Poderosos

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Capítulo 18.

—Concentrad vuestra energía en un punto—nos indicó uno de los instructores.

Nos encontrábamos en una sala un tanto peculiar, era cuadrada y recubierta de un extraño material grisáceo reflectante que absorbía nuestros poderes en caso de que algo saliese mal. Podría decirse que estábamos entrenando. Mi parte favorita del día.

—Concentraros, apuntad bien y procurar no darme a mí, ¿entendido?—Nos pidió echándonos una miradita.

Parecía un astronauta. Llevaba un traje hecho de un material parecido al de las paredes que le cubría el cuerpo entero. Seguro que si alguien le atacaba rebotaría...

No todos podían <<disparar>>. Uno podía hacerse invisible, otro teletransportarse... En sus casos tan solo debían <<concentrarse>>.

Yo por mi parte, podía concentrar las ondas de mi alrededor—que no eran pocas—en mis manos y usarlas como ataque o defensa. Es decir, que podía lanzar una especie de ondas a través de mis manos que si te daban podían hacerte mucha, mucha pupa. Aunque no es algo que acostumbrara a hacer... Como ya dije, no era violenta.

Mia se entretenía haciendo explotar algunos objetos de la sala. Otra chica los incendiaba... Incluso había un chico con telequinesia haciendo volar varias cosas por nuestras cabezas.

—Esto está entretenido, ¿verdad?—Comentó Izan antes de convertir la energía eléctrica que había absorbido de una bombilla en calorífica.

—Mejor que liarnos a puñetazos... Sí—contesté lanzando una onda contra un muñeco, lo que provocó que saliera disparado.

—¡Buen tiro, Radiofrecuencia! Te manejas mejor con esto que con las pistolas... —Comentó riendo.

—Tú tampoco lo haces mal, Peter Pan. ¿Tienes experiencia por tus peleas con el capitán Garfio?—Dije con burla. Él sonrió.

Una silla por poco me dio en la cabeza. Menos mal que me agaché. Yo ya sabía que algún día perdería la cabeza, pero no tan pronto ni de manera tan literal...

—¡Cuidado!—Le dije al chico—. Por si no lo sabías, le tengo mucho aprecio a mi cabeza y me gustaría conservarla.

—¡Perdón! He perdido el control por un momento—se disculpó levitando la silla más lejos.

Bien, mi cabeza estaba a salvo, por el momento.

—Qué cerca has estado de perder la cabeza—comentó Izan.

—No lo suficientemente—murmuró Mia por lo bajo mientras reventaba algunos objetos.

—¡Te he oído, guapa!—Le grité con una sonrisa inocente—. ¡Yo también te quiero!—Añadí sarcástica.

—No se lo tengas en cuenta—me dijo Roc, aunque luego me di cuenta de que se trataba de un clon—. Con el tiempo te aceptará, como nosotros.

—Eso espero—murmuré.

Mia no me caía mal, no del todo. Es cierto que al principio no entendía su constante agresión contra mí, pero cuando me explicó sus motivos... No pude odiarla ni culparla. Aunque eso no perdonaba su comportamiento, no del todo.

Por eso mismo quería que nos llevásemos bien. No pretendía que fuéramos amigas del alma ni que nos hiciésemos trenzas la una a la otra, pero sí que pudiéramos mantener una conversación normal.

Lo que también me llevó a la siguiente pregunta: ¿éramos amigos? Me refería a Izan, Roc y yo. Mia era un caso aparte. Al principio solo podía considerarlos un <<medio>> para lograr mi cometido, pero con el paso del tiempo los fui considerando algo más. Sobre todo cuando accedí a quedarme, a ser feliz.

Ya no eran un <<medio>>. No los veía así. Tampoco solo como mis compañeros de trabajo, así que tal vez ya los veía como amigos. Pero ¿y ellos? ¿Cómo me veían? ¿Yo significaba lo mismo para Izan y Roc? No lo sabía, cosa que me estaba carcomiendo por dentro.

Tenía pensarlo averiguarlo de la manera más sencilla, preguntando. ¿No os lo había comentado? Podía ser muy directa cuando quería.

—Oye, Roc—le llamé una vez que encontré al verdadero, algo que no fue fácil.

—Dime—Respondió interesado.

—Tú y yo, ¿qué somos?—Me miró un poco confuso—. Es decir, ¿qué clase de relación tenemos? ¿Somos compañeros? ¿Amigos? ¿Conocidos?

—Yo creía que éramos amigos—contestó con una mezcla de confusión y sorpresa.

—Y yo, pero solo era por asegurarlo—dije la mar de contenta. Después me marché.

Vale, creo que superé mi nivel de rareza en esa corta conversación, pero al menos había sacado algo en limpio de eso. Solo me quedaba Izan. A Mia no le hacía falta preguntarle, más que nada porque no quería que se riera en mi cara... O me la explotara.

Así que, después de ese entrenamiento <<mágico>> fui en busca de Izan, pero encontrarlo entre la marabunta de chicos que salían no era tarea fácil.



Miriam Ara

#4236 en Fantasía

En el texto hay: amor, amistad, poderes

Editado: 20.06.2019

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