Permíteme Amarte -Saga Amor o Atracción Libro 4

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CAPÍTULO 1

Recibí una llamada de mi amiga Patty para que me encontrara con ella en la playa y cuando supe que la mujer que me desvelaba estaba con ella, no lo dudé y accedí a ir para cumplir con un objetivo, servir de distracción. 

Mi amiga quería tener tiempo a solas con su nueva conquista y esa nueva conquista era Louis, el primo de mi chica.

Llegué a la playa dos horas después de haber recibido la llamada y me acerqué hasta donde ella estaba. 

Cuando me vio, ella me dedicó una sonrisa.

— Gracias por venir; estaba aburrida. Ellos —señaló a Patty y a su primo Louis— no saben ocultar la atracción que siente el uno por el otro.

— ¿Eso te molesta?

— No. Yo supe desde el día que los presenté que para bien o para mal, ellos terminarían escribiendo su propia historia.

Observé a la pareja y sí, estaban muy cariñosos.

— ¿Qué me dices tú? —pregunté al volver mis ojos hacia ella.

Ella no respondió. 

Nos acercamos a ellos y les avisamos que daríamos un paseo por la playa.

Caminamos en silencio hasta que un hombre nos ofreció en alquiler, una moto acuática y después de tomar los respectivos salvavidas, encendí la moto y ella subió tras de mí.

— Respondiendo tu pregunta —inspiró—… a veces llego a dudar de que algún día pueda escribir mi propia historia.

Ella era hermosa interiormente y si hablábamos de su apariencia física , ella era la mujer más bella que había conocido. Sus ojos eran preciosos, sus labios gruesos y rosados se veían muy deliciosos, sus mejillas sonrojadas por el calor la hacían ver más atractiva de lo que era. Cualquier hombre sería feliz si la tuviera.

¿Entonces por qué creía que nunca encontraría al verdadero amor?

La respuesta a esa pregunta era evidente, su corazón estaba destrozado.

«Tesoro, te ayudaré a unir sus pedazos»

Nuestro recorrido acuático empezó y en el proceso, recordé aquel día cuando la vi por primera vez.

Ella lo ignoraba; ella no lo sabía, pero la primera vez que la vi fue en una clínica; la clínica en la que su padre estaba internado. 

Diciembre 31 de 2003.

Había salido a pasear por las calles con otros niños y tuve la desgracia de pisar un fragmento de una botella de cerveza. Inmediatamente empecé a llorar y varias personas al reconocer que era el hijo de Mary Blacked —una abogada que era muy reconocida en mi ciudad—, decidieron ir a avisarle. 

Mi mamá me llevó a una clínica de emergencia para que me sacaran el vidrio del pie, pero los médicos estaban de vacaciones y debido a eso tuve que esperar hasta el siguiente día.

Pero el día siguiente era un día de fiesta y fue imposible que me atendieran.

Dos largos días en esa clínica y finalmente el vidrio fue retirado de mila pie.

Cuando me dieron de alta, nos dirigimos hacia la salida. Tomamos el ascensor y al llegar al primer piso vi a muchas personas, pero mi atención se centró en tres de ellas, un hombre, una mujer que parecía ser su pareja y una niña, al parecer hija de la pareja.

— Por qué están aquí? —le pregunté a mi mamá.

— No lo sé. Vamos cariño.

Mi mamá siguió caminando, pero yo me detuve y dirigí mi vista hacía aquella familia. 

Ellos tomaron el ascensor y yo solo miraba curioso. 

Entonces desvié la mirada hacia la cerámica y vi algo que llamó mi atención. Caminé hasta llegar frente al ascensor y me incliné para recoger la diminuta fotografía que se había caído; fotografía donde aparecía ésa niña.

Llegamos a mi casa tiempo después y me dediqué a observar la fotografía.

La niña era muy linda. 

Tomé un libro de dibujo para intentar pintar su rostro, pero no salió igual y eso me frustró… y desde ese día me propuse aprender a pintar.

Días después el año escolar empezó. 

Yo estaba en la fila escuchando a una mujer hablar. Supuse que era la coordinadora porque hablaba de reglas y otras cosas que no pude escuchar porque una niña que estaba en la fila de al lado llamó mi atención. 

La observé mejor y sí, era el mismo rostro de la fotografía que había encontrado en la cerámica de aquella clínica.

— ¿James, en qué piensas? —interrumpió ella mis pensamientos.

— Estaba pensando en alguien que conocí hace años.

— Te ves muy guapo cuando estás distraído.

— ¿Solo cuando estoy distraído?

— No pienso alimentar tu ego —dijo sonriendo.

Regresamos a la orilla y su primo y mi amiga habían desaparecido.

— Ya sabía yo que ellos se irían de aquí.

— Si lo sabías entonces dime el motivo por el que no hiciste nada para impedirlo.

— Porque quería estar a solas contigo, sin interrupciones —expresó.

Sus mejillas se sonrojaron y eso me encantó, pero no mencioné nada para no incomodarla.

— ¿Quieres ir a otro lugar? —preguntó.

— Sí, ven conmigo.

— ¿A dónde?

— Escuché que hay una cueva.

— ¿No habrá allí tiburones?

— Quizá.

— No quiero ir.

— Solo bromeo Jesse.

— No me gustan tus bromas.

— No va a pasar nada, confía en mí.

Mi chica accedió a ir conmigo. 

Al llegar a la cueva, no éramos los únicos allí. Debido a que era temporada de vacaciones, la gente acudía mucho a la playa y al igual que nosotros varias personas sentían curiosidad por explorar aquella cueva.

— Me encanta ver el agua del mar alrededor de esta cueva.

— ¿Por qué? Es solo agua.

— Se ve muy lindo, ese azul me produce una paz interior que no quiero que termine. Ese color azul es muy parecido al color de tus ojos.



Hellen

Editado: 02.12.2019

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