Por el destello de tus ojos

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XXIV. Pasado

Capítulo XXIV:
Pasado.

Estábamos en el mirador, realmente él me había traído aquí. No habíamos dicho ni una palabra en todo el camino, lo único que él había hecho era sujetar mi mano por el momento en el que notó que estaba sangrando, me había revisado y no era nada grave así que una camiseta suya había detenido el sangrado.

Me sentía mareada y confundida.

Me moví para quedar de frente a él, teníamos que hablar, algo tenía que hacer. Él había llevado una mano a su cabeza, tenía los ojos cerrados y su otra mano aún sostenía la mía.

—¿Qué ha pasado? —Pregunté dejando la camiseta caer en mi regazo — ¿Quiénes eran esos tipos? Parecían conocerte y que querían algo.

Él respiró profundo, se mordió el labio y miró a través de la ventana.

—Creo que es mejor terminar.

Me quedé estática, había sido un golpe que no esperé.

—¿Qué?

—No creo que sea bueno seguir juntos, debemos terminar.

No me miraba, su rostro estaba de nuevo inexpresivo intentando ocultar cualquier emoción. Pero yo no era tonta, sabía que esa decisión no era algo que realmente quisiera.

—No —dije firme —, por supuesto que no vamos a terminar.

Él negó con la cabeza, soltó mi mano y miró hacia el frente.

—No lo entiendes, esos hombres no van a detenerse, son mafiosos, no tienen control, no puedo seguir contigo, Sky.

—No seas ridículo, Benjamin —me molesté —, hemos tenido muchas diferencias, han aparecido tus celos, los míos, pasamos la etapa de inseguridad y la de tu increíble posesividad y las hemos superado, no vamos a terminar porque repentinamente quieras mantenerme a salvo.

Su mandíbula se tensó al tiempo que negaba con la cabeza.

—Son cosas diferentes, Sky —dijo sin mirarme y moviendo una mano—, esto tiene que ver con tu vida, no puedo arriesgarla así de nuevo, esos hombres están enojados con mi padre por un dinero que perdieron, desde entonces nos han puesto caza a mí y a mi padre, no van a parar ahora que saben que pueden debilitarme a través de ti.

—Siempre supe que escondías algo —bufé —, había una razón por la que Marcus siempre me pedía que tuviésemos un bajo perfil, que no llamásemos la atención, que no te dejase hacerlo, ¿es por eso que ustedes se han aislado? ¿Es por eso que casi no tienes amigos?

Él se quedó irremediablemente quieto unos segundos, finalmente asintió.

—Sí, es eso — respondió mirando por la ventana.

—Y ahora planeas sacarme de tu vida —afirmé cruzándome de brazos.

—Sky, no podría soportar que te hiciesen algo como esto otra vez, o quizás peor, estoy buscando la forma de delatarlos pero ellos tienen a los policías en sus bolsillos, no puedo arriesgar tu vida, tienes que alejarte de mí.

—No, Arick, no lo haré.

—Sky...

—Mírame —pedí segura —, mírame, Arick, por favor.

Él mantenía los ojos cerrados y su cabeza pegada al vidrio, así que subí las piernas al cojín y tomé su rostro entre mis manos, al haberlo sorprendido, él abrió los ojos dejándome observar ese color miel tan propio de él.

—¿Realmente quieres alejarte de mí? — pregunté intentando mantener la postura.

Yo estaba segura de lo que sentía e incluso de lo que él sentía por mí, no iba a dejar que esto acabase.

Él sólo me miró fijamente.

—¿Estás seguro? —insistí.

—No —respondió —, claro que no quiero alejarme de ti —susurró haciendo que mi corazón volase, se notaba afectado.

—Entonces no insistas con eso porque no va a pasar.

—Pero, Sky, es tu vida...

—Puedo arriesgarla cómo me dé la gana— respondí recordando la frase que él me había dicho una vez.

Arick negó lentamente tomando mis manos entre las suyas, quiso alejar las mías de su rostro pero no lo dejé.

—Arick, estoy segura de que estoy enamorada de ti, estoy contigo porque realmente te quiero y a pesar de todas las cosas, soy feliz contigo, no nos separamos por ninguna de las discusiones que tuvimos en este año y medio, no voy a alejarme de ti por los verdugos que pueda tener tu vida, cuando decides aceptar a una persona eso implica abrazar sus virtudes y defectos, lo bueno que tenga su vida pero también lo malo, así que no, no voy a alejarme de ti porque hayan monstruos persiguiéndote, voy a quedarme contigo y voy a ayudarte a batallar para acabarlos.

Él no parecía poder creer lo que yo le estaba diciendo, lo veía en sus ojos, estaba dudoso, temía.

Di un beso en su mejilla y me acerqué a su oído:

—No me pidas que te deje, ni que me aparte de ti, porque a donde tu vayas iré yo y donde tu mueras, moriré yo —Susurré suavemente—, si eso no te demuestra mi fidelidad y cuanto te quiero, más nada lo hará.



OG Leghan

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En el texto hay: mente perdida, thriller

Editado: 13.01.2019

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