Perdidos

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Prólogo

Amanda

Estaba lloviendo y mama no había llegado, pero no estaba sola mi papa cuidaba de mi era divertido, a veces nos dormíamos hasta tarde viendo películas, Aunque era yo la que quedaba despierta, ya que mi papa siempre se quedaba dormido a la mitad de la película. Siempre me gustaba tener a mis dos papas en la casa, porque la llenaba de vida y de mucha alegría, lo que toda niña de 6 años quería en su casa o bueno era solo yo, por que las demás niñas de mi edad preferían otras cosas, solo éramos niños no sabíamos que pasaba en nuestro entorno, pero yo no era como las demás, ellos no lo saben pero yo soy un genio, pero no de esos que resuelven problemas en segundos, yo era diferente a ellos porque mi IQ es de 299.

Todos dirían si una genio pero no, seguía siendo una niña ante sus ojos, una inocente niñita que no tenía idea de cómo funcionaba el mundo, sin embargo yo era feliz con mis papas... bueno hasta que ellos se fueran a trabajar, había veces que me quedaba con el abuelo al principio era triste, pero luego mi abuelo me contaba historias divertidas, algunas de papa y mama que me hizo prometer no decir nada a ellos. Hubo una ocasión en la que papa no podía trabajar, lo habían herido y se quedó en casa descansando, mi abuelo era el que lo cuidaba ya que mama no había vuelto, dijo que había unos problemas en el camino, pero como toda niña fui una ingenua, yo sabía que algo andaba mal.

Hoy era el cumpleaños de mama y esperaba ansiosa su llegada, me quede parada en la puerta esperado a que ella entrara en su uniforme blanco, mi papa me vio en la entrada y se acercó a mí.

― Hija, mama aun no va a llegar ― me beso la frente, poniéndose a mi lado mirando juntos la puerta.

― ¿Por qué no va a llegar? ― le hago un puchero muy triste, ya no veía a mama muy seguido y habían pasado meses desde la última vez que la vi.

― Si llegara, pero ahora no ― él estaba triste y ya sabía porque, así que lo quería hacer sentir mejor, extendí mis brazos y le di un abrazo.

― Está bien ― susurre ―podemos felicitarla de otra forma ― le sonreí alzando la vista hacia él, me devuelve la sonrisa con mucha calidez.

― Qué tal si la llamamos ― levemente asentí muy sonriente.

― Voy a buscar el regalo que le hice ― corro rápido hacia las escaleras, subo las escaleras y voy directo a mi habitación.

Busco el collar que le hice pero no lo encontraba, era extraño, estaba al lado de mi cama de seguro mi papa lo puso en otro lado, probablemente lo guardo en mi caja. Voy directo a mi armario y lo abro viendo mi caja en unos de mis estantes, la tome y saque el collar.

Baje las escaleras rápido, para encontrarme con mi papa parado en la puerta, por un momento pienso que es mama, pero se escuchan voces masculinas.

"Lamentablemente sargento Scott, sufrimos una baja ayer con uno de nuestros convoy, no hubo sobrevivientes... La teniente Adams fue una de los afectados"

Desearía no haber escucha eso, no puede ser cierto, tiene que ser mentira, no puede ser verdad. Miro a la puerta y veo como mi padre se recarga de ella, los señores también se ven afectados, lleve una de mis manos a mi boca para callar mi grito, pero no sirvió de nada, ya que se me callo el collar haciendo que uno de los uniformados mirara hacia las escaleras.

― Hola pequeña ― trata de saludarme con amabilidad, pero yo no le quiero responder, mi papa voltea y me ve.

― Oye ― se acerca a mí y yo termino de bajar las escaleras, me abraza y besa un costado de mi cabeza ― escucha... mama no va a poder venir por un tiempo, porque tiene mucho trabajo-me mira con los ojos llorosos, acaricia mi cabello repetidamente como si buscara una manera para no llorar.

Yo miro a los señores uniformados, quienes siguen parados en la puerta- ¿quiénes son?-mi padre voltea a ver a los señores parados en nuestra puerta.

― A... Hija, ellos trabajan con tu mama, ellos vinieron a decirnos que ella tiene mucho trabajo que hacer ― me carga repentinamente ― dime Amanda... ¿Qué tanto escuchaste?

Me gustaría decirle que todo, pero no quiero hacerlo sentir peor ―nada papa... no escuche nada ― me da una sonrisa algo forzada.

― Hija por que no vas arriba mientras sigo hablando con los señores.

Yo solo asentí, el me baja y corro hasta las escaleras. Le doy una última mirada a mi papa y subo rápido a mi habitación, cierro la puerta detrás mío, sentía una opresión en mi pecho era horrible lo único que quería hacer era gritar, me deje caer, sentándome en el piso, siento las lágrimas correr por mis mejillas, me quede ahí todo el día. Mi papa me fue a ver y mi hice la dormida, no quería hablar de eso no ahora.

Dereck

― ¡Dereck! ― Los gritos de mi padre me sacan de mis pensamientos, guardo mis cosas y bajo rápidamente hacia el comedor ― ¿por qué tardabas tanto?

― Estaba algo ocupado ―me siento en la mesa y veo como mi padre alza una ceja, yo lo único que hice fue reírme.

― No es gracioso.

― Lo siento, pero es que te ves un poco gracioso cuando me miras así, no puedo evitar reírme ― me sigo riendo, pero después su expresión es seria ― bueno ya, parare.

― ¿Que está pasando? ― salvado por la campana o bueno por mi mama en este caso.



ERIKA

Editado: 06.02.2020

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