Poderosos

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Capítulo 29.

—¿Estás segura de lo que vas a hacer?—Me preguntó el cirujano por décima vez.

—Sí—respondí por décima vez también.

—Podrías morir en el proceso, lo sabes, ¿no?—Me dijo despacio, como si me costase pillarlo.

—Si eso me sirve para salvarle la vida, lo haré—contesté convencida. No me daba miedo morir, me daba miedo que muriese él.

—Nos pondremos con las pruebas ahora mismo—sentenció.

Antes de que se fuera lo llamé:

—¡Espere!—Se giró—. No le diga a Izan nada acerca del hígado que voy a donarle.

—No creo que haga falta, tenemos la sospecha de que vuestro organismo se recupera mucho más rápido que el nuestro, por lo que no creemos que necesite inmunosupresores ni nada parecido. Hará vida normal en seguida. No tiene por qué enterarse. —Suspiré aliviada.

Después comenzaron una serie de pruebas para comprobar si mi hígado servía. Yo solo podía pensar en lo que le podía quedar a Izan de vida.

Finalmente pasé todas las pruebas y ya estaba lista para que me abrieran en canal. Aunque antes tenía una cosa que hacer.
                           ****
—No dejaré que mueras—le susurré a Izan, quien no estaba consciente—. Te debo y quiero demasiado. Me has enseñado muchas cosas. —Suspiré—. Voy a devolverte el favor.

Me acerqué a él y uní mis labios a los suyos en un último beso. Pasase lo que pasase, yo debía alejarme de él. Por su bien, por el de todos.

Después me marché a la habitación contigua, dónde me estaban esperando.

—Ya estoy lista—les dije a los cirujanos.

Me tumbaron en una camilla para llevarme al quirófano. Estaba nerviosa, ¿para qué negarlo? Tantos médicos, esa potente luz, los instrumentos... Aunque pronto todo dio igual. Me pusieron una mascarilla, conté hasta diez hacia atrás y me quedé profundamente dormida.
                         ****
Me sentía muy rara y todo me daba vueltas. Era lo normal al despertar de una anestesia. Al menos no me dolía por el momento. Sin embargo, aún no me quedaba tranquila, necesitaba saber que Izan se iba a poner bien.

Llamé a una de las enfermeras, la cual me hizo el favor de ir a por el cirujano.

—Todo ha salido bien, no te preocupes—me tranquilizó—. Lo mantendremos sedado unos días para que se recupere antes.

—Gracias—le agradecí—, por salvarle.

—Yo tan solo he hecho una operación, bueno, dos—aclaró—. Tú eres la que se ha sacrificado. Tú le has salvado. —Sonreí levemente.

No lo veía así. Yo le había puesto en peligro y tan solo me estaba asegurando de que viviera. En cierto sentido solo le estaba devolviendo lo que le había quitado.
                            ****
Los días fueron pasando. Tal y como había dicho el cirujano sané muchísimo más rápido que una persona normal, por lo que en seguida estuve en mi habitación.

Al parecer nuestro organismo contaba con anticuerpos que nos protegían de cualquier enfermedad o infección. Además de unas plaquetas capaces de cicatrizar cualquier herida mucho más rápido que las de una persona normal.

Sin embargo, eso no nos hacía invencibles, como ya habréis podido comprobar. Si nos disparaban necesitábamos ayuda médica, pero estaríamos perfectamente funcionales en menor tiempo y sin secuelas. Era algo increíble.
                           ****
Izan despertó, pero no fui a verlo ni una sola vez. No podía si quería alejarme de él para mantenerlo a salvo. Lo peor era que había preguntado por mí todos los días. Roc y Mia me lo dijeron.

Tuve que hacer gala de toda mi fuerza para no correr a verle, para no decirle lo mucho que sentía haberle puesto en peligro. Tuve que contenerme porque pensaba que era lo correcto, lo mejor para todos.

No me gustaba lo que estaba haciendo. Volver a como estaba antes de llegar allí no era fácil. Me había acostumbrado a estar acompañada y estar sola de nuevo era un golpe duro, muy duro.

Aunque las cosas se pusieron difíciles cuando a Izan le dieron el alta y me lo encontré en el pasillo. No me dejó escapar. Juro que intenté darle esquinazo, es más, me heché a correr, pero el muy cabrón consiguió atraparme.

—¿Por qué corres?—Preguntó confuso.

—¿Por qué el agua moja? Nunca lo sabremos—contesté rápidamente en un intento desesperado por marcharme; no funcionó.

—¿Qué dices?—Inquirió con confusión—. ¿Te pasa algo? Estás rara, más de lo normal.

—Estoy estupendamente—mentí.

—No hemos hablado desde lo del... <<Imprevisto>>. —No supo cómo llamarlo—. Tampoco has venido a verme. Me han dicho que no te encontrabas bien, pero no me lo creí. Sé que te pasa algo. ¿Estás bien?—Me hablaba con tanta compresión y dulzura que tuve que hacer muchos esfuerzos para no llorar ahí mismo.



Miriam Ara

#4323 en Fantasía

En el texto hay: amor, amistad, poderes

Editado: 20.06.2019

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