Por ti, mamá

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OCHO

8

 

 

 

 

Era la hora del descanso. Kelly, acababa de bajar las escaleras de la empresa. Se encontraba esperando en la planta cero a Michael y poder así tomarse el café junto a él.

Los minutos pasaban y Kelly no dejaba de jugar con el abrigo que llevaba en la mano y de mirar, de vez en cuando, hacia todos los lados buscando la llegada de Michael.

Agotada de tanto esperar, miró el reloj. Con sorpresa, vio que ya habían pasado más de diez minutos. Diez minutos en los cuales había pasado allí plantada, en medio de la planta cero y todavía, no había ni rastro de Michael.

Al minuto siguiente, ya mucho más cansada de esperar, volvió a mirar el reloj. Miró hacia todos los lados, suspiró derrotada y abrió la puerta de la empresa.

Pudo comprobar que hacía bastante frío así que, dejó el bolso en el suelo, se puso el abrigo rojo que llevaba en la mano y abrochó sus grandes botones. Una vez que acertó a ponerlo, recogió de nuevo el bolso del suelo y se lo colgó al hombro. Suspiró, cerró con cuidado la puerta de la empresa y salió. Mientras el frío invadía su cuerpo, Kelly pensó en dónde se habría podido meter Michael. Pensó que, tal vez, se encontraría ya en la cafetería.

Una vez en la cafetería, Kelly agradeció el calor de aquel lugar y miró a su alrededor, buscando a Michael por allí.

No lo encontró y se sentó en una solitaria mesa que divisó en una esquina de la cafetería, al lado de la ventana. Pidió su capuccino y lo tomó observando el frío día de diciembre que la acompañaba desde aquella ventana.

 

***

 

Ya casi era la hora de irse a casa, cuando Kelly vio entrar a Michael, de golpe en su oficina.

—¡Kelly! —gritó Michael.

Kelly, sorprendida al verlo, dejó el bolígrafo que tenía en su mano, sobre la mesa y dijo:

—¿Qué estás haciendo aquí?

—He venido a avisarte de que he visto a tu novio, con otra chica, en la cafetería.

—¿Qué? —dijo Kelly abriendo los ojos de par en par y segundos más tarde, añadió— Eso no puede ser...

—¿Ah, no? Acompáñame y lo ves tú misma.

Kelly, apresurada cogió su abrigo y el bolso. Acto seguido, abandonaron la empresa y ambos se dirigieron, con paso rápido, hacia la cafetería.

Cuando ambos llegaron, Kelly buscó a su novio por aquel lugar y lo siguiente que vio fue, para su sorpresa, a su novio, sentado junto a una joven chica morena que estaba de espaldas. El corazón le dio un vuelco y palideció al verlo. Sintiéndose bastante impactada por aquel hallazgo y teniendo la razón bastante nublada, no pudo contenerse y en un impulso, gritó desde lo lejos.

—¿Qué estás haciendo aquí, Tyler?

Al oír esto, Tyler la miró y la chica morena, que estaba sentada de espaldas a ella, se giró. En ese momento, aliviada y avergonzada, pudo ver que la chica morena que tanto la había angustiado se trataba de Daniela, su hermanastra.

—Es Daniela, mi hermanastra —le susurró a Michael y siguió diciendo— Vaya susto me has metido...

Kelly, aún temblorosa, se acercó hasta ellos y pudo ver que también estaba Gillian a la derecha.

—¿Qué hacéis aquí? —preguntó Kelly sonriendo.

Tyler la miró sonriendo y luego miró cómplice hacia Gillian.

—Estamos haciendo tiempo —dijo Gillian.

—¿Tiempo? ¿Para qué? —preguntó Kelly confusa.

—Está bien, te lo diré. Teníamos pensado, dado que mañana es el primer fin de semana desde que fue Nochebuena, haceros una cena sorpresa esta noche, para ti y para tu padre. Nos haría ilusión poder celebrar Nochebuena contigo y poder darte los regalos —dijo Gillian sonriente.

—¡Vaya! Gracias —dijo Kelly.

—Sé que te haría muchísima ilusión poder pasarla con tu padre, aunque sean unos días después —dijo Gillian.

Gillian pareció haberle leído el pensamiento, sólo que en ese plan, debería incluir también a su madre, Deborah.



Tania M Rubio

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En el texto hay: romance, misterio, drama

Editado: 22.10.2019

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