Preámbulo (a retirar para correcciones 25/02)

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Capítulo 19: Promesas

Mentiría si pudiera afirmar tranquilamente que tuve tiempo de asimilar una décima parte de todo lo sucedido durante el regreso. Me aferraba firmemente a la cintura de un hombre que desde el primer momento que lo conocí había sabido irme descolocando cada vez más. Cada vez que me encontraba a solas con él, conseguía tirar abajo algunos de los paradigmas de mi vida que había dado casi por inamovibles y lo hacía demostrándome un lado cruelmente sincero que me desconcertaba. No es que hubiera renunciado a la idea de que esto fuera todo una mentira, pero estaba empezando a aceptar que algo de verdad podía existir en medio de todo esto. Adam era un gran misterio para mí, porque a pesar de los directo de sus palabras y sus actos, no había sabido conseguir develar la finalidad de sus acciones. ¿Qué lo motivaba?

Sabía que pronto llegaríamos a casa y eso indicaba que veríamos a mi familia. Dí por hecho que adoptaría su cara de príncipe encantador. ¿Cuántas caras tenía este enigmático caballero? ¿Quién era él realmente? Hoy él había respondido a un montón de preguntas, sin embargo, era muy poco lo que sabía realmente. Al menos me conformé pensando que pasara lo que pasara, había un lado bueno como él mismo me había dicho, Adam había empezado a ser sincero conmigo, aunque ese consuelo no pudiera mermar el miedo que sentía ante la incertidumbre que mi futuro albergaba.

Al llegar, se estacionó a pocos metros de la entrada, me bajé rápidamente y me quité el casco para entregárselo. Quería entrar a casa lo antes posible como si al cruzar el umbral todo volvería a ser como siempre y mi seguridad retornaría, pero él me detuvo antes de que pudiera dar el segundo paso.

—Si vamos a hacer esto, lo vamos a tener que hacer bien —dijo pasando su brazo por encima de mi hombro y pegándose a mí mientras yo lo miraba estática—. Tranquila, cuando lo pienses con tiempo te darás cuenta que esta es la mejor manera.

—¿La mejor manera para qué? —inquirí.

—Para que nos casemos lo antes posible y no tengamos que fingir delante de nadie —agregando con su voz profunda y sedosa—, sólo así nos podremos conocer de verdad.

—¿Qué no funcionan las relaciones al revés? ¿O en tu mundo la gente es así? —le interrogué sarcásticamente.

—Todas las relaciones funcionan así, lo que pasa es que a las personas les gusta creer que se conocen antes de casarse y convivir, pero lo cierto es —dijo pausadamente mientras me miraba— que la gente rara vez termina de conocerse. Ahora mismo te puede parecer algo duro, pero te aseguro que esto es mucho más honesto que otras relaciones donde se hacen promesas de amor durante años que jamás se cumplirán.

—Oh, claro, soy tan afortunada. —Bajé mi rostro con resignación.

—Piensa en la posibilidad de que no puedes tener una certeza exacta de qué tan afortunada eres; puedes serlo y no saberlo —comentó sagazmente.

—Tienes razón, aún no estoy en la cárcel condenada por asesinato de mi ficticio prometido —añadí.

—Eres una chica ruda —comentó.

—No me digas que te disgusta, mi afortunado prometido sólo porque aún respiras —repliqué devolviendo la mirada.

—Para nada, sólo lo hace más divertido —aclaró con una sonrisa compradora.



Brenda Rivera

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En el texto hay: hombre lobo, matrimonio, amor

Editado: 26.01.2019

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