Poderosos

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Capítulo 20.

Un bar de lo más animado, diría yo. Había gente jugando al billar, otros tomando algo sentados en la barra... Aunque ellos no eran los que nos interesaban. Debíamos encontrar a nuestro objetivo.

—¿Veis algo?—Preguntó Mia por el auricular.

—¿A parte de mucha gente? No—respondí. Ella me ignoró.

—Tal vez no haya llegado—sugirió Roc.

—Nuestro contacto dijo que estaría aquí—nos recordó Izan—. Debemos abrir bien los ojos. Si localizamos a alguno de sus amigos, él andará cerca.

Bueno, seguro que os estaréis preguntando de qué iba todo ese rollo, así que os haré un breve resumen. Estábamos un bar, como habéis podido comprobar, buscando a cierta persona de vital importancia. Cierta persona era un criminal poco conocido por los medios debido a su gran capacidad para esconderse detrás de otros delincuentes de poca monda, pero que tenía previsto hacer algo que sobrepasaba los límites. Algo que teníamos que evitar. ¿Nuestra misión? Hablar con él y conseguir que cantase como un loro sus planes. Fácil, ¿verdad?

—He localizado a su amigo—informó Roc desde la barra—. Viene de la zona más apartada, por lo que él debe de estar también allí.

—Lo mejor será asegurarnos de que se queda solo para que podamos hablar con tranquilamente—sugirió Mia—. ¿Algún voluntario para entretener al acompañante?

—Yo apuesto por Melodía—dijo Izan. Pensaba matarlo.

—¿Perdón?—Pregunté sin dar crédito a lo que oía.

—A mí me parece bien—estuvo de acuerdo la de pelo rosa.

—Y a mí—aceptó el de piel oscura.

—¿Y por qué yo?—Quise saber.

—Por tu encanto—respondió el rubio con burla. Me la estaba devolviendo por lo de la otra misión...

<<Será cabrón>>.

—Venga, hazlo por la misión, Melodía—dijo Mia burlándose.

Suspiré antes de aceptar. No me quedaba otra que distraer al acompañante, pero tampoco pensaba ligar con el hombre. No era una asalta geriátricos.

—Buena suerte y ten cuidado, esa gente es peligrosa—dijo Izan antes de acercarse hacia el verdadero peligro.

—Vosotros igual—respondí.

En ese momento llegó la pregunta del millón. ¿Qué podía hacer para distraer a un hombre de cuarenta y tantos años? Yo tenía diecinueve, por lo que pedirle que me invitase a una copa estaba descartado. Si le preguntaba la hora terminaríamos pronto... Así que hice lo primero que se me pasó por la cabeza en un momento de desesperación, por así decirlo.

Le di un sorbo a mi bebida y me dirigí hacia dónde estaba el hombre. Caminaba con paso firme, seguro, hasta que ¡zas! Me choqué <<accidentalmente>> contra el hombre, tirándole el resto de mi bebida sobre su camisa blanca.

—¡Joder!—Exclamó el hombre mientras se miraba—. ¿Es que no sabes mirar por dónde vas?

Si pensáis que le pedí perdón por mi <<torpeza>> estáis equivocados. Muy equivocados.

—¿Perdone? ¡Ha sido usted el que se ha chocado contra mi copa!—Le reproché gritando—. Yo estaba andando tranquilamente cuando mi vaso se ha encontrado con su horrible camisa. —Algunas personas nos miraron, pero no me importó.

—¡Oye, niña, te estás pasando de la raya! Lo mínimo que deberías hacer es pedir perdón por haberte chocado, ¿sabes?—Me hechó en cara—. Los jóvenes de hoy en día no tenéis educación.

—Yo no tengo que disculparme con alguien que se ha puesto en mi camino—contrataqué—. Además, usted tampoco es muy educado que digamos, ¿sabe?—Me crucé de brazos.

—No tengo por qué soportar esto—sentenció enfadado. Se giró hacia el camarero y le preguntó—: ¿El baño?

—La primera a la derecha—le indicó.

El hombre se marchó por dónde le dijeron. Aunque mi trabajo aún no había terminado. Debía asegurarme de que no volvía para darle más tiempo a mis compañeros, ya que siempre es más fácil hacer que una persona hable si está sola...

Así que le seguí sin que me viera y le encerré en el baño. Eso les daría un par de minutos como máximo. Si lo dejaba inconsciente alertaría a la gente y no queríamos eso. Suficiente espectáculo había montado ya.

Después me reuní con el resto del equipo, que seguían intentando que el hombre cantara. Tenía el pelo marrón, con algunas canas, ojos castaños y semblante serio. Además, iba muy bien vestido. Parecía un hombre de negocios, pero en realidad era el responsable de muchos crímenes. Aunque claro, él no se manchaba las manos directamente. Se forraba a costa del sufrimiento de otros.

—No creáis que me dais miedo—dijo el hombre sin perder la calma—. No sois más que una pandilla de críos con lentillas. No podéis hacerme nada.



Miriam Ara

#4270 en Fantasía

En el texto hay: amor, amistad, poderes

Editado: 20.06.2019

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