Por esos besos de chocolate y menta

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Capitulo 3

Un pañuelo era una manera burda de llamar al mundo, aquello era más extraño y complicado aún. Alba sabía que al chico que seguía por YouTube desde su ruptura con Leo vivía en Escocia, incluso, para ser más concreto, en Edimburgo, pero no esperaba que las casualidades hicieran que su primer día en ese país lo pusiera delante de ella. Era una posibilidad de una entre casi medio millón de personas que vivían allí. La había hecho llorar con todos y cada uno de sus covers con letras de desamor y le había hecho recordar sus mejores momentos con Leo, con esas canciones tan románticas, volviendo a provocar el llanto al darse cuenta de que ya no había nada entre ellos.

Era un chico más del montón, así era como se lo describió a Lía la primera vez que la vio embobada viendo uno de sus videos.

—Pero tiene un morbazo que no podrás negarlo —Alba la miró, sin entender a qué se refería, para ella el chico ideal era su ex. De piel clara, ojos grandes, azules como el mar y pelo largo, ondulado y tan negro como el carbón.

Gadwin Hunter no tenía nada que se le asemejara. Para empezar, su pelo era color zanahoria, porque esa tonalidad no se la podía catalogar como pelirroja. Tampoco era pálido de piel, más bien rosado, como si en su rostro se marcaran las señales de haber corrido una maratón o tener demasiado calor. Alguna que otra vez, Alba, había pensado que si veraneaba en la Costa de la Luz acabaría tan rojo como un salmonete. Después estaba eso a lo que él llamaba peinado, no creía que hubiera conocido un peine, por no decir de esa barba desaliñada que siempre llevaba en los videos, no es que la llevara larga, es que parecía que por algunas partes donde debía salirle bello facial, no lo hacía y, por último, sus ojos. Eran pequeños y a la vez grandes, no sabía distinguirlos, su color era otra cosa que en esos tres meses no pudo distinguir. ¿verdes?, ¿azules?, ¿grises? El que casi siempre cantara con sus gafas de montura negra y entrecerrando los parpados, no ayudaba a poder verlos con claridad.

—Pues lo siento, no es mi tipo —le respondió mientras daba al pause a ese nuevo cover y cerraba el portátil.

Sabía a lo que se refería su amiga, Gadwin tenía miles de suscriptores en su canal, la mayoría de chicas. Sus videos iban sumando reproducciones con velocidad y los comentarios aumentaban cada segundo, incluso ella le había dejado alguno que otro, pero nunca le respondió, solo lo hacía a aquellas chicas que le hinchaban más el ego. Tampoco se importaba, ese tipo de chicos no les agradaba, además que, al tener siempre al lado a Leo, nunca se tuvo que preocupar por ellos y no lo iba a hacer por un chico que estaba a varios miles de kilómetros y al que no conocería en la vida. Hasta que viajó a Stirling y se lo encontró tras un micrófono para cantar.

Tomo la cerveza que el camarero le había dejado sobre el mostrador, el primer trago le supo asqueroso. En ese lugar, las cervezas ni eran frías ni +s. Era de un color tostado, con un sabor bastante amargo. Su padre tenía algunas así que de vez en cuando se compraba para alguna ocasión especial, eso sí, nada de importación escocesa. Si él hubiera estado allí en esos momentos y hubiera visto la cara que estaba poniendo mientras el líquido le llegaba al estómago, le estaría diciendo que saboreara la cebada arrastrándose por su cuerpo y el lúpulo grabándole el sabor en todas las glándulas de su lengua.

—Bueno, los que venís a menudo sabéis lo que va a pasar hoy aquí, a los nuevos —comentó Gadwin mientras miraba a la sala y se quedó con los ojos fijos sobre las dos chicas que había en la barra —, olvidad lo que habéis visto de mi en internet. Aquí venimos a disfrutar, aunque si me pedís algo y os portáis bien, puede que os lo conceda.

Dicho aquello, volvió a dejar el micrófono sobre su soporte y se bajó del escenario. Se notaba que esos seguidores y comentarios se le habían subido a la cabeza, cuando realmente no era nadie. Si lo fuera, ya no estaría haciendo el idiota tras una cámara en un canal de internet, estaría haciendo una gira, grabando videoclips y fuera de su ciudad. No es que no tuviera voz para ello, la tenía y le sobraba, pero después de ver lo difícil que estaba el mundo de la música, incluso para chicos que iban a un programa de televisión para luchar por un contrato, que ni eso les aseguraba un futuro, como lo haría para un chico que parecía que hacía aquello solo por placer.

—Está para hacerle un favor. No puede negar que es escoces, pero es un bocazas —aclaró Lía.

No sabía si durante el momento en el que había entrado en su mundo de divagaciones había seguido hablando. Lía estaba bastante acostumbrada a sentirse ignorada por Alba cuando esta última se perdía en sus pensamientos, pero ella no tenía problemas en seguir hablando lo que fuera y tener que repetírselo si fuera necesario. Incluso lo hacía, aunque si le hubiera prestado atención.

—Joder, me reafirmo a lo que te dije. Si antes me parecía una zanahoria con patas, ahora, después de haber estado en nuestra casita por dos días, creo que podría cobrar por hacerse pasar por Ron Weasley.



Helena Sivianes

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En el texto hay: amor y desamor, amor y musica, viaje amor

Editado: 07.11.2018

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