Poderosos

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Capítulo 31.

Izan.

Toda esa situación me estaba volviendo loco. Me sentía algo apartado desde que me dispararon. Melodía se alejó de nosotros sin dar explicaciones, pero para colmo Roc y Mia sabían algo y no querían decírmelo.

Todos los días me acercaba al cuarto de Melodía y llamaba a su puerta. No me abría. No quería presionarla demasiado ni tampoco acosarla, ella podía hacer lo que quisiera con su vida, era libre. Aunque tampoco pensaba desistir completamente. Melodía me importaba, la quería, y necesitaba saber que estaba bien, el motivo de su comportamiento. Además, en ningún momento me había dicho claramente que la dejase en paz. No iba a perder la esperanza.
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—No me vas a abrir, ¿verdad?—Le pregunté a Melodía desde el otro lado de la puerta. Una vez más, no contestó—. Si quieres que te deje en paz, que deje de luchar por ti, solo dímelo. Dime que ya no te importamos y no volveré. Hasta entonces no pararé. —Rezaba para que no dijera nada, cosa que sucedió.

Espere unos minutos más, por si decía algo. El silencio continuó reinando.

—Habla conmigo, por favor—le dije antes de marcharme.
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Continuamos con nuestros quehaceres, como si nada hubiera pasado, incluida Melodía, solo que ella iba por su cuenta.

Entrenábamos y cumplíamos con nuestras misiones. Que no estuviéramos bien emocionalmente no era motivo para perjudicar a inocentes. Sabíamos dejar a un lado nuestros sentimientos.

Aun así, entre nosotros las cosas eran diferentes. Podía ver las expresiones de mis amigos; ellos también estaban dolidos, pero al menos no tenían la confusión con la que contaba yo. En cierto sentido contaban con ventaja.

Siempre duele ver cómo alguien que te importa corta su relación contigo de repente, más cuando no te dan explicaciones. Eso me pasaba a mí.

Esa situación me quitaba el sueño de nuevo. No habían vuelto mis pesadillas, pero me carcomían mis pensamientos. Mi cabeza no paraba de formar preguntas y teorías absurdas que me impedían dormir con normalidad. Me solía pasar cuando estaba preocupado.

Pasé una mano por las sábanas; estaban frías sin ella. Ya me había acostumbrado a su presencia, a su calor.

Antes de conocerla pensaba que con mis amigos ya estaba completo, que no necesitaría a nadie más. Ellos eran mi pequeña familia, pero cuando apareció supe que iba a complicar las cosas. Y lo hizo. Aunque no contaba con enamorarme de ella.

Me puso patas arriba el corazón cuando comencé a conocerla, a darme cuenta de cómo era en realidad. En esos momentos lo había vuelto a hacer, tenía el corazón del revés, pero por motivos muy diferentes.

Nunca tuve miedo a expresar lo que sentía, tal vez por eso lo pasé tan mal en el pasado. Tal vez por eso me engañaron como a un tonto y me utilizaron. Ansiaba tanto sentirme querido que no pude ver la realdiad. Todos cometemos errores.
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—Me parece que ya has mutilado lo suficientemente a ese pescado—me comentó Mia al ver como no dejaba de pinchar mi comida—. Puede que esté muerto y ya no sufra, pero déjale algo de dignidad al menos.

—Perdona, estoy algo distraído—respondí mientras me llevaba una pinchada de migas de pez a la boca.

—Lo hemos notado, tranquilo—contestó Roc en broma. Agradecí ese gesto, llevaba algo de tiempo sin hacer ninguna—. Todos lo estamos, por si no lo has notado. —Soltamos un suspiro conjunto.

Melodía pasó relativamente cerca de nuestra mesa. Tenía la cabeza agachada, para no hacer contacto visual con nuestros ojos y por su expresión diría que no estaba muy animada. No tenía esa chispa de la que me enamoré. Me preocupaba que la hubiese perdido, ya que formaba parte de ella.

—No eres el único que la extraña, y te juro que cuando llegó jamás pensé que diría esto, pero... Quiero que vuelva con nosotros—dijo Mia con tono triste, se la veía decaída.

—Es duro ver a quién quieres desde lejos, sin poder tener contacto—comentó Roc.

Él tenía experiencia en eso. Cuando tuvo que abandonar a su familia la visitó al principio sin que lo supieran, desde la distancia, pero lo acabó dejando porque le causó demasiado dolor.

—Contadme lo que le pasa, por favor—les volví a pedir—. Así me sentiré mejor.

—Nos hizo prometer que no lo haríamos—dijo el de ojos claros. Mia se mantenía callada; odiaba los secretos.

La de ojos dorados era la que peor lo estaba pasando. Es más, me jugaría el pelo a que se estaba mordiendo la lengua para no contar nada. Tendría que jugar sucio si quería respuestas. Era también por su bien, que conste. Guardarse secretos no le hace ningún bien a nadie.

—Tal vez se haya hartado de nosotros—comencé a decir con tono triste—. Quizá haya vuelto a ser la que era antes y ya no le importemos. —Mia ya empezaba echar humo por las orejas.



Miriam Ara

#4326 en Fantasía

En el texto hay: amor, amistad, poderes

Editado: 20.06.2019

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