Poderosos

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Capítulo 28.

—¡Izan!—Grité asustada; sangraba mucho.

—¡Roc, llama a la organización y diles que manden ayuda!—Chilló Mia a mi lado.

El de piel morena ya tenía el móvil en la mano cuando se lo dijo.

Mia y yo tratamos de parar la hemorragia, pero era demasiada sangre y no teníamos nada con lo que ayudarle. Así que me quité la camiseta y la usé para taponar la herida todo lo que pude; estaba en un costado.

—¿Por qué lo has hecho?—Le pregunté con lágrimas en los ojos—. Esa bala era para mí.

—Porque te quiero—respondió con dificultad. Su respuesta no me hizo sentir mejor.

Por suerte la ayuda llegó enseguida. Unos médicos bajaron de la furgoneta y le atendieron rápidamente.

Cuando llegamos al centro le llevaron al quirófano. (Sí tenían uno por si las moscas).

Roc, Mia y yo nos quedamos fuera, preocupados mientras esperábamos que todo saliera bien. Mis dos amigos rezaban. Yo tan solo me quedé en silencio, mirando mis manos manchadas de sangre.

—Sé que estáis preocupados, pero que estéis aquí no va a ayudarle—dijo el agente Gutiérrez—. Lo mejor será que os deis una ducha. —Miró la sangre seca que nos cubría—. Y tú que te pongas una camiseta. —Me señaló.

—Tengo prioridades más importantes que cubrirme el sujetador—le respondí de mal humor—. Hice lo posible para evitar que se desangrara. Siento mucho no ser un tío y tener un par de tetas.

Me levanté de mal humor y fui a lavarme la sangre seca, pero cuando me vi en el espejo no pude evitar golpear el lavabo con fuerza. Me sentía culpable e impotente. Izan se moría por mi culpa y no podía hacer nada para salvarle. No era justo.

Me puse una camiseta y fui a buscar al agente Gutiérrez. Necesitaba saber algo de vital importancia.

Entré sin llamar, cosa que no le hizo ni pizca de gracia.

—¿No sabes llamar a la puerta?—Me preguntó molesto.

—No cuando alguien importante para mí se muere—contesté seria.

—¿Qué quieres?—Inquirió manteniendo la paciencia.

—¿Se sabe ya quién disparó?—Pregunté impaciente mientras tomaba asiento.

—Eso es información confidencial—contestó con las manos entrelazadas sobre la mesa; un gesto muy suyo.

—Me importa una mierda su información confidencial—comencé a decir de mal humor—. Ese tiro iba para mí, pero Izan me salvó y ahora se debate entre la vida y la muerte. Así que tengo derecho a saber por qué querían matarme. —Sonrió cínicamente.

—¿De verdad no te lo imaginas? ¿Nunca han intentado matarte?—En ese momento caí—. Esa expresión me dice que sí.

—¿Cómo me encontró?—Quise saber.

—Estamos investigando, pero creemos que tal vez te viera en alguna misión... —Supuso.

—Gracias por la información. —Me levanté lista para irme por la puerta mucho más culpable que antes.

Sabía de quién se trataba, un hombre peligroso al que jodí cuando estaba en la calle. Conseguí información sobre él y se la vendí a quién me la pidió. ¿Resultado? Se cabreó bastante, se enteró de que fui yo e intentó matarme más de una vez. Tuve que marcharme.

Si había sido él, todo eso era culpa mía. Izan se moría por mi culpa.
                       ****
—¿Cómo está?—Preguntó Mia cuando el cirujano salió.

—Hemos sacado la bala, pero tenemos una mala noticia—informó. Nuestras caras palidecieron—. Su hígado está destrozado, necesita un trasplante.

<<Mierda, mierda, mierda>>.

—Pues hágaselo, ¿no?—Dijo la de pelo rosa como si no hubiera inconveniente.

—No tenemos hígados—respondió el cirujano.

—¿No se puede hacer nada? Tal vez algún hospital tenga—sugirió Roc de brazos cruzados.

—No es tan sencillo—comenzó a decir—. Vuestro ADN es diferente al resto, vuestros poderes lo cambiaron, así que no le serviría uno normal...

—¿Y ya está? ¿Nos vamos a rendir sin más?—Quise saber frustrada—. ¿Dejaremos que muera después de todo?—Me llevé las manos a la cabeza.

<<Tantos chicos con poderes aquí y ningún puto niño tiene la habilidad de curar... —Pensé—. ¿De qué coño sirven nuestros poderes si no podemos salvar a los que queremos?>>.

—Hay una posible solución—dijo, y nuestras caras se iluminaron—. Según unos últimos estudios, hemos descubierto que todos los que tenéis poderes sois compatibles. Así que, es probable que cualquiera pueda donarle un trozo de hígado, pero no estamos seguros de que funcione.

Los tres nos miramos, esa era la oportunidad que necesitábamos para salvarle. Aún había esperanza para Izan.



Miriam Ara

#4324 en Fantasía

En el texto hay: amor, amistad, poderes

Editado: 20.06.2019

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