Poderosos

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Capítulo 32.

 

Volvía a correr por los pasillos. La gente había comenzado a hacer apuestas y todo. Lo más probable es que apostasen en mi contra los muy cabrones.

Izan volvía a perseguirme, pero en esa ocasión tenía el presentimiento de que no iba a dejar las cosas estar.

Me alcanzó en seguida y nos metimos en la primera habitación que pillamos, pero como había gente dentro tuvimos que cambiar de cuarto.

—Lo sé todo—dijo con tono serio.

—Tendrás que especificar un poco más—respondí para salir del paso.

—Lo del hígado, el motivo de tu extraño comportamiento... Todo—contestó con cierta... ¿Angustia? No sabría describirlo. Aunque no parecía enfadado.

—Ha sido Mia, ¿verdad?—Él asintió—. Recuérdame que le cosa la boca la próxima vez que la vea... —Murmuré.

Oía el corazón de Izan; latía deprisa, por lo que estaba nervioso.

—¿Por qué has hecho una cosa así?—Quiso saber.

—Creía que os mantendría a salvo, al menos no os pasaría nada por mi culpa—respondí con sinceridad.

Yo no podía controlar todo lo que pasaba, pero si podía evitar algo lo haría.

—¿Acaso pensaste en nuestros sentimientos?—Inquirió algo molesto—. ¿En cómo nos sentiríamos al verte salir de nuestras vidas?

—Los sentimientos no os protegerán—me limité a responder.

—No puedes guiarte por algo que solo ha pasado una vez—dijo negando con la cabeza—. No es justo. Tenemos derecho a elegir.

No dije nada al respecto. No sabía que decirle.

—Tal vez nosotros prefiramos estar contigo a que trates de "protegernos". —Hizo comillas con los dedos.

—Sabes que jamás me perdonaría que os pasase algo por mi culpa. —Apreté los labios.

—No nos tiene que pasar nada, eso fue una coincidencia—trató de convencerme.

—Cabreé a bastante gente, pero pensaba que ya lo habrían olvidado... Está claro que no—me lamenté—. Nunca pensé que pasaría esto, de verdad.

—Lo sé—susurró—. Y eso no hace deje de quererte, por ese motivo me interpuse entre la bala y tú. No te sientas culpable por ello. —Se me escapó una lágrima—. Además, aún no he tenido la oportunidad de agradecerte que me salvaras... —Ambos sonreímos levemente.

—Te lo debía y jamás te habría dejado morir—confesé—. Te quiero.

—Pues no te alejes—dijo como si fuera lo más fácil del mundo—. Escucha, todo el mundo se morirá en algún momento, por eso es importante aprovechar el tiempo al máximo con las personas que nos importan. No me importa <<arriesgarme>> si a cambio puedo estar contigo. —Vi unas lágrimas resbalar por sus mejillas.

Le abracé. Me aferré a él con fuerza y enterré la cara en su pecho. Dios, lo había echado tanto de menos. Extrañaba su olor, su calor... Todo. Me sentí casi completa en ese momento. Una vez más.

—Lamentamos interrumpir—intervino Mia desde la puerta con los brazos cruzados—, pero esto también tiene que ver con nosotros... ¿Verdad, Roc?—Miró a su compañero.

—Cierto, aquí todos queremos que Melodía vuelva. —Me sonrió, acto que yo le correspondí.

—Sois unos cabrones—respondí riendo y llorando a la vez. 

—Así nos quieres—dijo Izan encogiéndose de hombros.

Tenía toda la razón del mundo.

—Entonces... ¿Eso significa que vas a dejar de hacer el gilipollas y dejarás de alejarte?—Inquirió Mia con sorna, pero pude ver que se estaba riendo.

—¿Vais a dejarme otra opción?—Contesté a modo de pregunta.

—Ya sabes que no—respondió el de piel morena—. No nos importan los riesgos de los que hablas.

—Si nos dejáramos llevar por el miedo nunca haríamos nada—comentó Mia—. Si quieres librarte de nosotros, tendrás que matarnos—bromeó y reímos.

No hicieron falta más palabras. Los cuatros nos fundimos en un abrazo que me hizo comprender cuánto los había extrañado. Estábamos los cuatro de nuevo juntos, y eso cuanto necesitaba, entonces lo comprendí.

Por fin me sentí completa.

                                                     ****

—A mí aún hay algo que no me cuadra—comentó Mia durante la comida.

Solo habían sido unos días, (poco más de una semana, para ser exactos), pero había extrañado el comer con ellos.

—¿A ti te cuadra algo en esta vida?—Preguntó Izan con burla. Ella le tiró una bolita de papel.

—En esta no, tal vez en la siguiente—respondió ella con el mismo tono.

—Dispararos después, ahora termina tu frase—intervine yo en broma. Mia me dedicó una miradita.



Miriam Ara

#4310 en Fantasía

En el texto hay: amor, amistad, poderes

Editado: 20.06.2019

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