Preámbulo (a retirar para correcciones 25/02)

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Capítulo 16: Sitiado

La primera noche que pasé en casa de mi abuelo fue fantástica, el aire era fresco y casi no se sentía el calor. El anciano se encargó de hacer llegar el aviso de que me quedaría con él a través de un vecino que bajaba todos los días desde las montañas para trabajar en el pueblo. Las siguientes noches no resultaron tan tranquilas, empezó con algo muy simple y sin casi importancia aquella segunda noche que pasé allí: se escuchó un aullido de lobo estremecedor. La tercera noche, el lobo se hizo un poco más insistente. Durante las siguientes, el lobo parecía que había conseguido compañía. A mí no era algo que me preocupara, me sentía segura dentro de casa del abuelo, pero él no estaba nada contento con la situación. Además, mi familia había empezado a pedir que regresara y el abuelo les había empezado a dar largas.

Todas las noches iba un poquito a peor el asunto de los lobos. Habíamos pasado del lobo solitario con un aullido a la luna en toda la noche a decenas de lobos aulladores que no dejaban dormir en paz. Era francamente molesto, pero la naturaleza es así y a saber por qué lo hacían, pero mi abuelo sí me preocupaba. Si el anciano hubiera tenido una escopeta abría salido directo a pegarle un tiro entre los ojos a todos los lobos que se encontrara por el camino. Como si todo esto fuera poco, el tiempo había ido cada vez a peor, al punto de que todas las noches llovía tempestuosamente, con todo los lobos seguían pululando por allí como si nada. Una locura total, la naturaleza había perdido el rumbo, estábamos casi en verano, no era época para lluvias.

Llegó un punto que pensé que el mundo se iba a caer a pedazos: estruendos, lluvia, truenos, más lluvia y aullidos por doquier. Casi sentía que la tierra temblaba bajo mis pies. No creo haber alcanzado a estar dos semanas allí cuando la situación se hizo insostenible, pero no había nada que hacer, no existía una solución. Había pensado varias veces en regresar porque sabía que mi familia me necesitaba para ayudar en casa y querían que volviera, pero mi abuelo me decía que podía ser peligroso y accidentalmente acabar enterrada en un deslizamiento de tierra una vez más. Yo no quería volver a pasar por algo así y mi abuelo le dijo lo mismo a mi familia para que me dejaran estar un tiempo más.



Brenda Rivera

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En el texto hay: hombre lobo, matrimonio, amor

Editado: 26.01.2019

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