un desastre, con el cabello alborotado y pegado a la cara por el sudor de correr quién sabe cuántos kilómetros, la garganta me duele por susurrar la letra de la canción que Sam me dedicó, mi pecho está agitado, como si estuviera asustada, bueno, en realidad sí lo estaba por la posibilidad de que él ya no estuviera aquí cuando yo viniera. Pero lo está y aunque tenga bolsas oscuras bajo sus ojos y su cabello esté incluso más desastroso que el mío para mi sigue siendo perfecto.

-¿Sabes? sólo porque una mujer te diga que necesita su espacio no te está diciendo que quiere que te vayas.- Empiezo a decir, mirando todavía la incertidumbre en sus profundos ojos verdes.- Creo que tendré que enseñarte algo sobre el lenguaje femenino.- Sonrío, él parpadea.

-Abby...- Dice sin creerlo.

-¿Me vas a dejar pasar?- Pregunto mirando detrás de él, a una habitación que parece a oscuras excepto por las velas colocadas en algunos espacios.
-Eh... sí, si, claro.- Abre la puerta nervioso, no me mira a los ojos mientras paso.
La habitación es pequeña y como dije antes, oscura, Sam ha puesto velas esparcidas en el suelo, en un escritorio, la mesita de noche y el baño. 
Cierra la puerta tras él.

Nos quedamos en silencio, mirándonos en medio de esta oscura habitación, se siente todo irreal aquí. 

-Nunca corrí kilómetros llenos de peligros andantes y bosques desolados en la oscuridad por nadie.- Juego con mis manos nerviosa.- Nunca antes me había tirado de un acantilado por nadie o bailado como bailé contigo aquella noche, y sobretodo, nunca había sentido esto que siento por ti, por alguien más.

-Te hice daño.- Lo escucho decir.- No te merezco.

Camino hacia él, no se mueve pero se estremece cuando planto mis manos a cada lado de su rostro.- Yo también te hice daño Sam, y mucho, así que yo tampoco te merezco. ¿Por qué no jugamos a ser egoístas e ignoramos eso? Vamos Sam, seamos egoístas.

Me mira, con sus ojos ardiendo y brillando.-¿Qué te hizo cambiar de opinión?
-Nunca quise que te fueras, tampoco pensé realmente en alejarte de mi lado, sólo estaba asustada, herida porque... porque las cosas entre nosotros no sucedió como pensé, pero no todo fue mentira, sé que me quieres, puedo verlo en tus ojos, lo vi antes también y enserio lamento haber creído más en Scott que en ti, debí dejarte hablar y ser clara con mis palabras, así nos habríamos evitado esto, el arriesgarte a salir del pueblo. Pero para contestar a tu pregunta, lo que me hizo seguirte a pesar de esos peligros, fue el miedo de nunca volverte a ver, el miedo de jamás volverte a sentir cerca.- Suelta aire, algo así como aliviado.

-Eres mi ancla Abby.- Susurra.- Eres la persona que más quiero en este mundo.- Cubre sus manos con las mías y las besa con suavidad y lentitud. Cada nudillo es bendecido con sus labios.- Dame una oportunidad más, y prometo que nunca  sufrirás por mi mano y te protegeré de cualquier peligro que aseche a tu alrededor, compensaré cada minuto en el que fuiste infeliz por mi, por favor cariño, vuelve a mi.

Su rostro está a centímetros del mío, su nariz rozando la mía, nuestros ojos están abiertos y nuestras manos sosteniéndonos al otro.
-Estoy aquí Sammmy, no me dejes ir.- Le pido.
Lo escucho tomar aire, cierra sus ojos por unos segundos y luego está besándome de una forma suave pero desesperada, me aferro a él y él me envuelve con sus brazos, nuestros labios chocan, se llaman, se exigen, mi corazón y el suyo laten como locos, las emociones se arremolinan en mi interior, me hacen querer no soltarlo nunca. Arrastro mis dedos por su suave cabello y luego paso mis brazos por su cuello.
Por favor Sam, hazme el amor.

Le pido en su mente.

Sam se aparta un poco para verme a los ojos, veo pasión, veo lujuria y cariño en esos verdes estanques.
¿Estás segura?

Siempre. 

No tengo que pedirlo otra vez, él ya está devorando mi boca, su manos se mueven a mi pierna y me hace enrollar mis piernas al rededor de su cintura, él busca mi boca con desesperación, de la misma forma que yo lo tomo por el cabello. 
Se tropieza con una vela y nos tambaleamos, me río y él gruñe.- Cuidado con las velas Sammy, no querrás quemar el lugar.

-Lo único que arderá esta noche serán nuestros cuerpos cuando te haga mía.- Y luego me recuesta en la cama, se posiciona suavemente sobre mi, sus piernas intercaladas con las mías.

Entre besos y caricias, nuestra ropa desaparece, es tirada al suelo y entonces no hay nada que nos separe. Veo su cuerpo desnudo, admiro sus bordes, toco su pecho y sus brazos, me deleito con la sensación de su piel en las yemas de mis dedos y mientras lo acaricio él lleva su boca a mi pecho, su lengua recorre el camino de mis pechos, me hace temblar, escucho mis latidos en los oídos. Lo tomo del cabello cuando succiona mi piel. 

-Por favor.-Le pido con voz débil mientras cierro los ojos.

Sam acaricia mis mejillas.- Mírame.

Obedezco, mis ojos se encuentran con los suyos, sus manos recorren mis caderas, va besando el camino hacia abajo, lo siento morder mis costados y luego jugar con mi ombligo, me deja sin aire cuando llega a su destino. Mis manos toman la sábana y la estrujan con fuerza, mi espalda se levanta del colchón y Sam me toma de las caderas acercándome a él.



Abby Conrad

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En el texto hay: guerra, virus, ancla

Editado: 12.03.2018

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