Poderosos

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Capítulo 27.

<<Eres un murciélago>>. Eso fue lo que dijeron mis amigos después de la última sesión de entrenamiento con nuestros poderes. Esa vez fue algo diferente, me vendaron los ojos y comprobaron cómo me desenvolvía usando solo mis oídos.

¿Resultado? Mis orejas funcionan como mis ojos, por así decirlo. Esquivé todos los obstáculos a la perfección, reconocí a todo el mundo por su voz e igualmente podía distinguir las ondas. Por eso decían que era como un murciélago. La conclusión final fue que aunque me arrancasen los ojos no tendría ningún problema, pero claro, les tengo cierto apego, más que nada porque están en mi cara y me gusta ver las cosas... Manías mías.

El lado bueno es que no comenzaron a llamarme <<Batman>>, <<Batwoman>> ni nada parecido. Aunque Izan siguió llamándome Radiofrecuencia... No me importaba, sinceramente. Yo continué con su apodo de Peter Pan.

Aunque mi hazaña no fue lo único que captó la atención ese día. Dos hermanos la liaron bien, pero al menos fue entretenido de ver.

Se llevaban un año de diferencia y no paraban de chincharse cada vez que tenían la oportunidad. El mayor tenía trece años y contaba con el poder de superfuerza, el otro supervelocidad. Imaginaros las que liaban... Aunque la mayoría de las veces siempre era el mayor quién empezaba. Típico.

Al final los de seguridad tuvieron que separarlos y ponerles las pulseras. Eso no impidió que dejaran de picarse. Usaban cualquier excusa, los deberes, algún juego, la comida... Lo que fuera. Cosas de hermanos.

Poco después de esa revuelta fuimos llamados al despacho del agente Gutiérrez. A saber qué querría ese pesado.

—¿Has vuelto a liarla?—Inquirió Mia con cierta burla mientras íbamos al lugar indicado.

—Esta vez creo que no. He sigo una niña buena—respondí con mi mejor sonrisa inocente.

Los dos chicos se echaron a reír, como si no se lo creyeran. No sabía si sentirme alagada u ofendida.

—Vosotros reíros, que el día que os despertéis con el pelo verde me retiré yo—les advertí con una sonrisa maliciosa antes de entrar en el despacho.

El agente Gutiérrez nos ofreció asiento, como siempre. Aunque mantuvo su carácter serio.

—No he hecho nada, que conste—dije antes de que hablase.

—Eso sí que es una novedad—comentó el hombre—, pero no os he llamado por eso.

—¿Qué sucede?—Preguntó Roc algo preocupado—. ¿Es algo malo?

—No, tranquilos—nos tranquilizó—. En realidad es algo bueno, o al menos eso creo.

Los cuatro nos miramos atónitos y confusos. ¿Qué querría decir con eso?

—Vamos a hacer una excepción con vosotros debido a vuestra gran cooperación—comenzó a decir con las manos entrelazadas sobre la mesa—. Además, esta <<excepción>> también formará parte de un pequeño experimento.

—¿Qué clase de <<experimento>>?—Inquirió Mia con una mueca.

—Podréis salir durante doce horas, actuar como personas normales y después informarnos sobre cómo han ido las cosas. —Dios mío, ¿había dicho lo que creíamos que había dicho?

—¿Perdón?—Murmuró Izan sorprendido—. ¿Ha dicho que podríamos salir? ¿Fuera? ¿A la calle? ¿Sin misión?

—Sí, claro—respondió el agente Gutiérrez como si fuera evidente.

—Vale, ¿qué clase de droga le han echado esta mañana en el café?—Le pregunté—. Porque está claro que usted no diría algo semejante a menos que estuviera colocado... —Me llevé un codazo por parte de Izan.

—Id con Alicia, ella se encargará de prepararos—contestó ignorando mi comentario, pero sin apartar la mirada de mí.

Nos levantamos y fuimos en busca de la mujer muy emocionados. Por fin podríamos salir sin tener que estar en una misión.

Una vez que estuvimos vestidos con ropa normal nos dieron una serie de instrucciones: pasar desapercibidos, nada de poderes, intentar no hacer demasiado contacto con nadie del exterior, informar sobre la experiencia... Y bla, bla, bla. ¡Quería salir ya!
                        ****
—¿Y qué hacemos?—Pregunté una vez que estuvimos fuera.

Era increíble, tanto tiempo esperando por salir y cuando teníamos la oportunidad no se nos ocurría el qué hacer.

—Vayamos a un parque—sugirió Mia. Los tres la miramos—. Cuando era pequeña, mis padres siempre me llevaban al parque, pero llevo años sin ir... —Su tono se volvió melancólico.

—Vamos al parque—dijo Roc con una sonrisa amable.

Nos tiramos en la hierba. Dios, hacía tiempo que no la olía, que no la sentía bajo mi piel. La sensación era muy agradable.

Los cuatro pudimos respirar hondo, nos sentíamos relajados, tranquilos, como si nada pudiera estropearlo.



Miriam Ara

#4277 en Fantasía

En el texto hay: amor, amistad, poderes

Editado: 20.06.2019

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