Por ti, mamá

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DIEZ

10

 

 

 

 

Kelly continuaba observando la caja magenta que había encontrado en el despacho. La había escondido debajo de su cama y había ido a cenar, sin darle tiempo a continuar sumergiéndose en los recuerdos que contenía. Ahora, eran altas horas de la noche y se suponía que debía estar durmiendo, pero se encontraba sentada en la cama de su habitación, mirando la caja.

Segundos después, abrió la caja y comenzó a observar las fotografías.

Con lágrimas en los ojos, contempló las fotografías en las que aparecía su madre, joven y sonriente. Eran fotografías en las que irradiaba vida. Observó las fotografías en las que también aparecía su padre junto a ella. «Qué felices se les veía», pensaba Kelly. En el pasar de las fotografías, iba transitando por diferentes estados de ánimo; en unas, se encontraba sonriendo dulce y en otras, no podía evitar derramar alguna lágrima. Continuó viendo más fotografías, aferrándose así a los recuerdos del pasado de su madre. Al fin y al cabo, era lo único que le hacía sentir que no se había ido del todo, por más que los recuerdos le rompieran el alma en mil pedazos.

Se recreó en algunas fotografías de la boda de sus padres, aunque esas ya la había visto antes, pues el comedor, conservaba todavía algunas de ellas, pero no le importó. Siguió viendo las fotos de la luna de miel en Venecia, en dónde entre otras fotografías, ambos salían sonrientes mientras estaban dándose el típico romántico paseo en góndola.

Pasando unas cuantas fotografías más, con gesto de sorpresa, vio varias fotografías en las que salía Gillian a su lado. Aquello la dejó helada. Kelly, no tenía ni la menor idea de que Gillian conociera a su madre. Cerró la caja de golpe y se quedó pensativa. No entendía nada. Todo, desde aquel día en el que se quedó atrapada en el ascensor, se había convertido en una locura. Ya no sabía qué creer, era todo demasiado extraño para ella y desde luego, habían demasiados secretos.

Exhaló, se tumbó en la cama, miró hacia arriba y ya no intentó dormir, pues sabía que no podría.

Se levantó de la cama, volvió a meter la caja bajo la cama y se dirigió hacia la cocina para hacerse un vaso de leche caliente con la intención de poder dormir.

Antes de llegar a la cocina, cuando todavía iba por el pasillo, pudo ver que la puerta de Daniela, tenía luz. Estaba cerrada, pero había luz asomando por debajo de la puerta. Al acercarse más a la puerta, pudo comprobar como la luz, de golpe, se apagó.

Kelly se quedó extrañada, pero continuó hacia la cocina para prepararse el vaso de leche. Sacó su taza favorita del armario y vertió un poco de leche en ella. Metió la taza en el microondas y tecleó dos minutos en los dígitos del microondas.

Cuando el microondas por fin sonó, se tomó de un solo trago la leche, sin darle tiempo a enfriarse, confiando en que aquello, fuera suficiente para calmarse y poder dormir.

Al tomar el camino de vuelta hacia la habitación, Kelly, pudo ver como la luz de la habitación de Daniela, estaba de nuevo encendida. «¿Qué hace de nuevo la luz encendida? ¿Y si le pasa algo?», pensaba Kelly. Kelly no sabía si entrar a la habitación o no entrar, pero le resultaba demasiado extraño que a estas horas, Daniela tuviera la luz encendida. Antes de que pudiera tomar una decisión, la luz de la habitación de Daniela se volvió a apagar. «Esto no es normal», pensó entonces.

Al irse para su habitación, como se había quedado intrigada, se asomó desde la puerta y cuando se asomó, volvió a ver como la luz de la habitación de Daniela, se encendía de vuelta. Kelly, entendió que quizá estaba haciendo demasiado ruido al andar y que, pasara lo que pasara ahí dentro, Daniela podía notar su presencia. Así que, esta vez fue avanzando sin hacer ruido hasta la habitación de Daniela. Una vez que llegó hasta la puerta, abrió la puerta con decisión y lo que vio a continuación, la dejó sumida en un profundo shock.

Kelly, encontró a Daniela tumbada en la cama junto a Tyler.

Kelly se quedó mirando perpleja la escena, como si su mente, se hubiera desconectado.

—¿Por qué? —preguntó Kelly desolada tras quedar varios segundos perpleja.

—Kelly, yo te quiero... —respondió Tyler.

—¡No me humilles más! —gritó Kelly estallando en llanto.

—No, Kelly. ¡El fantasma de tu madre, siempre se ha interpuesto entre nosotros! —gritó Tyler.



Tania M Rubio

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En el texto hay: romance, misterio, drama

Editado: 22.10.2019

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