Poderosos

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Capítulo 6.

Había llegado el mejor momento de todos. ¿Lo adivináis? Hacer ejercicio. Estábamos en una sala que era similar a un gimnasio, con máquinas incluidas.

No es que fuera un desastre en los deportes, (estaba en mejor forma física que una persona normal), pero tampoco había tenido la oportunidad de entrenar con esa maquinaria... Por lo que la cosa prometía bastante.

Unos cuantos agentes encargados de vigilar que no nos matáramos o tratáramos de escapar se mantenían firmemente erguidos en diferentes puntos, pero no decían absolutamente nada. Era como si fueran máquinas perfectamente programadas. Es más, yo tenía la teoría de que eran en realidad robots, aunque Izan tiró por tierra mi teoría... Maldito aguafiestas.

Así que, tras una breve explicación por parte de Mia sobre cómo funcionaban las máquinas, traté de hacer el ejercicio. Aunque, claro, su explicación no fue de mucha ayuda... Más que nada, porque solo incluía las palabras <<poner peso>> y <<levantar o tirar>>. Gracias por tu ayuda, Mia.

Por suerte no tuve ningún problema con las máquinas, pero la cosa se complicó a la hora de usar pesas, mancuernas o al hacer según que ejercicios... ¿Resultado? Me hice daño en un hombro. Gracias otra vez, Mia.

—Veo que estás teniendo algunas dificultades—comentó Izan con una sonrisa burlona.

—Y yo que eres muy obvio—contrataqué—. No tendría <<dificultades>> si la encantadora de tu amiga se explicase un poco mejor... Nadie va a multarla por usar palabras de más, ¿sabes?—Él rió brevemente.

—Mia es de pocas palabras, aunque tampoco puedes culparla... Lo ha pasado mal y es más joven que nosotros—comenzó a decir—. Solo tiene dieciséis años.

—Eso no es excusa.

—Puede que no, pero la hace sentirse un poco más... Impotente. —Lo medité por un momento.

—Yo también lo he pasado mal—respondí por lo bajo para después añadir—: Y Roc. Y tú. —Lo señalé, cosa que le sorprendió.

—Eso no puedes saberlo. —Su voz se volvió un poco más seria.

—Lo veo en vuestra mirada. No sois tan difíciles de leer... —Contesté en el mismo tono que él.

—No hablamos de eso—añadió rápidamente. —Será mejor que sigamos entrenando.

Yo coincidí en eso. Lo último que me faltaba era volver a discutir... Eso no aceleraría las cosas, tan solo las retrasaría. Así que, tras la más clara explicación de Izan conseguí hacer los ejercicios en condiciones. O al menos sin correr el riesgo de fastidiarme el brazo. Era un avance.

Mientras tanto no paraba de recordarme a mí misma por qué hacía eso: para encontrar la verdad y salir de allí cuanto antes. Era lo único que me importaba en ese momento, y no tendría inconveniente en llevarme por delante a todo el que se interpusiera.

No era trigo limpio ni muy noble por mi parte, pero si algo había aprendido tras mis años de experiencia tratando de sobrevivir en el mundo, era a luchar por mí. A mirar por mí, pues no siempre habrá gente a nuestro lado dispuesta a sacarnos de problemas, a levantarnos de nuestras caídas y a curar las heridas. Debemos aprender nosotros solos.
                  ****
Me dolía el cuerpo. Las agujetas eran más horribles de lo que recordaba... Supongo que llevaba demasiado tiempo sin tenerlas. Podía sentir como si me estuviesen abriendo por dentro cada vez que me estiraba o hacia ciertos movimientos. Sin embargo, no permití que el dolor me venciese.

—¡Hey, Melody! ¿Cómo van esas agujetas?—Preguntó Izan dándome un golpe en el brazo, lo que hizo que me ardiera.

Yo hice una mueca y ahogué un grito.

—Primero: me llamo Melodía, no <<Melody>> y segundo: ¿Quieres saber lo que se siente cuando te abren en canal? Porque podría demostrártelo, y estaría encantada—respondí terminando con un gruñido. Él tan solo se rió.

—No seas así, Izan, ya sabes que le duele—contestó el encantador ángel de piel oscura.

<<Gracias, Roc, eres el único que me entiende>>.

—Te doy cinco euros si vuelves a pegarle—le dijo la encantadora Mia a Izan mientras dejaba su bandeja sobre la mesa con un golpe.

—Y yo te doy diez si haces que se calle—le dije al susodicho con una falsa sonrisa.

—¿A caso tienes diez euros?—Quiso saber el rubio.

—Ahora mismo no, pero lo podría conseguir—aseguré pinchando un trozo de carne.

—¿Cómo?—Inquirió con una sonrisa pícara.

—Si te lo dijera el misterio desaparecería, y con él tú interés—contesté con una sonrisa pícara, pero no añadí nada más tras meterme otra pinchada a la boca.

Izan arqueó las cejas a modo de sorpresa, Roc ocultó una sonrisa y Mia... Tan solo fue Mia.

—Bueno... He oído que pronto nos asignarán una nueva misión—comenzó a decir Roc—. Tal vez puedas participar, desde aquí, claro. —Me miró.

—Llevo muy poco tiempo aquí, no creo que me dejen... —Respondí con duda.

—Estás en nuestro grupo, seguro que puedes—aseguró Izan con confianza.

—¿Tan geniales sois?—Cuestioné con burla.

—Mejor que tú, seguro—contestó Mia de mala manera. Yo decidí hacer oídos sordos a palabras necias. Era lo mejor.

—Lo que Izan quiere decir—comenzó Roc mientras le lanzaba una mirada a la de pelo rosa—, es que somos de los que más tiempo llevamos, por lo que confían en nosotros plenamente.

No sabía muy bien cómo digerir eso, es decir, ¿de verdad pensaban que les contaban todo? Sí que eran ingenuos. La organización—o lo que fuera eso—jamás revelaría semejante información, mucho menos a unos críos.

Aunque a pesar de todo decidí mantener mi bonita boquita cerrada, más que nada para ahorrarme algún que otro problema...

Si ellos veían que no estaba de acuerdo con eso, podrían comenzar a desconfiar de mí, justo cuando trataba de ganarme su confianza... Iba a ser inteligente.

—Muy bien, favoritos de la organización—dije con burla—. ¿Cuándo empezamos con esa misión secreta que os han agenciado porque se fían de vosotros?—Sus miradas decían: <<¿En serio?>>.



Miriam Ara

#2706 en Fantasía

En el texto hay: amor, amistad, poderes

Editado: 20.06.2019

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