Por ti, mamá

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DOS

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Kelly miró el reloj de su móvil, eran ya las doce y un minuto. Comprobó angustiada que ya era Navidad. Nunca, ni en sus peores pesadillas, hubiera imaginado pasar la Navidad allí, en aquel ascensor y perderse así el delicioso pavo que su padre, John, preparaba con tanto esmero. John, había salido un rato antes de trabajar, gustoso de poder prepararlo y servirlo al gusto de su querida hija, en la cena de Nochebuena como tantas veces. Kelly volvió al momento presente, trató de serenarse y miró hacia el pequeño lugar en el que todavía se encontraba atrapada.

El pequeño espacio, ahora iluminado por las luces, la estaba comenzando a agobiar cada vez más. Quería con todas las fuerzas de su corazón, salir de allí y poder celebrar la Navidad junto a su familia. No quería tener que pasar la Navidad atrapada en un ascensor. Miró hacia donde Michael estaba y al darse cuenta de que la otra persona también compartía su suerte, de que la otra persona, también estaba atrapada en aquel pequeño espacio en Navidad, decidió compadecerse.

—Ya es Navidad. Feliz Navidad, Michael.

—Feliz Navidad —dijo Michael sonriendo.

La sonrisa de Michael reconfortó a Kelly, quien sonrió de vuelta y fue entonces cuando Michael, la miró compasivo.

—¡Vaya manera de celebrar la Navidad! —exclamó Michael.

—Sí... —respondió Kelly con resignación.

—No te preocupes, ya has oído al vigilante; dentro de poco, esto no será más que una anécdota.

Antes de que Kelly pudiera responder, el ascensor de manera inesperada, se puso en marcha. Los dos, observaron inmóviles e impactados como los dígitos rojos que marcaban los números de las plantas del ascensor, se volvían locos. Los números iban cambiando rápidamente y sin parar hasta que el ascensor, de forma repentina, se abrió.

Ambos quedaron realmente impresionados y desconcertados. Se miraron sorprendidos y acto seguido, decidieron salir del ascensor.

—¿Dónde estamos? ¿Qué es esto? —preguntó Michael asombrado cuando ya había dado un paso fuera del ascensor.

Kelly avanzó dos pasos con la única iluminación de su teléfono móvil hasta encontrar una reja que le impidió avanzar de nuevo.

—Hay una reja con una cerradura. Está todo muy oscuro. Estoy enfocando con la luz del móvil, pero no veo más que una reja. ¡Hay demasiada oscuridad!

—Volvamos al ascensor —ordenó Michael.

El ascensor les había llevado a una inhóspita planta. Aquello les desconcertó. Kelly, no sabía de la existencia de esa planta, nunca la había visto, ni había oído hablar de ella. Se sorprendieron de que el ascensor les hubiera llevado hasta allí. Ese lugar, no formaba parte del recorrido habitual del ascensor.

Contrariados, ambos se montaron de nuevo en el ascensor y apretaron el número cero, con el propósito de que les dejara en la planta baja y ver si había suerte y podían, por fin, abandonar el edificio a pesar de la gran nevada que, según el vigilante, caía ahí afuera.

Esperaron unos interminables segundos, pero la puerta del ascensor no se cerró. Kelly suspiró angustiada y miró hacia Michael.

—El ascensor debe haberse desconfigurado —dijo Michael.

Acto seguido, los dos regresaron al lado de la cerrada reja con una extraña sensación de derrota. No tenían ninguna otra salida y era un espacio muy reducido el que separaba el ascensor, ahora abierto, de aquella reja a la que ahora se aferraban.

Kelly, con el corazón latiéndole con fuerza, sacó sus llaves e intentó abrir la reja. Comprobó con resignación que era imposible. Pensando con rapidez en otras opciones, se acordó de que en el bolso llevaba un pasador para recolocarse el cabello cuando le cansaba llevarlo suelto y probó fortuna metiendo el gancho por la cerradura. Giró el pasador varias veces y le pareció mover la cerradura, pero la puerta no se abrió. Michael, a su vez, probó con una tarjeta de crédito y la pasó varias veces por el lateral de la cerradura. Finalmente, y casi desesperado tras innumerables intentos, en una de esas, la cerradura cedió.

Aliviados y dando gracias, pudieron entrar y fueron alumbrándose con las luces de sus teléfonos móviles.

—Bien, veamos que nos encontramos en esta extraña planta, a ver si tiene alguna salida... —dijo Michael examinándolo todo con atención.

Caminaron lentamente por el oscuro pasillo y lo primero que les llamó la atención fue un fuerte olor a humedad. A Kelly no le sentaba demasiado bien la humedad, así que, preparándose de antemano, sacó su inhalador del bolso y se lo metió en el bolsillo, por si acaso lo pudiera necesitar.



Tania M Rubio

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En el texto hay: romance, misterio, drama

Editado: 22.10.2019

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