Perdóname por ser mujer (1)

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1-El último primer día

El ruido que más odiaba retumbaba en mi habitación, era ese que te decía "se acabó la diversión y es hora de volver", el que te decía "Ya está flaca fue divertido hasta donde duro". Sí, era el ruido de la alarma que me levantaba a las seis y media de la mañana para ir a la escuela, pero esta no era cualquier alarma, era la alarma del primer día y este no era cualquier primer día, era el último primer día.

Sí señores ¡Al fin había llego! Hoy comenzaba mi primer día en mi último año de secundaria. Sí señores, el año que viene mi vida iba a dar una vuelta de 180°.Aunque, para ser honesta no estaba emocionada porque vaya a comenzar la universidad, ni nada de eso. Pero creía que necesitaba cambiar de aires, conocer gente nueva, vivir otras experiencias y esas cosas que te decían que pasaba cuando ibas a la universidad.

Me levanté un poco somnolienta hacia el baño para darme una ducha y sacar ese espíritu de vacaciones de mí. Al terminar de arreglarme, baje con el fin de tomar mi desayuno para así poder irme a la escuela.
Cuando llegué a nuestra pequeña cocina me encontré con mi hermana, la cual tenía unas ojeras que podrían asimilarse a los círculos negros que tiene un mapache, haciéndose un café.

— ¿Otra vez te quedaste estudiando? ꟷPregunté mientras veía como hacia lo posible por no caer en el suelo debido al sueño.

—Mmhꟷafirmó balbuceando mientras me miraba a través de sus parpados caídos— ¿Qué hora es?ꟷpreguntó, arrastrando las palabras.

—Ya van a ser las siete.

—Dentro de cuatro horas tengo el examen. Aún hay tiempo, me falta solo un tema.

—¿Dormiste algo?ꟷpregunté divertida por su afán de seguir estudiando.

—cada dos horas me echaba en la cama y dormía quince minutos. Leí que, si duermes solo quince minutos, te relajas más que si duermes una horaꟷ aseguro con una sonrisa.

Las estrategias de estudio de mi hermana cada día me sorprendían más.

—Ana, pareces un zombi. Te vas a terminar durmiendo en la prueba.

—No importa, todo sea por aprobarꟷdijo mientras salía de la cocina con su taza de café—. Ah cierto, disfruta este último año, porque después no vas a saber lo que es vidaꟷme aconsejo en el umbral que separaba la cocina de la sala.

Mi hermana era un claro ejemplo de que esa típica frase de "La universidad te quita la vida" no era joda. Ana tenía una activa vida social antes de comenzar su carrera de medicina, pero desde que comenzó con lo único con lo que se relacionaba era con los libros. Tengo que admitir que eso también hacía que le tuviera temor a terminar este año.

Después de desayunar emprendí la marcha hasta la escuela.

Al llegar a mi nuevo salón noté que era la primera, ya que este estaba con las luces apagadas y no se oía ni el ruido de una mosca. Busqué el interruptor a ciegas y al prenderlo me di cuenta de que no estaba tan sola como creía.

Al fondo del salón una cabeza de cabellos negros estaba recostada en el pupitre. No tuve que acercarme para saber quién era.

Los salones de mi escuela eran todos iguales, ya que tenían la misma distribución. Así que mayormente todos los años solíamos sentarnos en los mismos lugares, y ese lugar del fondo a la derecha, solo le pertenecía a un selecto grupo de amigos, el cual el único de pelo negro era mi buen compañero Marco. Nótese mi sarcasmo al decir "buen compañero". Creo que la conversación más profunda que tuve con ese tipo fue "Marco, el preceptor te busca" y él solo asintió con la cabeza sin mirarme. No me sentí mal por cómo me ignoro, ya que no era un trato que tuviera solo conmigo, era el trato que tenía con todas las chicas. Sí, un chico raro.

Note que levantaba la vista para ver quien había llegado, al ver que era yo, tomo su campera¹ y se lo puso encima de su cabeza para así volver a la oscuridad.

Podría haberme dicho "Hola Hope, ¿podrías apagar la luz que quiero dormir?" Pero no, ni me saludo, ni me pregunto.

Me senté en el lugar donde suelo estar con mis amigas y me recosté un rato a la espera de que viniera más gente, pero sin darme cuenta me terminé quedando dormida en el.

—Hopeꟷme llamo una voz familiar mientras me tocaba el hombro.

Levanté mi cabeza y pude ver los ojos marrones oscuros de mi amiga Aldana.

—Holaꟷ respondí mientras besaba su mejilla en señal de saludo—¿Todo bien?ꟷ pregunté aun un poco somnolienta.



Munay

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En el texto hay: misterio, novelajuvenil, traumas

Editado: 05.12.2018

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