Poderosos

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Capítulo 24.

¡Por fin había conseguido vencer a Izan! No tengo ni idea de cómo lo hice, podéis llamarlo un golpe de suerte, estrategia o intervención divina. Lo importante es que al fin había vencido. Y no, no me había dejado ganar

Izan estaba tumbado en el suelo, riéndose de mi baile de la victoria, pero me daba igual. Le había ganado y eso era lo único que me importaba en ese momento, más que hacer el ridículo delante de él.

—Te he ganado, te he ganado—canturreé señalándole—. Y tú has perdido, has perdido.

—¡Muy bien, has aprendido los antónimos!—Me felicitó como si tuviera cinco años, aunque en ese momento lo parecía—. Es un avance.

—Idiota—respondí sin dejar de reír dándole una leve patada en la pierna.

—¡Oye! Estoy herido después de semejante paliza—dramatizó agarrándose la pierna—. Lo mínimo que podrías hacer es ayudarme a levantarme. —Extendió su brazo con cara de cachorrito inocente.

Sabía que se podía tratar de un truco suyo, por lo que antes de coger su mano para ayudarle a levantarse, me aseguré de hacer fuerza suficiente hacia el lado contrario. Sin embargo, Izan era mucho más fuerte que yo, por lo que acabé cayendo encima suyo.

—¡Auch!—Me quejé levantando la cabeza de su pecho—. Me he hecho daño—le reproché en broma.

—Te has caído encima de mí, no contra el suelo, quejica—se burló.

—No eres un cojín, por si no te has dado cuenta... —Me reincorporé un poco, para mirarle a la cara.

—Deberías estar agradecida por ello. —Sonrió de manera pícara.

—Mis huesos no dicen lo mismo. —Acerqué mi cara un poco más a la suya, de manera nuestros labios se rozaran—. No te habrás dejado ganar, ¿verdad?

—Ya sabes que yo nunca haría eso—aseguró, tal y como me esperaba.

—Bien. —Sonreí para acto seguido besarle.

Nuestra relación se había afianzado con el paso del tiempo, hasta llegar al punto de no saber con exactitud qué sentía por él. Es decir, ¿le quería? Nunca pensé que tendría que hacerme esa pregunta. No sabía que era querer a alguien. En resumen, estaba un poco muy jodida.

—¿Interrumpimos algo?—Intervino la voz de Mia desde la puerta. Ambos nos sobresaltamos.

—Le he ganado a Izan—respondí levantándome con normalidad.

—¿Le has dejado ganar?—Quiso saber Roc.

—No, ha ganado por sus propios medios—contestó Izan reincorporándose.

—¿Ha pasado algo?—Inquirí con interés.

Suponía que debía haber un buen motivo para que entrasen tan de repente.

—El agente Gutiérrez quiere vernos ahora mismo—explicó Mia—, y será mejor no hacerle esperar... Ya sabéis cómo se pone.

No nos quedó otra opción que ir a ver qué quería ese pesado trajeado. Aunque lo que nos mandó fue una sorpresa para todos nosotros.

—Esta vez haréis algo diferente—anunció tan serio como siempre.

—Pues díganoslo, no nos deje con el suspense—le respondí con cierta burla y las piernas cruzadas.

—Eso iba a hacer antes de que me interrumpieras—me reprochó fulminándome con la mirada—. Esta vez no tendréis que buscar a nadie, proteger ni nada de eso. Esta vez tendréis que convencer a un niño como vosotros; con poderes. —Ojalá hubiese tenido una cámara para hacerle una foto a nuestras caras. Debían de ser épicas.

—¿Cómo?—Murmuró Izan—. Creía que de eso se ocupaban ustedes.

—Sí, pero nos hemos dado cuenta de que eso hace que confíen menos en nosotros. —Me miró <<disimuladamente>>—. Creemos que si va alguien como ellos tal vez accedan a venir por su propio pie, por las buenas.

Por las buenas, claro, porque dispararles un daro tranquilizante y secuestrarlos no estaba bien visto, al parecer.

—¿Y qué pasa si no conseguimos convencerle?—Inquirió Roc con los brazos cruzados.

Estaba detrás de mí, de pie porque le quité el sitio. Si estás leyendo esto, lo siento, pero tuviste que ser más rápido.

—Contamos con que le pongáis un chip de rastreo, para que no le perdamos la pista. En ese caso ya entraríamos nosotros—explicó el agente Gutiérrez.

—<<¿Un chip?>>—Recalqué—. Sé que la memoria tiene tendencia a fallar con el paso del tiempo, pero usted no es tan mayor como para no saber distinguir a una persona de un perro—me burlé. Me encantaba, tengo que admitirlo.

—¿Cómo la soportáis?—Les preguntó a mis amigos señalándome.

—Paciencia—contestó Mia.

—Mente abierta—aportó Roc.

—Estamos tan locos como ella—dijo Izan encogiéndose de hombros.

—En fin—suspiró el hombre—, os daré sus datos para que podáis empezar cuanto antes.



Miriam Ara

#4244 en Fantasía

En el texto hay: amor, amistad, poderes

Editado: 20.06.2019

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