Preámbulo (a retirar para correcciones 25/02)

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Capítulo 20: La espada y la pared

Para cuando llegamos a la puerta de casa, ya me había jurado matarlo mientras dormía aunque supiera que eran palabras vanas que no llevaría a cabo. Él quería una actuación delante de mi familia y una vena de mi sien palpitó como si de una apuesta o reto a cumplir se tratara. Al menos para acabar con esto pronto, decidí que lo haría tan increíblemente bien que Alison no me llegaría ni a la punta de los pies. Fue cruzar el umbral de la puerta y ambos entramos con la mejor de nuestras sonrisas como una pareja feliz, pues aunque había muchas cosas que habían escapado de mis manos estos días, al menos esto me haría recuperar un poco de control sobre la situación.

Mi madre se acercó a abrazarme mientras Adam se quedaba atrás mío.

—Anne, por fin te veo, estaba tan preocupada con estas tormentas que han habido —dijo suspirando con alivio mientras se separaba de mí y mirando al pelinegro agregó— Te estoy tan agradecida por traerla de vuelta. —Hubo un ligero titubeó en su voz al final como un dejo de tristeza.

—Mamá, no te hubieras preocupado, estaba con el abuelo después de todo y esa casa ha resistido durante décadas, nada malo iba a pasarme. —Traté de reconfortarla acariciando su hombro mientras sentía la presencia de Adam detrás de mí.

En aquel momento hicieron acto de aparición mis hermanas que salían de algún rincón de la cocina, se las veía cansadas como si hubieran tenido que trabajar bastante estos últimos días.

—Pero miren qué trajo la lluvia. —Alison me miró de arriba a bajo estudiándome sin poder evitar desviar un poco la mirada hacia quien estaba tras de mí, volviéndose su gesto más cordial—. La parejita del momento está aquí —agregó con una sonrisa—. ¡Qué callado te lo tenías hermanita!

—Y nosotras que pensábamos que no le interesaban los chicos. —Kate se acopló a la conversación—. Pero resulta que las calladitas son las peores —rió junto a la mayor.

Adam me abrazó desde atrás.

—Es que le pedí que mantuviéramos lo nuestro en secreto hasta que no pude más y quise gritarlo a los cuatro vientos —afirmó mientras apoyaba su barbilla en mi hombro y yo hacía gestos afirmativos sin poder creérmelo por dentro.

—Vaya, pero si eres un romántico, Adam —comentó Alison impresionada.

—Es que cuando conoces el amor es así: inesperado, rápido y quieres mantenerlo en secreto para protegerlo hasta que no puedes más. —Movió su rostro acariciándose contra mí— Quiero que todo el mundo sepa lo mucho que te amo, mi terroncito —soltó dejándome helada con la profesionalidad de su actuación, evitando perder yo la compostura sonreí a los presentes.

—Yo también, corazón. —Fue lo único que se me ocurrió como apodo meloso y decidí decir justo lo contrario de lo que pensaba— Es que Adam es tan romántico, tan dulce y amable que me conquistó. —Puse ojos soñadores e hice una breve pausa antes de seguir—. No pretendíamos engañar a nadie, es que simplemente fue un flechazo y pensamos que tal vez no duraría, pero, en cambio —añadí cierto drama—, el amor fue más fuerte. ¿Verdad que sí mi pequeña nube de algodón? —dije acariciándole el cabello y relamiéndome por dentro al pensar en lo mucho que odiaría que lo denominara de una forma tan cursi.

—Claro que sí, mi pequeño terroncito de azúcar. —Sonreí triunfante aunque los demás no entendieran que él y yo estábamos librando una pequeña batalla y yo ya le había dado la primera puñalada— Nunca me voy a olvidar cuando me escribiste ese poema de amor y me juraste que lo nuestro duraría mil años —dijo mirándome de reojo con adoración subiendo la apuesta.

—Ah, bueno, ¿con poemas y todo? —exclamó Kate sorprendida— No te hacía así, Anne, realmente me has sorprendido —añadió sin poder quitar la sorpresa de su rostro mientras Adam sonreía todavía más al darse cuenta que estábamos a mano mientras yo pasaba vergüenza.

—Pues la verdad es que yo tampoco. —Alison se veía un poco contrariada— Pensaba que no eras sentimental.

—Lo soy con la persona indicada —respondí un poco lastimada pero me recompuse pronto— Mi tierno conejito de felpa se aseguró de demostrarme que él era el correcto para mí y que él verdaderamente buscaba una relación seria conmigo. Por eso decidí no esconder más lo que siento por mi Tambor —mencioné en todo meloso, esto último fue lo único que se me ocurrió para degradarlo.



Brenda Rivera

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En el texto hay: hombre lobo, matrimonio, amor

Editado: 26.01.2019

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