Pequeños relatos de terror

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10. – Escondidas

A la edad de trece años, mi relación con mi hermana menor no era la ideal; siempre peleábamos y no éramos ni por asomo cercanas. Ella disfrutaba más de jugar con nuestro hermano pequeño y nuestras mascotas, mientras que, por mi parte, prefería jugar videojuegos de un sólo jugador, ver televisión o leer en algún rincón de la casa; realmente nadie notaba mi presencia.

Debido a que mis padres se divorciaron, mi mamá tuvo que conseguir un trabajo en un lugar apartado de casa, por lo que pasábamos la mayor parte del día en casa de mis abuelos ya que a ella no le gustaba dejarnos a solas en casa. Nunca pusimos resistencia en tener que quedarnos con los abuelos, algunas veces era divertido, pero ese día no lo fue tanto.

Era una tarde lluviosa de miércoles, mi abuela tenía cita en el hospital para sus revisiones de cada mes, le dije que yo estaría bien en casa sola, que no se preocupara, cerraría el portón principal, así como cada una de las puertas que dan al exterior, de esa manera estaría a salvo hasta que ellos regresaran. Recuerdo que se llevaron a mis dos hermanos para que no me causaran problemas, por lo que me quedaría completamente sola en la casa, debemos recordar esta parte.

Después de haberme cerciorado de que las puertas estaban correctamente cerradas, al igual que las ventanas por si acaso, me dirigí al cuarto de televisión -decidimos llamarle así ya que en él solamente se encontraba la televisión, un reproductor de vídeo y un pequeño juego de sala-, aún estaba en el canal de niños, así que cambié a uno donde pasaran alguna película interesante. Una película sobre alienígenas captó mi atención y me dispuse a verla, tuve suerte de que recién comenzaba. Aprovechando los primeros comerciales, fui a la cocina a preparar unas palomitas y por un poco de soda, era algo así como mi snack favorito para los maratones.

Qué rápido pasaba el tiempo, sin darme cuenta ya había terminado la película sobre alienígenas e iba a la mitad de otra de género policiaco. Ese género no era del todo de mi agrado, pero ésta resultaba interesante saber quién había sido el causante del asesinato de la pobre chica de veinticuatro años que recién se mudaba al vecindario.

Cerca de las seis de la tarde, alguien llamaba a la puerta, pensé que ya habían regresado, así que fui corriendo a la puerta principal, eché un vistazo por la mirilla, pero no había nadie afuera; “qué raro”, pensé; quizá fue la casa de al lado y por eso se escuchó tan cerca. Me encogí de hombros y di media vuelta para ir a la otra habitación y terminar de ver la película; cuando me encontraba a escasos pasos de dicha habitación no pude evitar el pegar un pequeño brinco y sentí cómo mi ritmo cardíaco aumentaba. Estaba segura de que había dejado el canal de películas antes de ir a verificar si alguien llamaba a la puerta, pero ahora sonaba el canal de caricaturas, no había duda, esas eran las voces de los personajes del programa favorito de mi hermano.

Con valor caminé hasta el umbral para comprobar que, efectivamente, ahora se encontraba en el canal de niños; por unos instantes me asusté muchísimo, ¿quién cambiaría el canal si estoy sola en casa?, no tardé en vislumbrar un diminuto bulto en el sofá donde me encontraba sentada. Dejé salir un suspiro de alivio, vaya susto me había dado.

Me senté cómodamente en el sofá junto a ese bultito, se le veía tan feliz viendo sus caricaturas que no me atreví a cambiar al programa que yo estaba viendo, después de todo, me consideraba una buena hermana mayor y me daba cierta felicidad ver a mi dulce hermanito ver sus caricaturas con tanto entusiasmo. No hice nada, más que ver junto a él algunos minutos del episodio…

“Un momento… ¿mi hermano?” -Pensé casi al término del programa-. “¿No se supone que se habían llevado a mis hermanos porque no querían que me causaran problemas?” -Un sudor frío me recorrió todo el cuerpo, mis latidos se aceleraron y sentí mis extremidades inmovilizadas. Este niño a mi lado no puede ser mi hermano, eso es imposible, porque… ¡él no está en la casa! ¿Qué debía hacer? ¿Se habían metido a la casa cuando escuché que llamaban a la puerta principal? De ser así, el niño podría ser una distracción, ¿Estaría bien si huyo despavoridamente? No… todo menos huir, si se han metido a la casa y salgo corriendo por ahí, pueden incluso matarme… vamos, debes relajarte…

En mi mente me repetía una y mil veces que debía tranquilizarme, era como una especie de mantra para mantenerme estable, no podía ser imprudente en un momento como este. Con extremo pavor me giré para ver al niño, él lucía tan… apacible… era un niño muy lindo, bajo esa boina café podía distinguir su rubio cabello, aún de perfil sus ojos azules destellaban; llevaba puesto un bonito trajecito estilo vintage; lucía de la misma edad de mi hermano, unos dos o tres años de edad.

A pesar de mi mirada, él parecía no inmutarse, seguía entretenido con las caricaturas, ¿quién puede culparlo? Después de todo, es un niño y a ellos les gustan, ¿no?



Hoshi Sekai

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En el texto hay: payasos, titeres, fantasmas

Editado: 08.12.2019

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