Perversa Fantasía

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Capítulo II. Zoltan Arany. Parte III, Final

—Baja tu arma Helena —dijo Stephanie irrumpiendo desde la habitación de al lado, apuntando su pisltola directo al corazón de la dama de compañía.

—¿Tú quién eres, de qué se trata todo esto? —preguntó sin alejar su mira de la cabeza de Randy.

—Si te tranquiliza o te sirve de algo, no tenemos nada contra ti —respondió la ex agente bajando su arma, lentamente, llamando a la paz.

—¿Qué estoy haciendo aquí? ¡Respondan! —gritó mientras temblaba de pies a cabeza.

—Te necesitamos —dijo Randy acercándose con cautela.

—¿Quiénes son?

—Estarás a salvo si no lo sabes —dijo Randy mientras Melody, recién salida del baño apoyaba, fría, congelada, su revolver contra la nunca de su huésped.

Helena arrojó su arma al suelo. Levantó las manos y aceptó resignada que había caído en manos de los peores anfitriones que conoció jamás.

— Zoltan Arany

—¿Qué pasa con él? —preguntó frunciendo el ceño.

—¿Cómo nos acercamos?

—Es imposible a no ser que quiera verte —respondió sentándose sobre la cama matrimonial—, aunque si me aceptan un consejo les diría que lo olviden y vuelvan a sus casas.

—Es de vida o muerte para nosotros —dijo Stephanie abriendo una botella de whisky barato.

—¿Cómo supieron de mí?

—Digamos que tenemos una amiga que lo sabe todo. ¿Fuiste su novia, cierto?

—¿Novia? —sonrió— ese bastardo no tiene novias.

—Tenemos que reunirnos a solas con él y tú eres nuestra única esperanza —dijo Stephanie acercándole un vaso de licor en las rocas.

—Tienen agallas; lo planearon bien.

—¿Vas a ayudarnos?

—Espero tengan para pagar mis honorarios; los matones de afuera pueden no ser amigables.

—Allí está el bolso con tu pago —respondió Melody señalando el lugar con la mirada.

—Entenderán que no voy a poner mi mundo de cabeza por unos desconocidos.

—Estamos buscando a una persona; un fantasma y creemos que Zoltan puede saber dónde encontrarla; o, al menos, tener una pista que nos guie a su paradero.

—¿Hasta dónde están dispuestos a llegar? —preguntó remojando sus labios—. Me refiero a si están preparados para romper toda barrera ético moral en su camino al objetivo.

—Haremos lo necesario.

—¿Matarían?

—Lo hemos hecho antes.

—Pero no parecen del tipo que vaya dejando cadáveres a su paso.

—¿A qué viene todo esto? —preguntó Melody frunciendo el ceño.

—Yo no puedo llevarlos hasta Zoltan pero conozco bien a quien sí puede hacerlo; tiene acceso directo.

—Dinos.

—Es un relacionista público, su nombre es Jani Tordai, mantiene un perfil bajo pero nada con los tiburones; es el encargado de reclutar mujeres, hombres y todo lo q haga falta para las fiestas en la mansión.

—¿Y crees que vaya a ayudarnos? —preguntó Randy con un dejo de resignación en la voz.

—De motu proprio seguro que no, deberán persuadirlo; yo puedo persuadirlo, pedirle un favor.

—¿Entonces contamos con tu ayuda?

—En el preciso instante en que ustedes irrumpan en esa casa seré mujer muerta.

—No comprendo —dijo Randy abriendo los brazos.

—La única solución para que todos saquemos rédito es que se encarguen de ambos una vez que obtengan lo que quieren.

—¿Quieres que los asesinemos? —preguntó Randy frunciendo el ceño—. ¡No somos criminales!

—Lo sé, pero es la condición.

No se andaba con vueltas. Helena había visto en la desesperación y necesidad de sus captores el negocio de su vida. Estaba a un paso de convertir en realidad la ambición acumulada durante años y no estaba dispuesta a aceptar un pago menor; después de todo, a rey muerto rey puesto y quién mejor que ella para sentarse en el trono invisible de la cima intangible de la nación.



Sebastian L

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En el texto hay: misterio, romance, criminales

Editado: 28.02.2019

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