Polos Opuestos

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Capítulo 5

Madison: 

Eric me miraba sin salir de su asombro. Los ojos estaban abiertos de par en par y su boca estaba ligeramente abierta. Tenía una expresión muy cómica. Si la situación hubiese sido otra, habría reído. 

Yo, por mi parte, tampoco podía creerme que él estuviese ahí, delante de mí. Vestía unos pantalones negros que le sentaban como un guante y la camisa blanca le marchaba todos los músculos. Estaba tan… ¿sexy?  

Me recriminé mentalmente. ¿Qué hacía yo pensando esas cosas? ¡Por Dios, si era el chico más mujeriego del instituto! 

—Creo que me he equivocado —dije mientras miraba la dirección que me había dado Hannah el día anterior y que yo había anotado en mi teléfono. Maldije por lo bajo al comprobar que no había sido así. 

—Estoy de acuerdo. Deberías irte —me despachó como si fuera insignificante. 

Fue a cerrar la puerta, pero una vocecita lo detuvo en seco. 

—¡No, Eric, es mi profesora! 

—¡¿Cómo?!  

Hayley se asomó detrás de Eric. El aludido se giró y me quedé asombrada al ver cómo la niña le fulminaba con la mirada. Tuve que hacer un esfuerzo sobrehumano para no reírme.  

—Lo que has oído. Déjala pasar. 

Se hizo a un lado a regañadientes y me dejó pasar. Un amplio pasillo me dio la bienvenida, al igual que toda la familia Woods. La madre de mi alumna y del idiota, una mujer muy bella que en sus tiempos de juventud debió de ser la envidia de todas las chicas, me miró asombrada. 

—¿Cuántos años tienes? —preguntó sin quitarme sus ojos zafiro de los míos. 

—Diecisiete, señora Woods. 

—Oh, no me llames así. Soy Jane y este —dijo señalando a un hombre muy parecido a Eric cuyo cabello rubio estaba cubierto de canas y quien sonreía cálidamente— es mi marido, Arthur. 

Sonreí con educación. 

—Mucho gusto. Yo soy Madison Moon. 

—Encantada. —sonrió—. Estos son mis hijos. El de la derecha es Andrew. —Señaló al niño que estaba al lado de mi alumna y que tenía un gran parecido con ella—. La que está a su izquierda es Hayley. A su lado está Dylan. —El preadolescente inclinó la cabeza a modo de saludo—. Y por último está Eric. —El muy imbécil sonrió con arrogancia, mostrando su perfecta dentadura. 

—Es un placer. 

—Créeme, el placer es nuestro. Por fin conozco a la persona de la que tanto habla mi hija. 

Me ruboricé. 

—¡Mamá! —la regañó Hayley como si hubiese desvelado el mayor de todos sus secretos. 

Todos sonreímos con ternura.  

—Dame tu chaqueta y tu bolso, Madison. Los dejaré en la sala de estar. 

Obedecí, despojándome de mi cazadora con suavidad, desvelando el vestido que llevaba. Como Hannah me había dicho que cenaría en casa de una de mis alumnas, había decidido ponerme un vestido formal de la misma tonalidad que mis ojos. 

Jane desapareció por el pasillo, llevándose consigo mi fina chaqueta de lana blanca y el bolso del mismo color. Segundos después, salió de la habitación en la que se había metido, una que se encontraba en el fondo del corredor. 

—Será mejor que empecemos a cenar —dijo Arthur cuando su mujer llegó a su altura. 

—Tienes razón —estuvo de acuerdo con su marido. 

Me guiaron hacia el comedor, el que se encontraba anexo a la cocina. Me sorprendí al ver que ya habían puesto la mesa. Un mantel color burdeos cubría la gran mesa a juego de la porcelana. Las paredes de un color gris ceniza estaban decoradas con un millar de fotografías familiares. Los muebles que decoraban la estancia eran de madera y eran de un estilo clásico precioso. 

Todos fueron a sus respectivos lugares mientras yo me quedaba de pie, vacilando. Jane me indicó que me sentara al lado suyo, teniendo a Eric enfrente, a Dylan a su derecha, a Andrew a la derecha de Dylan y Arthur encabezando la mesa. 

Jane fue a la cocina y trajo la cena: una gran bandeja repleta de lasaña de carne. El rico olor que desprendía junto con la imagen de del plato provocaron que se me hiciera la boca agua. Me encantaba la lasaña, era uno de mis platos favoritos. 



Mónica García

Editado: 19.11.2018

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