Poderosos

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Capítulo 19.

El corazón de Izan estaba algo más acelerado de lo normal, a pesar de su seguridad. Podía manipular la energía, pero no era vidente, así que no podía saber lo que iba a decir.

—¿Me acabas de pedir una cita?—Pregunté sorprendida para asegurarme.

—Sí, eso creo—respondió en broma para quitarle hierro al asunto.

—No podemos salir de aquí... —Argumenté sin perder el interés.

—No hace falta, aquí tenemos todo lo necesario—dijo andando por la sala y con los brazos extendidos—. Confía en mí. —Mordí mi labio inferior.

Eso no estaba dentro de mis planes cuando llegué a ese lugar, aunque pensándolo bien, habían cambiado bastantes cosas.

Hacía mucho tiempo que me negué a sentir nada por nadie, no por gusto, sino por supervivencia, pero allí... Ya no estaba sola.

En la calle aprendí a no confiar ni en mi propia sombra, aunque tal vez me hubiera equivocado. Las personas que conocí en ese lugar me ayudaron a adaptarme y me ofrecieron apoyo. Fui una idiota por haber sido tan borde con ellos antes.

Tal vez se merecían algo de mi confianza. Poquito a poco. Además, solo era una cita, ¿qué era lo peor que podía pasar?

Izan me gustaba, ¿para qué negarlo? Y estaba claro que había algo entre nosotros. Ya no tenía que negar mis sentimientos, podía permitírmelo. Eso sin olvidar que no estaría mal poder hacer algo <<normal>> para variar.

—Está bien, acepto tu propuesta—dije con una sonrisa—. Saldré contigo. —Él suspiró aliviado.

—Te recojo a las siete. —Me eché a reír sin poder evitarlo.

—<<¿Recogerme?>>—Recalqué—. Te recuerdo que estamos aquí abajo, así que lo veo un poco complicado.

—Siempre he querido decir eso, no me quites la ilusión—se quejó haciendo un puchero. Yo reí.

Podía estar bien. Sí, iba a tener una cita en una instalación secreta llena de chicos con poderes... Al menos iba a ser original.

—Te veré a las siete—dijo a modo de despedida, pero antes de irse me dio un beso en la mejilla.

Una sonrisa involuntaria se formó en mis labios. Puede que no os lo creáis, a pesar de que es cierto, pero nadie me había dado un beso así antes. Con ternura. Ha habido poco amor en mi vida, por no decir ninguno.

****

<<Una cita... ¿Qué coño se hace en una cita?>>, no paraba de pensar mientras daba vueltas por mi habitación.

Eso era increíble. Yo, Melodía Diez, chica con poderes que ha estado rodeada de muy malas compañías estaba nerviosa por una cita... Y que luego dijeran que no estaba loca.

Por cierto, eso de las pelis en las que ambas partes de la cita se arreglan para estar lo más atractivos posibles no funcionaba allí. Más que nada porque no tenía otra ropa que no fuera el uniforme que llevábamos todos.

Así que, me di una ducha y me lavé el pelo. Era lo máximo que podía hacer... Por lo menos sabría que si le gustaba no sería por mi gusto en moda. Algo era algo.

A las siete en punto alguien llamó a mi puerta y fui a abrirla. Izan se encontraba al otro lado, relajado y con unas flores de papel mal hechas en la mano. Ese chico iba a acabar conmigo... No iba a reírme por respeto.

—Vaya, que puntual—comenté con una sonrisa.

—Como debe ser, ¿no?—Respondió divertido arqueando una ceja—. Para ti. —Me dio las supuestas flores.

—Gracias—contesté sin saber muy bien que decir.

—Que conste que cuando he salido de mi cuarto estaban mejor, pero de camino ha habido una pelea, y claro, como soy tan buena persona intervení—comenzó a explicar como si fuera algo épico—. Yo estoy bien, pero me temo que las flores no tuvieron tanta buena suerte. —Las señaló.

Vale, esa vez sí que no pude evitar reír un poco. Aunque en mi defensa diré que su historia fue poco creíble.

—Una historia fascinante. ¿Ahora me contarás la real?—Inquirí con burla.

—Por aquí no hay floristerías, así que les pedí a los estudiantes de arte que me enseñaran a hacer flores de papel—narró algo avergonzado—. Una vez que dejaron de reírse de mí, descubrí que no se me dan muy bien las manualidades.

Entonces los dos reímos. Yo no lo hice por maldad, sino porque me pareció tierno. Se tomó muchas molestias.

—Son las flores más bonitas que me han regalado nunca—dije dejándolas con cuidado en la mesa. Y en cierto sentido era cierto. No me habían regalado flores nunca.

—¿Podemos irnos antes de que siga haciendo el ridículo?—Pidió dejando de reír.

—Claro, ¿a dónde vamos?—Inquirí abriendo la puerta.

—Si te lo dijera ya no sería sorpresa. —Se encogió de hombros.

Resulta que Izan no me dijo nada durante todo el trayecto, o sea, durante los cinco minutos que andamos por el mismo centro. De hecho, me hizo cerrar los ojos antes de entrar en una sala que estaba más o menos a oscuras. (No seáis mal pensados que os veo).



Miriam Ara

#4295 en Fantasía

En el texto hay: amor, amistad, poderes

Editado: 20.06.2019

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