Poderosos

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Capítulo 21.

Volvía a oírle; sus pesadillas continuaban atormentándole por las noches. No tenía ni idea de qué soñaba, pero no debía de ser nada agradable.

Había algunas noches en las que curiosamente no le oía, tal vez porque no soñaría con lo mismo. También podría haber pedido unos tapones para los oídos, pero no me gustaba el silencio, además, tampoco habrían funcionado muy bien que digamos...

Así que, cansada de, no sé si de oírle o de saber que estaba sufriendo, decidí acercarme a su habitación. Tal vez fuera una mezcla de ambos. Tal vez hubiera cambiado una pequeña parte de mí al aceptar que esas personas me importaban, aunque solo fuera un poco. No quería que sufrieran.

Salí de mi habitación en silencio, lo último que me faltaba era que me pillaran. Aunque claro, ya me habían pillado tantas veces que dudaba mucho que les sorprendieran. En fin, traté de no llamar la atención.

Abrí la puerta del cuarto de Izan cuidado, para que no despertarlo de golpe. No quería provocarle un infarto. Era una cabrona a veces, pero no tanto.

Estaba sudando, se movía continuamente de manera brusca y su expresión era del todo menos agradable.

—No, espera—murmuraba en sueños.

Me picaba la curiosidad. ¿Qué estaría soñando?

—Izan—susurré mientras le movía un poco—. Izan. —A la segunda comenzó a abrir los ojos, aunque se despertó algo nervioso debido a la pesadilla.

—¿Melodía?—Preguntó aclarando la vista—. ¿Qué haces aquí?

—Llevo escuchándote sufrir por tus pesadillas desde que llegué aquí y ya estoy cansada—le susurré de manera seria—. ¿Quieres hablar de ello?—Me senté en la cama, a su lado.

—Son recuerdos, cosas que me pasaron. Nada más—dijo en un suspiro—. Lamento haberte despertado todas las noches.

—Ya no importa—dije. Y en cierto sentido era cierto.

Se sentía realmente culpable por haberme despertado y encima estaba hecho polvo debido a sus pesadillas. Mala combinación.

—Deberías hablar con alguien sobre lo que te pasa—le aconsejé—. Si no quieres hablar conmigo lo entiendo, pero por tu bien hazlo con alguien, por favor. —Comencé a levantarme y él me detuvo agarrándome de la muñeca.

—¿Puedes quedarte conmigo, por favor?—Me pidió amablemente—. Al menos hasta que me duerma.

—Sí, claro—respondí con una sonrisa sentándome de nuevo. No supe negarme.

Entendía como se sentía perfectamente y yo también habría agradecido tener a alguien a mi lado durante esos momentos...
                        
Izan apoyó la cabeza sobre mi regazo mientras yo pasaba mis dedos por su fino pelo rubio. Poco a poco su respiración se fue volviendo más relajada hasta quedarse profundamente dormido. Podría haberme ido, pero me gustó verle tan relajado. Además, no tengo ni idea de cuando al final acabé cayendo también rendida.
                            ****
A la mañana siguiente desperté con dolor de cuello, cosa normal cuando duermes sentando. Al menos uno de los dos había dormido bien.

—Oye, en las películas el chico es el que acaba con el cuello destrozado por la chica, no al revés—comenté en broma llevándome una mano a la zona dolorida.

—Me temo que no estamos en una película—respondió mirándome desde abajo con una sonrisa burlona.

—Quita esa mueca o te la borro yo—contesté cruzándome de brazos. Él se hechó a reír.

—Será mejor que bajemos a desayunar antes de que nos quedemos sin nada... —Comentó levantándose—. Y gracias por quedarte. Siento que hayas acabado con dolor de cuello. —Antes de que pudiera replicar me dio un corto beso en los labios a modo de agradecimiento.

No supe que responder a eso. No me lo esperaba, ya que no estaba acostumbrada a esa clase de muestras de afecto, pero no me importó, al revés, me gustó.

—Será mejor que vaya a cambiarme—comenté—. No creo que quieran verme en pijama. —Lo señalé—. Te veo abajo.
                               ****
—¡Oye, Roc!—Llamé al de piel oscura.

—¡Hola, Melodía!—Me saludó con alegría—. ¿Qué pasa?

—Estoy algo preocupada por las pesadillas de Izan—le comenté—. No quiere hablar de ello.

—Izan es así—dijo—. Nos ayudó a todos con nuestros problemas, pero nadie deja que le ayude con los suyos.

—¿Tú también tenías?—Me atreví a preguntar—. Me han dicho que tenías una hermana.

—Sí—susurró—. Tenía una familia antes de venir aquí.

—¿Qué les pasó? Si no te importa que lo pregunte. ¿Siguen vivos?—Inquirí con suavidad.



Miriam Ara

#4257 en Fantasía

En el texto hay: amor, amistad, poderes

Editado: 20.06.2019

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