perfectamente imperfectos

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La otra cara de la moneda

Intento zafarse del agarre pero lo único que consiguió fue que la persona que se encontraba tomando su brazo la apegara a su pecho con fuerza impidiéndole cualquier movimiento. Tanta era la fuerza con la que la sostenía que sentía que se encontraba atada con una gruesa y resistente soga a un firme y rígido árbol.

 

- basta los guardias van a verte, solo quiero ayudar –

 

La silueta de un muchacho era casi invisible en medio del oscuro abismo del vestíbulo. El joven la arrastro con fuerza entre los largos pasillos del lado A hasta entrar en una habitación. Una vez dentro de la misma el muchacho se colocó contra la puerta en un intento de escuchar lo que sucedía en el pasillo para estar seguro de que nadie los siguió.

La joven pelirroja se encontraba con las manos en el pecho del contrario y su cara completamente sumergida en la suavidad del mismo. Temblaba levemente ante la idea de que tal vez un guardia la había descubierto, pero ahora que sabía que solo se trataba de un adolecente de su lado estaba más relajada.

 

- ya puedes soltarme linda - habló con un ligero tono burlón al ver que la muchacha no se había separado de el a pesar de que ya se encontraran seguros.

 

En un rápido movimiento dio un amplio salto hacia atrás con el objetivo de separarse de aquel muchacho que la saco de tan arriesgada situación.

 Este repentino movimiento le causó un fuerte dolor en la zona afectada por el arma del guardia dando como resultado tanta debilidad en las piernas de la muchacha que la misma cayó al suelo. Segundos antes de que su cráneo golpeara la fina madera del piso  dos fuertes manos la tomaron por los brazos desde atrás evitando el impacto, sintió como dos personas la levantaban y recostaban en una superficie suave. Segundos antes de cerrar sus ojos como reacción ante el dolor pudo distinguir dos figuras masculinas que la observaban hasta que finalmente sus ojos se cerraron

Un tiempo después sus parpados comenzaron a agitarse cual cortinas al compás del viento dando paso a ligeros destellos de luz para que se reflejaran en sus pupilas permitiendo divisar a una persona que se hallaban junto a su cuerpo recostado en la cama, pudo reconocer los finos y delicados cabellos color capuchino que se posaban en aquel dulce rostro cubriendo cautelosamente aquellas majestuosas esmeraldas brillantes que estaban inmóviles mientras se encontraban con  los cuarzos rosados que la chica comenzaba a revelar.

 

 - Hasta que despertaste, me preocupe mucho cuando te desmayaste – hablo el muchacho mientras sonreía.

 

La calidez de una suave mano se fundió con el rostro moreno de la muchacha en una tierna caricia acompañada de una afectuosa sonrisa por parte del contrario, esa voz  le parecía familiar porque efectivamente era de alguien que ella ya conocía, en este caso esa cálida y ronca voz era propiedad del coqueto muchacho que conoció meses antes al llegar a la institución, era la voz de Tahiel.

 

- ¿Tahiel?¿dónde estoy?¿qué hago aquí?- pregunto desconcertada mientras intentaba incorporarse ya menos adolorida

- Huum, estas en mi habitación…mi compañero de cuarto te trajo aquí hace unas horas, dijo que te encontró intentando entrar al lado B –

 

Un poco mareada consiguió sentarse recta sobre la cama mirando de frente al muchacho de hebras capuchino.

 

-Si, estaba a punto de lograr entrar al lado B, estaba tan cerca de traerla de vuelta-

 

Una expresión de enfado se dibujó en su rostro, la chica se hallaba frustrada tan solo le faltaban unos cuantos pasos para entrar al lado B y recuperar a su mejor amiga, ella no necesitaba que nadie la detuviera ni la salvara ella estaba convencida de que podría lograrlo sola.

La de orbes rosa abrió su boca dispuesta a darle un sermón a Tahiel por impedirle lograr su objetivo, pero el sonido de la puerta de la habitación abriéndose capto su atención y enmudeció sus palabras. La puerta se cerró repentinamente segundos después de que un nuevo joven ingresara a la habitación.

La elegancia y la delicadeza que aquel chico poseía eran imposibles de ignorar, sus pupilas naranjas recorrieron toda la habitación en busca de algo, hasta que se posaron en una esquina del techo mirando fijamente un extraño aparato de un tamaño bastante reducido. Con extremada suavidad alzo una de sus pálidas manos en la dirección en que miraba para luego soltar una ligera ráfaga de aire atreves de sus finos labios color de rosas. La minúscula ráfaga de aire enfrió de una manera extrema el entorno de la habitación y a la vez cristalizo aquel pequeño aparato que pronto cayó al suelo quebrándose en miles de fragmentos. En cuanto el joven oyó el sonido del hielo estrellándose en el suelo bajo con lentitud su mano volviendo la habitación a su temperatura normal, acto seguido clavo su fría mirada en los ojos de la recién despierta.

 

-Tu…tu también puedes hacer, lo que sea que haya sido eso… ¿Por qué a ti no vinieron a buscarte?-  exaltada se puso de pie y rápidamente camino firme hasta encontrarse frente a frente con el muchacho que acababa de ingresar a la habitación.

 

El joven portaba una expresión indiferente mientras miraba a la morena de arriba hacia abajo. El de orbes naranjas acerco sus labios al oído de la menor, este movimiento causo que algunos de sus perfectamente arreglados cabellos café pintados de color azul pastel únicamente en las puntas acabaran reposados en el rostro de la chica.

 

- No han venido a por mí porque yo pienso cada uno de mis movimientos, tengo control sobre mis sentimientos  y me aseguro de que no me vean, ¿sabes por qué lo hago?, porque el lado B es un infierno preciosa, yo que tu no intentaría volver allí –

 

Pronuncio cada palabra con extrema lentitud susurrando al oído de la pelirroja, toda palabra que saliera de su boca era acompañada por un aliento helado que provocaba que su piel se entumeciera, se sentía como si aquel joven ya estuviera congelado por dentro, como si su corazón y todo su ser fueran literalmente de hielo.



AbrilR

Editado: 18.12.2019

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