Pasitos

Tamaño de fuente: - +

8-Sospechas:

Las horas transcurrieron y Paula no podía dormir. Cuando descubrió que sus tíos la habían encerrado se enfureció mucho. El miedo le dio paso a la ira y con ella llegó también la impotencia. ¡No podían hacerle eso! ¿Y si tenía ganas de ir al baño?

Comenzó a caminar de un lado al otro de la habitación, sin importarle mucho el ruido que hiciera. Pero no había transcurrido mucho tiempo antes de que sus sentimientos se aplacaran y sus pasos se detuvieran ante otro ruido extraño. Un claro portazo se escuchó desde el piso inferior. Luego, pasos fuertes que subían por las escaleras y se detenían en el corredor.

Pero no terminó todo allí, Paula comenzó a sentir temor cuando escuchó que estos pasos, en vez de dirigirse a la habitación de sus tíos (claramente era tío Parker el de los pasos, o así lo creyó ella), se dirigieron en dirección a su habitación.

La chica casi corrió en puntas de pies hasta la cama y apagó la luz, mientras se cubría con las mantas. Había estado tan enojada que si hubiera tenido la certeza de que los pasos pertenecían a su tía la hubiera enfrentado sin una pisca de temor. Pero su tío era un caso aparte… Le temía y mucho, algo había en ese hombre que no le gustaba nada.

La puerta hizo un ruido, aparentemente el hombre tenía la llave y la estaba abriendo; Paula aterrada se tapó hasta la cabeza con las sábanas y se quedó tan quieta como una estatua, tratando hasta de no respirar. La puerta se abrió y una luz tenue entró a la habitación, alumbrando el piso de madera, alguien la observaba desde el umbral.

Tras unos eternos minutos volvió a cerrarse. La llave giró en la cerradura, dejándola encerrada otra vez; y luego de unos minutos los pasos se alejaron hasta que otra puerta se cerró al final del corredor. Paula pudo respirar tranquila.

Sus manos temblaban tanto que tardó cierto tiempo en abrir el cajón de la mesita de luz en donde estaba el frasquito con sus pastillas. Necesitaba tomar un calmante. Su ansiedad había subido como la espuma en las últimas horas.

Su mano palpó en la oscuridad el contenido del cajón, pero como no pudo encontrar el frasco, tuvo que prender la luz otra vez. Revolvió el contenido en el pánico absoluto… pero el frasquito no estaba allí. Era evidente que sus tíos no solo habían decidido encerrarla con llave sino que le quitaron su medicación. Está de más decir que la chica se puso furiosa. ¡No podía creerlo!

Esa noche le costó mucho dormirse y ya aclaraba en el horizonte de aquel árido paisaje cuando lo consiguió. Tenía un inquietante pensamiento, una idea que había llegado espantándole el sueño… ¿y si hubiera descubierto la verdad? ¿Y si sus tíos tuvieran encerrado a su hijo en el sótano? Su tía podría haber fingido ofenderse y luego, cuando ella se retiró, haberle contado a su esposo.

Eso explicaba el porqué de encerrarla esa noche, su hostilidad por tener que hacerse cargo de ella, su vigilancia continua y a casi toda hora… para que no fuera a descubrir su secreto… Y también quitarle sus pastillas. Aunque de esto último no estaba segura porque… ¿para qué lo harían? Su mente trabajó durante toda esa noche sin descanso para darle explicación a un millón de interrogantes que la mantuvieron ocupada.

A la mañana siguiente despertó bastante tarde. Su cabeza le dolía otra vez y su ánimo estaba decaído. Había soñado con su propio niño, el llanto que escuchara le había recordado al de él en sus últimas horas de vida. Paula lamentaba no haber podido ir a su entierro, había estado internada y bajo los efectos de fuertes calmantes que la sumieron en un sueño eterno. No había podido verlo ni despedirse de él y esa situación le creaba una culpa terrible. Su doctor una vez le había preguntado por qué no lo quería y ella, totalmente perpleja por aquellas palabras, le respondió con una cachetada.

Todavía pensando en él estaba cuando avanzada ya la mañana y al tener un tiempo a solas con su tía, le habló sobre el frasquito de sus medicamentos que había “desaparecido”. La señora Parker negó saber dónde estaba y Paula estuvo a punto de perder el control de la rabia ya que le pareció evidente que mentía. De todos modos, aquella noche apareció de “milagro” en el cajón donde siempre lo guardaba. La chica, ya furiosa, recorrió todo el cuarto buscando un escondite hasta que dio con una tabla suelta del piso. La levantó y allí en el hueco dejó el frasco. No comprendía qué era lo que pretendían sus tíos… hasta que lo descubrió unos días más tarde.

El asunto de la llave fue otra pelea más, su tía pareció sorprenderse y le aseguró que ella jamás la había encerrado. Paula esta vez le creyó… sus ojos no mentían. Era obvio que su tío había sido el culpable. De todos modos, aquella pelea sirvió para que no volviera a hacerlo.

La semana transcurrió velozmente. Todos los días eran iguales y monótonos para la chica. Su amiga no había vuelto a visitarla, temerosa de que los señores Parker llamaran a la policía apenas la vieran. Todavía seguía con la idea de averiguar qué tenían en el sótano sus tíos pero la mujer no la dejaba sola ni un minuto y cuando iba a acostarse se dormía al instante. Se sentía agotada todo el tiempo. Pero dormir no le proporcionaba el descanso necesario ya que las pesadillas habían vuelto. Siempre soñaba con su niño… su rostro envuelto en llanto, sus ojos asustados. Pero seguía sin recordar nada de lo sucedido aquel día… el día del accidente. El día que cambió todo.



TaliMau

#70 en Terror
#332 en Thriller
#169 en Misterio

En el texto hay: miedo, casaembrujada, maleficios

Editado: 09.06.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar