Por el destello de tus ojos

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XVI. Pasado

Capítulo XVI:
Pasado.

Muy bien, ahora lo que me faltaba manejar era el tempo, ya me había aprendido las notas pero cuando intentaba apresurar mis manos, todo se descontrolaba o tocaba la nota que no era. Ya teníamos tres semanas ensayando en conjunto y una de las que más se equivocaba era yo. Agradecía toda la paciencia que me habían tenido, sin embargo.

Decidí comenzar desde el principio, tenía la letra de la canción original en mi cabeza e intentaba que fuese de gran ayuda.

            Like a small boat, in the ocean...

Continué con las notas una tras otra, me dejaba llevar por la melodía que fácilmente se escuchaba en la habitación, el sonido del piano me transportaba a lugar donde todo simplemente estaba bien, más si era con esta canción.

Entonces fui subiendo la velocidad, los cambios comenzaron a exigir más de mi concentración.

Vamos, vamos, vamos...

Me equivoqué justo antes del final.

—No puede ser, ¿en serio, Sky? ¿En esta parte? —me reproché a mi misma y dejé que mi cabeza golpeara gusto en el lugar donde el pentagrama reposaba.

—Yo creo que vas por muy buen camino —su voz me sobresaltó.

Alcé la cabeza y miré en su dirección, allí estaba él, recostado en el marco de la puerta. Ya no me sorprendía que apareciese de repente mientras yo practicaba, eso quedó dos semanas atrás.

—Sí, pero necesito llegar lo más pronto posible al destino —respondí sin evitar sonreír.

Arick me sonrió de vuelta. Se veía tan tranquilo, calmado, alto, fuerte.

¡Auxilio, creo que voy a desmayarme!

Alzó las cejas y ladeó la cabeza, luego se separó del marco y comenzó a caminar lentamente hasta mí.

—Bueno, según mi experiencia...

Se colocó detrás de mí.

—Debes mirar la vía...

Una de sus manos reposó en mi hombro derecho y con su otra mano apartó mi cabello suelto colocándolo sobre mi hombro izquierdo.

—Y disfrutar del recorrido.

Y entonces, depositó un suave beso en mi cuello.

Mi corazón saltó emocionado en mi pecho, contuve la respiración, era demasiado para mi cordura.

—¿Y piensas llevarme por ese camino? —pregunté y mi voz fue casi un susurro.

Él dejó salir una risa suave en mi oído removiendo mis sentidos.

—Durante —sus manos pasaron lentamente por mis brazos —toda la vida, si fuese posible.

Y entonces enredó sus dedos con los míos. Este tipo de cosas no me pasaban a mí y allí estaban sucediendo desde que lo conocí. Me abrazó alrededor de los hombros con sus manos aún entrelazadas con las mías, yo giré mi cabeza hacia él con una sonrisa que seguro no cabía en mi rostro. Su mentón reposaba en mi hombro izquierdo, estaba muy cerca del mío.

—¿En serio? Porque debes estar dispuesto a correr todos los riesgos.

—Los riesgos son lo mío —dijo seguro de sí mismo.

Negué con mi cabeza sin dejar de sonreír. Luego me acerqué a su rostro y planté un beso en su mejilla.

—Esto es una metáfora, no la vida real, ¿está bien? Nada de riesgos.

Él entrecerró los ojos, negó con la cabeza y depositó un sonoro beso en mi mejilla.

—Entendido —dijo apretándome un poco más fuerte.

Luego me soltó, aunque yo no quisiese que lo hiciera, y se sentó a mi izquierda.

—Muy bien, Sky Bellamy, ¿qué sucede ahora? —preguntó tomando las partituras en sus manos.

—Ya está solucionado el problema de la mitad pero ahora lo que me enreda más es esta parte justo al final —señalé las notas.

Arick leyó con su ceño fruncido y con su mano derecha comenzó a marcar los tiempos.

Yo lo admiraba, no solo en ese momento, si no en general. Arick no sólo sabía tocar el piano, el saxofón, el violín, la guitarra y la batería, si no que todos los tocaba de la mejor forma posible, bueno quizás exageraba pero sí que era un gran músico, tenía mucho talento y si no fuese por su ayuda, no habría logrado avanzar de la mitad.

—Bien, creo que ya lo tengo —dijo colocando las hojas en su lugar.

Me moví hacia un lado para dejarle más espacio y seguido, llevó los dedos a las teclas y luego de un instante, comenzaron a moverse con agilidad. Su vista seguía enfocada en las notas pero se desplazaba por las teclas como si fuese tan fácil como respirar. Esperaba ser tan buena como él algún día.

Pero en vez de enfocarme en lo que estaba tocando, yo me fijé en su rostro concentrado.

—Listo, ahora sí lo tengo — dijo al terminar.

Yo entonces tomé su rostro entre mis manos y le di un beso en la mejilla.

—Oh, ¿qué fue lo que hice para repetirlo? —bromeó riendo y mirándome a los ojos.

—Lo que me cuesta es esperar el silencio de aquí —señalé la nota ignorando su pregunta.



OG Leghan

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En el texto hay: mente perdida, thriller

Editado: 13.01.2019

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