Perfecto desastre #loveme1

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#Killiam

 

Sigo con la boca abierta. Estoy seguro de que, si en esta casa hubiera moscas, tendría la boca repleta de ellas. La chica que me ha hecho pasar la noche en vela es la hermana de uno de mis compañeros de piso. Pero no de uno cualquiera, sino de uno con el que he compartido apartamento dos años y vamos a por el tercero, además de ser uno de mis mejores amigos. Es hermana de Davis. Ni siquiera sabía que tuviera una hermana.

Tyler se ha colocado a mi lado y sé que el color rojo que está tomando su cara es a causa de la risa que se está conteniendo.

—Si abres la boca te arrastraré conmigo —digo antes de que se vaya de la lengua.

No he dejado de mirarla en un solo momento y sé que por su mente tienen que estar pasando mil y una cosa. Si las miradas matasen, seguramente yo me encontraría ya fulminado en el suelo del salón.

—Chicos, os presento a mi hermanita y no sois capaces ni de decir hola —protesta Davis, pasando el brazo por los hombros de la rubia que me mira de manera intensa.

—Perdona, me llamo Killiam —la saludo desde lejos, pero Tyler no es como yo.

—Hola, preciosa —se sienta a su lado y le planta un beso en la mejilla —. Yo soy Tyler, pero puedes llamarme Ty —se relame los labios, demostrándonos de la pasta que está hecho, sin ningún pudor de ligar con ella delante de su hermano —. En serio, puedes llamarme.

—Aléjate de ella —la toma de la mano y la levanta del sofá, parando así el acoso y derribo de uno de nuestros amigos —. Lo digo muy enserio y creo que todos estaréis de acuerdo. La familia de los amigos está vetada, así que a ninguno se le ocurra acercarse a mi hermana. Decírselo al capullo de Harris.

Y así, sin importarle que ninguno de los dos que estamos en el salón, se la lleva escaleras arriba. Ella ni siquiera se ha dignado a responder mi saludo, aunque tal vez es lo mejor. Si Davis se entera que ayer intenté algo con su hermana estaría a punto de pedir un puesto en el coro de la universidad pidiendo el puesto de castrato.

Tyler sigue sentado en el sofá y nada más que nuestras miradas se cruzan, se cuáles van a ser las palabras que van a salir de su boca.

—Ni se te ocurra pronunciarles —le advierto, ganándome esa sonrisa petulante que tanto le funciona con las chicas —. Esto ya no es un juego.

—En ningún momento fue un juego, soy más de apuestas y no voy a pedírtelo, no soy tan cabrón, aunque creas que pueda llegar a hacerlo —hace un gesto con la cabeza para que me siente a su lado —. Davis tiene razón, no me gustaría que ninguno de vosotros tonteara con mi hermana.

—Creo que eso sería demasiado complicado, contando de que esa mocosa solo tiene siete años —replico, ganándome un puñetazo de mi amigo en el hombro cuando me siento a su lado —, pero se a lo que te refieres. Las hermanas de los amigos son prohibidas.

Para mi maldita desgracia. Joder, la maldita J, que ahora sé que viene de Jacklyn me la ha tenido dura toda la noche. Tyler ha conseguido que me cabree en menos de un segundo cuando me ha dicho que estaba con uno de mis compañeros acostada en el sofá. Juro que lo que iba a hacer cuando llegara al salón era echarla de mi puta casa, después de haberla puesto de calienta braguetas como mínimo, pero lo que no me esperaba es que fuera hermana de Davis. Si ni siquiera se parecen. Davis tiene más aspecto de latino. Con la piel tostada, con un pelo casi tan negro como el carbón. Ella, sin embargo, tiene la piel rosada, de un color tan níveo que estoy seguro de que cuando el calor se suba a sus mejillas se tornará tan exquisito que será de ese rubor que a los tíos nos vuelve loco. Después está su pelo, rubio, natural y brillante, aunque si somos sinceros, ambos tienen el color de los ojos azules, pero los de ellas son como un cielo lleno de estrellas.

Sí, definitivamente estoy jodida, porque desde el momento en el que Tyler lanzó la apuesta me ha jodido la existencia y la necesidad de tener a esta chica bajo mi cuerpo, de poder enterrarme entre sus piernas.

—Estoy escuchando tus engranajes chirriar desde aquí —en algún momento, Ty se ha levantado y ha traído un par de cafés de la cocina.

—Necesito algo más fuerte —digo, rechazando el vaso que ha puesto delante de mí —. Me voy al gimnasio antes de…

—Estas jodido, tío.



Helena Sivianes

Editado: 26.12.2018

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