Perversa Fantasía

Tamaño de fuente: - +

Capítulo IX. Naomi Foster. Parte II

—Primero debemos ponerla nerviosa, sacarla de sus casillas, de su sitio de confort; enfrentarla con lo desconocido —dijo Martin esbozando una sonrisa picaresca.

—¿Qué propones?

—Sembrar la duda. Difundir a través de las redes algunos testimonios que comprometan a nuestra amiga.

—¿Vamos a utilizar niñas? —preguntó Thomas frunciendo el ceño.

—No te preocupes, no será real, no estaremos exprimiendo su sufrimiento.

—¿Entonces?

—A la gente no le interesa la verdad sino el escándalo, y una vez que se haga viral y esté en boca de todos, frenarlo será una tarea un tanto difícil; tú déjalo en mis manos.

Hoy la ciudad de Buenos Aires ha despertado con una noticia estremecedora; un caso que no pudo menos que conmover a toda la opinión pública; tres jóvenes denunciaron haber sido víctimas de explotación sexual mientras estudiaban en la Academia Foster Models y acusaron a su directora de estar a la cabeza de una red de trata de personas que opera con total impunidad en nuestro suelo y en el resto del continente. Los medios están montando guardia en la mansión que Naomi posee en el barrio de San Isidro, en la Capital Federal, sin embargo no ha habido ningún tipo de comentario por parte de la acusada.

El revuelo era mayúsculo, Naomi Foster era poco menos que una diva y aunque contaba con una enorme barrera de protección mediática, gracias a sus numerosos contactos y amistades con periodistas y productores, la noticia era lo bastante fuerte como para esconderla debajo de la mesa, máxime cuando las redes sociales comenzaban a dar su propio veredicto, ese que no necesita de los tiempos de la justicia ni el permiso de nadie para expedirse.

—Está hecho. ¿Qué sigue? —preguntó Thomas mirando a su colega.

—Hacerla sentir vulnerable, que desconfíe hasta de su propia sombra; aislarla.

—Bien ¿cómo lo haremos?

—Solo espera, una filtración así no se anota en una hoja de reclamos.

Conforme pasaban las horas la presión se tornaba insoportable y el aluvión de campañas de desprestigio solo venía a recordar que nadie es inmune al desastre ni puede permanecer para siempre en el margen apacible de la tranquilidad.

—¿Qué se supone que voy a hacer ahora? ¡Tengo tres hijos! —se quejaba mientras temblaba, sin poder, siquiera, tomar aquel vaso de agua sin provocar un tsunami en su interior.

—Tranquilícese, seguro le lloverán propuestas laborales pronto.

—¿Cómo pudo despedirme sin ninguna explicación, de la noche a la mañana, como si fuera un perro? —se quejaba con todo tipo de gestos ampulosos.

—¿Usted fue la única empleada despedida de las escuelas o hubo otros?

—Echó a todo el personal; la muy desgraciada.

—¿Lleva mucho tiempo trabajando para ella?

—10 años.

—¿Y nunca vio nada raro, nada que la hiciera sospechar que algo no andaba bien? —preguntó Martin enseñando un fangote de dólares.

Los ojos de Silvina se descolocaron presa de los billetes cautivadores y se perdió en ellos por unos segundos.

—Ahora que lo pienso, nunca entendí porque enviábamos a las niñas donde los fotógrafos y no al revés.

—¿Recuerda las direcciones de aquellos fotógrafos?

—No, no lo creo

—Haga memoria —insistió poniendo sobre la mesa más billetes.

—Sí, creo que algo viene a mi mente.

La policía realizó una decena de allanamientos simultáneos en varios departamentos distribuidos por la Capital y dieron con, al menos, un centenar de jovencitas que eran retenidas contra su voluntad, obligadas a ejercer la prostitución. Junto a ellas, fueron hallados y detenidos 14 hombres y 16 mujeres, todos mayores de edad, que serían los presuntos explotadores. El dato fue brindado por una fuente anónima aunque trascendió que se trata de una ex empleada de Naomi Foster quien ahora sí deberá dar no una sino muchas explicaciones.

—¿Y ahora qué?

—Su dinero. Hay que empujarla al oscuro y profundo pozo de la desolación.

—Quisiera saber cómo vas a hacerlo —dijo Thomas meneando la cabeza, incrédulo.

—A los contadores les encanta regocijarse en el dinero ajeno pero créeme, ninguno moriría por él.



Sebastian L

#83 en Detective
#52 en Novela negra
#167 en Thriller

En el texto hay: misterio, romance, criminales

Editado: 28.02.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar