Poderosos

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Capítulo 26.

—A ti te abandonaron en un orfanato. A mí en la calle—dijo con un nudo en la garganta.

No supe qué decir en ese momento. No había palabras que pudiesen consolarlo.

—Tenía ocho años cuando comencé a hacer cosas <<raras>>—comenzó a explicar—. Mis padres me tenían asco, así que ni siquiera se molestaron en dejarme en un sitio decente. Solo querían librarse de mí. Les daba igual lo que me pasase.

Los ojos de Izan comenzaron a humedecerse debido a las lágrimas que empezaban a formarse.

—Me dijeron que les esperase allí, que volverían en seguida, pero no lo hicieron. Y yo como un iluso les creí. Esperé durante horas hasta que comprendí la verdad. —Una lágrima resbaló por su mejilla—. Me fui de allí rápidamente, no quería que nadie me viera y me llevase con servicios sociales. No quería otra familia.

>>Intentaron llevarme a diferentes orfanatos, pero siempre me acabé escapando. No quería otro padre y otra madre, no después del abandono de los míos... Me sería imposible confiar en ellos. Por eso me acabé juntando con malas compañías que  prometieron ayudarme. Cuidar de mí. Me equivoqué. —Hizo una pausa—. Me utilizaron por mis poderes para robar e incluso para intimidar a la gente.

Se secó una lágrima que le resbaló por la mejilla.

—Sabía que no estaba bien, pero tampoco tenía a dónde ir. Pensaba que si les hacía caso me apreciarían. Estaba muy perdido y asustado. Creía que esa gente en el fondo me apreciaba, que por fin tenía una familia de verdad. Gente a la que realmente le daba igual cómo fuera. Volví a equivocarme.

—Estabas solo y necesitabas sobrevivir. Falto de cariño—dije—. Ambos cometimos errores e hicimos cosas malas, pero como me has dicho a mí: "te mereces una segunda oportunidad".

—Cuando llegué aquí intenté ganármela, aunque primero tuve que encontrarme a mí mismo—explicó—. Reordené mi cabeza y traté de perdonarme. Después me prometí no abandonar a quien estuviera solo o necesitase ayuda.

>>Roc fue uno de los primeros. Ayudé a adaptarse a algunos más que con el tiempo fueron encontrando su sitio, pero solo se quedaron a mi lado los que ya conoces. Mi verdadera familia.

Había emoción en su voz. Me encantaba oírle hablar de las personas a las que quería. Le brillaban los ojos cada vez que lo hacía. Nunca antes visto algo similar. Tenía ese brillo que nunca les vi a mis padres cuando me miraban.

—Gracias a Roc y Mia supe lo que era querer y sentirse querido. —Hizo una pausa para centrarse en mí—. Gracias a ti, lo que es amar y sentirse amado. —Vale, eso me emocionó un poquito. ¡No estoy hecha de piedra!

—Yo también tendría que daros las gracias por los mismos motivos. Además de devolverme la confianza en las personas... Y por soportarme—Respondí con una leve sonrisa—. Sueñas con el abandono de tus padres, ¿verdad? Con ese sentimiento de rechazo, de confusión, incluso de culpa por creer que has hecho algo malo y que te lo mereces.

—Sí—admitió en un susurro—. Y con el daño que debí de hacerle a gente inocente cuando estaba con esas personas.

—¿Mataste a alguien?—Pregunté. Él negó con la cabeza—. ¿Te metiste en peleas?

—Alguna vez, pero no usé mis poderes. No soy tan cruel ni cobarde. —Sonreí.

—Entonces tampoco se diferencia tanto de lo que he hecho yo. Tú te dedicabas más al vandalismo, esa es la diferencia. No somos tan diferentes, como ya te dije.

Lo abracé con fuerza, temblaba un poco, cosa normal. Ambos lo habíamos pasado mal en el pasado, pero supimos seguir adelante. Puede que no de la mejor manera, eso lo admito, aunque también creía que podíamos empezar de nuevo. Aún estábamos a tiempo de arreglar las cosas. Había recuperado la esperanza.

—No quiero volver a sentirme así nunca—murmuró.

—Yo tampoco—coincidí enterrando la cara en su hombro.

—No nos volverá a pasar, ¿verdad?—Preguntó esperanzado—. Ahora estamos todos juntos y nada va a separarnos.

—Eso espero—susurré.

Las respiraciones de ambos volvieron a la normalidad; estábamos un poco más calmados. Aun así nos mantuvimos abrazados. En ese momento necesitábamos el contacto humano.

—Gracias—dije al cabo de unos segundos—, por contármelo. Sé que no te gusta hablar de ello.

—Bueno, te pones muy pesada... —Respondió en broma separándose un poco. Las cosas volvían a la normalidad poco a poco.

—Idiota—respondí riendo dándole un suave puñetazo en el hombro. Él rió.

—Yo también te agradezco que me hayas contado lo tuyo—dijo sonriendo.

Volvimos a dejarnos caer sobre la cama, pero esa vez sin nada que nos hiriese. Sin secretos o miedos. Estábamos en paz con nosotros mismos.

—Al final que nuestros padres fueran unos gilipollas ha tenido sus cosas buenas, ¿no crees?—Inquirí más animada.



Miriam Ara

#4282 en Fantasía

En el texto hay: amor, amistad, poderes

Editado: 20.06.2019

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