Perfecto desastre #loveme1

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#Killiam

 

            La fiesta parece que llevaba activa desde hace más de diez horas, pero en realidad lleva un par de horas escasas, pero es lo que pasa siempre con esta fraternidad. El alcohol corre como la espuma, las chicas van ligeras de ropa y hasta el jardín delantero está lleno de personas con demasiado alcohol en las venas como para mantenerse en pie. En definitiva, esta es la fiesta que inaugura el año y, como en los dos anteriores, será casi la ultima en olvidarse.

            —Joder tío —Tyler se coloca delante de nosotros y empieza a acomodarse su paquete sin ningún tipo de pudor —. Creo que podría unirme a ese perfecto tándem y correrme sin que siquiera lleguen a tocarme.

            —Ty, acabamos de llegar —contesta Harris —. Dejemos que nuestras pollas reconozcan el terreno antes de irnos con…

            Sus palabras se quedan en el aire cuando una de las dos chicas que están sentadas en las escaleras de entrada a la fraternidad se gira hacia nosotros, le dedica una amplia sonrisa y con un solo gesto, porque estoy seguro de han escuchado los comentarios de mis dos amigos, hace que se unan a ellas y antes de lo que canta un gallo, están con ellas, sentadas en sus regazos y viendo cómo se tocan la una a la otra.

            —Joder, K —protesta Davis a mi lado —. Si estos tienen coñitos nada más llegar, yo necesito desesperadamente empezar con mi búsqueda.

            Y con esas palabras, ambos recogemos un par de botellines de un cubo negro que ahí junto a nuestros dos amigos y las dos chicas que están dispuestas a hacer sus deseos realidad.

            Si la fiesta dentro está completamente fuera de control, el interior es una puñetera orgía. Creo que, si la seguridad del campus se pasara por aquí, la fraternidad estaría más que clausurada hace muchísimos años, aunque también tengo entendido que por eso se hace un par de días antes de que las clases empiecen, porque de esa manera es más fácil hacer la vista gorda. Aunque a mí todo esto me la suda, a mi lo que me importa es pasármelo bien y emborracharme como si no hubiera un mañana. Una vez que empecemos con los entrenamientos al cien por cien, toda esta rutina se queda al margen.

            Mis amigos me dicen que me convierto en una especie de Santa Teresa de Calcuta, pero solo por la abstinencia con referencia al alcohol. Dos cervezas máximo al día y una los que tengamos partido. No me gusta presumir, aunque sé que mi cuerpo y mi cara acompañan a que las chicas se me acerquen nada más que pongo un pie fuera de casa, también hay que decir que ser parte del equipo de futbol americano además de su capitán y jugar en la posición más deseable, hace que tenga un numero interminable de chicas deseando mi atención y eso es lo que pasa nada más que entro junto a Davis en la casa.

            Visualizo a todos y sobre todo a todas. Observo como muchas de ellas se giran para mirarme y me dedican esas miradas suculentas y demasiado directas que me dicen que están disponibles para mí. Sé que con solo un movimiento de cabeza alguna se colocará junto a mí y me dará todas las atenciones necesarias para hacerme de esta fiesta un día completo, pero ahora mismo no es lo que estoy buscando. Dentro de dos días empezamos los entrenamientos, es la primera y última fiesta donde voy a dejar que el alcohol empape cada célula de mi cuerpo y después buscaré a una chica que me ayude a quemarlo.

            Davis se separa de mí en el momento en el que una de las gatitas, como llamamos a las incondicionales fans que nos acompañan y nos esperan en cada final de partido, ya sea para festejar con nosotros o para consolarnos. Varias manos han rozado mis brazos en busca de atención, pero yo tengo la vista puesta en la cocina, donde sé que estará alguno de los hermanos de la fraternidad y me obsequiará con algo más fuerte que cerveza.

            —Hola, Killiam —me saluda un chico con el que ya he compartido alguna que otra fiesta en el curso pasado —. Suelta esa botella, tengo algo mejor para ti.

            Y es así como acabo bebiéndome tres chupitos de tequila y con una copa de wiski en mis manos, para ahora sí, pasearme por el salón y ver donde pueden apuntar mis ojos y mi polla.

            Demasiada alumna de primero, eso es lo que encuentro nada más estar de nuevo en el salón. Al fondo hay varias gatitas dándole a la lengua a compañeros de equipo, alguna que otra me sonríe cuando se dan cuenta que estoy mirándola. Seguramente estarían dispuestas a dejar a sus actuales parejas si yo decidiera elegir a una de ellas, pero yo no soy como mis compañeros. No me gusta enredarme con alumnas de primer curso, lo único que dan son problemas.



Helena Sivianes

Editado: 26.12.2018

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