Poderosos

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Capítulo 25.

Esa vez nos tocó trabajar con Yun, la cual podía detectar los poderes de los demás. Al parecer veía una silueta de un color en concreto alrededor de la persona con poderes. Por eso sus padres llegaron a llevarla al médico... A veces lo veía y no lo entendía. Por fin pudo comprender lo que le pasaba.

—¿De qué color me ves?—Le pregunté con interés.

—Del mismo color que tus ojos, morado—respondió sonriendo—. Siempre es del color de los ojos.

—Que guay—le dije.

—Mis padres no lo entendían, creían que tenía problemas de vista o en la cabeza, pero ahora me creen—contestó algo más alegre.

—Me alegro—dije con una sonrisa.

—¿Ya estáis listas, chicas?—Nos preguntó Roc desde la puerta—. Ya nos vamos.

Las dos asentimos. Se trataba de una misión de reconocimiento, por así decirlo. Nos llevamos a Yun a una zona en concreto donde según nos habían dicho, podría haber niños con poderes.

—¿Ves algo?—Le preguntó Izan.

—De momento no—respondió la asiática.

Estábamos sentados en una terraza, tomando algo para fingir normalidad. Parecíamos un grupo de amigos pasando el rato. Nada más lejos de la realidad.

Poco después, Yun detectó algo. No intervenimos, ya que esa no era nuestra misión, tan solo debíamos informar. Luego volvimos al centro.

—¿Qué te ha parecido tu primera misión?—Le preguntó Roc una vez que llegamos.

—Me ha gustado. Al menos he podido salir un rato—respondió animada.

Después todo volvió a la normalidad. Continuamos con nuestras rutinas de siempre.
                         ****
—¡Hey!—Me dijo Izan a modo de saludo—. ¿Estás libre ahora?—Preguntó cogiendo mi mano.

—Sí, ¿por qué?—Inquirí con curiosidad.

—Porque me apetece pasar tiempo contigo—contestó encogiéndose de hombros.

—¿Eso significa que me echabas de menos?—Pregunté con picardía. Él rió levemente.

—Si te digo que sí, ¿estarás contenta?

—Tal vez.

—Entonces sí. —Yo sonreí victoriosa, pero él parecía casi más contento que yo al verme.

Mi felicidad también aumentó al verle alegre. Eso no lo entendí muy bien.
                           ****
—Aún no me has hablado sobre lo que pasó con Mia—comentó Izan mirándome.

Estábamos tumbados en la cama, solo que en ese caso de mi habitación. Nos encantaba esa tranquilidad. Tenía la cabeza apoyada sobre su pecho y él me rodeaba la cintura con el brazo.

—No fue gran cosa—respondí—. Peleamos y al final hablamos. Fin de la historia.

—¿Te contó también su historia?—Inquirió con curiosidad.

—Sí—susurré—. Le salvaste la vida al no dejarla de lado. Si Roc y tú la hubieseis dejado sola, lo más probable es que hoy no estuviese aquí.

—No es para tanto. Tan solo hicimos lo que nos habría gustado que hicieran por nosotros. —Contestó como si no fuera una gran cosa, pero a mí sí que me lo parecía—. Ella hizo todo el trabajo al seguir adelante. Es una chica fuerte.

—Yo también le conté la mía—confesé. Su expresión de sorpresa lo dijo todo.

—Vaya, eso aumenta mi curiosidad. —Sonreí.

—¿Sabes lo que me pidió después?—Él negó con la cabeza—. Que te ayudase. Mia está preocupada por ti y Roc también. —Hice una pausa—. Yo estoy preocupada por ti.

—Estoy bien, no tienes que preocuparte—me aseguró acariciando mi mejilla.

—No lo estás, al menos no del todo. —Izan no dijo nada al respecto—. ¿Por qué nunca hablas sobre lo que te pasó? Sobre tus sueños.

—Me da miedo volver a recaer—admitió—. Temo que si vuelvo a hablar sobre ello, a recordar, me sienta igual que antes. No quiero estar tan perdido de nuevo. Además, no me gusta mi yo anterior. —Estaba muy vulnerable en ese momento, comenzaba a abrirse.

Lo miré a los ojos y cogí aire. Estaba a punto de reabrir una herida que me costó mucho cerrar. Le había contado a Mia lo que me pasó, pero de manera muy superficial. No le dije cómo me sentí, el dolor que me causaron... No porque no quisiera, sino porque no estaba preparada. En ese momento tal vez lo estuviera, y si no, esperaba que al menos sirviera para ayudarle.

—Me abandonaron—musité con un nudo en la garganta—, cuando tenía siete años, en un orfanato. A mis padres les daba miedo lo que podía hacer.

—¿Qué?—Preguntó sin poder creérselo.

—Me adoptaron varias familias, pero todas me acabaron devolviendo; pensaban que era rara. Al final acabé escapándome de los orfanatos y me dediqué a la delincuencia—expliqué conteniendo las lágrimas—. Yo no quería, de verdad. No me quedó otra opción, era eso o morirme en la calle.



Miriam Ara

#4295 en Fantasía

En el texto hay: amor, amistad, poderes

Editado: 20.06.2019

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