Poderosos

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Capítulo 10.

Volvía a estar en el despacho del agente Gutiérrez por... ¿Séptima vez? Ni idea, ya había perdido la cuenta. A ese paso la gente iba a pensar que me gustaba, o peor, que me lo tiraba... Lo cual me causaba una mezcla de repulsión y asco.

Pero volviendo al tema principal, esa vez me habían llamado por buenas noticias al parecer. Tras unas cuantas semanas de buenas acciones y ayudas en misiones, (siempre desde dentro, obviamente) por fin había conseguido que de fiaran de mí.

—Tengo buenas noticias para ti, Melodía—comenzó a decir el agente Gutiérrez.

—¿De verdad? Estoy impaciente por oírlas—respondí fingiendo intriga, pues ya me imaginaba lo que me iba a decir.

—Has progresado notablemente en estas últimas semanas, por lo que hemos decidido darte un voto de confianza—siguió, ignorando mi comentario anterior.

—Oooh, eso me enternece—dije de manera exagerada—. Sabía que le caía bien. —Él volvió a ignorarme.

No me gustaba que me ignorasen. ¡Todo lo que decía era interesante!

—Vamos a proceder a retirarte la pulsera. Esperamos que no nos decepciones—me dijo de manera muy seria

—Yo no prometo nada, pero lo intentaré. —Levanté las manos mientras hacía una mueca—. Ese voto de confianza también incluye responder a mis preguntas, ¿verdad?

—Sí, las responderé—cedió de un suspiro justo antes de quitarme la condenada pulsera. Me froté la muñeca liberada—. ¿Qué quieres saber?

—¿De dónde vienen estos poderes?—Pregunté extendiendo mis manos.

—Fue un error. Una organización ajena a la nuestra trató de hacer un medicamento para curar todas las enfermedades, pero hubo un fallo—comenzó a explicar—. Hubo un escape en el laboratorio y les causó efectos secundarios a algunas personas... Los poderes.

—¿Por qué no apareció en las noticias?—Inquirí con curiosidad.

—El gobierno se ocupó de que la noticia no llegase a los medios para evitar alarmar a la población.

—¿No intentaron darles caza cuando se dieron cuenta?—Pregunté sin creérmelo del todo.

—Pillaron a algunos, pero no a todos—contestó un poco molesto de que preguntase tanto.

—¿Qué le pasó al resto?

—¿Nunca te han dicho que haces demasiadas preguntas?—Me cortó.

—Sí, pero me la suda—respondí como si nada.

—Es bueno saberlo. —Creo que lo dejé un poco descolocado—. ¿Tienes alguna pregunta más?

—¿Eso es todo? ¿El origen de nuestros poderes es ese? ¿Un fallo?—Debía reconocerlo, me sentía decepcionada ante esa respuesta. Aunque había algo que no terminaba de cuadrarme...

—Me temo que sí, aunque creo que te gustará saber que estamos trabajando en una cura. —No me agaché a recoger mi mandíbula del suelo porque habría hecho el ridículo, pero se me debió de caer al escuchar eso.

—¿Cómo?—Conseguí pronunciar.

—Queremos daros la vida que os merecéis; una normal. Podemos lograrlo—dijo con tono emotivo, tratando de convencerme—. Conseguiremos curarte.

—<<¿Curarme?>>—Repetí ofendida—. Yo no estoy <<enferma>>, no me pasa nada malo.

—No pretendía decirlo de ese modo—se disculpó—. La mayoría de los chicos desean con todas sus fuerzas ser <<normales>> para ser aceptados, dejar de esconderse.

—Yo no quiero ser <<normal>>, quiero ser yo misma, al completo. Con mis defectos y virtudes.

>>No hay que cambiar a la gente <<diferente>> para que encaje con el resto del mundo. Hay que hacer que el mundo acepte a los <<diferentes>>.

Y una vez que di mi discurso, el cual no estaba preparado, ¡lo juro! El agente Gutiérrez habló, sorprendiéndome por completo.

—Ha sido un discurso muy inspirador, pero ¿de verdad piensas que eso no me iba a impedir ver cuál era tu plan desde el principio?—Preguntó con tono serio e intimidatorio.

—¿A qué se refiere?—Inquirí manteniendo la calma, como me habían enseñado en la calle.

—Pretendías conseguir que confiásemos en ti para librarte de la pulsera y conseguir respuestas. Después pretendías largarte. ¿Me equivoco?—Yo no respondí—. Tu plan ha fracasado. Te creía por una chica más lista... ¿En serio creías que todo iba a ser tan fácil?

—Sabía que no me diría la verdad sobre el origen de los poderes, ya me lo esperaba—contesté con soberbia cruzándome de brazos.

—Ahí te equivocas, te he dicho la verdad.

—¿Porque es generoso?—Me burlé. A él se le hinchó la vena de la frente. Al final le acabaría poniendo nombre.

—No, porque creo que eres lista. —Colocó los brazos sobre la mesa.

—Gracias por el cumplido—respondí con sorna.

—Si te paras a meditarlo sacarás mucho más colaborando con nosotros. —Eso captó mi atención.

—Siga hablando. —El agente Gutiérrez sonrió orgulloso de sí mismo.

—Si te quedas ya no tendrás que huir, ni robar, dejarás de ser una fugitiva. Nadie te buscará, no te faltará comida o un techo. Lo único que tienes que hacer son trabajos para nosotros, parecido que hacías antes, pero con las espaldas cubiertas. Además de que responderé a todas tus preguntas siempre que quieras y no harás daño a nadie—terminó de explicar—. Es un buen trato, ¿no crees?

—¿Y puedo irme cuando quiera?—Pregunté con interés.

—Por supuesto—aseguró.

—Contad conmigo—contesté con una sonrisa de cómplice.

El agente Gutiérrez parecía muy satisfecho con mi respuesta. Visto así yo salía ganando, puede que no pudiese hacer vida <<normal>>, pero es que yo no era para nada <<normal>>. Aunque lo bueno es que no volvería a pasar hambre ni me perseguirían. Tampoco acabaría en la cárcel, otra vez. Y siempre tendría un lugar donde dormir. Lo creáis o no, la cama y el techo fueron unos inventos maravillosos...

Además, por lo que me contaron Izan y el resto no le hacían daño a nadie. No eran asesinos a sueldo, tan solo evitaban grandes problemas, como el asunto del terrorista.

Vale, puede que yo no fuera un ángel, pero como ya dije, no era fan del sufrimiento ni de la muerte innecesaria. Mucho menos de inocentes. En cualquier caso yo ganaba.



Miriam Ara

#2765 en Fantasía

En el texto hay: amor, amistad, poderes

Editado: 20.06.2019

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