Preámbulo (a retirar para correcciones 25/02)

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Capítulo 21: Actuación

Habíamos caminado unos cuantos metros, cruzando algún que otro vallado, cuando finalmente Adam se detuvo y con total impaciencia soltó:

—Eres increíble.

—¿A qué te refieres pequeño Tambor? —dije pinchándolo una vez más con cierto fastidio que no pensaba ocultar dado que estábamos a solas y nadie podía oírnos.

—Justamente a eso, Terroncito —sonrió ampliamente— No te negaré que me desagrada que usaras una película infantil o que me tocaras el cabello llamándome pequeña nube de algodón —Aprovechó para soplar hacia arriba y apartar un mechón rebelde con cierta resignación— pero no lo podrías haber hecho mejor —finalizó con un dejo de satisfacción.

—Mira quién habla, ¿tú es que te transformas en otra persona cuando hay gente delante o es que sólo eres un caso de múltiple personalidad? —inquirí.

—Me encanta la actuación y eso me ha servido en infinidad de oportunidades —contestó mirando las hojas de los árboles que nos rodeaban con sus profundos ojos negros mientras respiraba tranquilo.

—Vaya, pensaba que no te gustaba especialmente el teatro o, por defecto, la actuación. —Arqueé una ceja.

—Eso lo dije para que tu hermana me dejara en paz, además quería ser conciliador, es un recurso simple para llevarse bien con todo el mundo —mencionó sin interés volviendo a posar sus ojos en mí.

—Tal vez me equivoqué y no llegas ni a una sola personalidad —evalué llevando mi mano al mentón como una analista.

—Tal vez tenga demasiada personalidad como para limitarme a un solo estereotipo de temperamento previamente demarcado por gente que cree saber más de lo que sabe realmente —retrucó con voz sedosa.

—¿Me consideras demasiado ignorante como para juzgarte? —dije sorprendida ante el atrevimiento y excesivo amor propio de mi interlocutor.

—Para nada, sólo digo que te basas en los dichos de gente con títulos que se la ha pasado reflexionando en torno a lo que han estudiado otros y no viviendo la realidad, conociendo a personas de verdad. —Empezó a caminar lentamente a mi alrededor rodeándome mientras yo evitaba darle la espalda y giraba con él— Tú, por otra parte, eres más inteligente de lo que aparentas y de lo que tú misma crees.

—¿Intentas que caiga en tus halagos superficiales como haces con los demás? —No pude evitar soltar una pequeña carcajada ante la idea.

—No, para nada, sé que no caerías, ya lo he intentado —Paró delante de mí con una sonrisa— Además, tengo muy en claro lo desconfiada que eres y las circunstancias en las que nos hemos conocido, no estoy jugando esa carta —declaró y avanzó un paso.

—Ya veo, estas jugando la carta de la sinceridad. —Hice una pequeña mueca de incredulidad, pese a saber que anteriormente había llegado a ser hasta un poco cruel de tan directo.— Hablando de sinceridad, no creo que mis hermanas se lo hayan tragado, seguramente sospechan porque exageramos demasiado y no es que me importe realmente, pero ¿qué vas a hacer si ellas se dan cuenta? —dije estudiando sus facciones.

—Te equivocas, bueno, tienes razón en lo de la exageración —concedió ladeando la cabeza— pero muchas parejas actúan estúpidamente cuando están en la primera etapa de enamoramiento. —Dio otro paso más— Como nosotros. —afirmó y morí de una risa espontanea y clara que no pude contener— Y tus hermanas únicamente están celosas. —Reí aún más fuerte mientras él daba el último paso para situarse a pocos centímetros de mí.

—¿Mis hermanas celosas? ¿Crees que eso es más probable que el hecho de que exageráramos una mentira? —Pose algunos dedos sobre mi frente por unos minutos como si la idea fuera descabellada.

—Tomemos mi suposición como real por un minuto, ¿por qué crees que lo estarían? —dijo guiándome.

—¿Por qué les quité al chico que les interesaba a ellas? —pensé rápidamente— Sí, lo entiendo, puede que haya sido un golpe para ellas con lo ilusionadas que estaban contigo, debió ser muy inesperado —fruncí los labios al pensar que tal vez las podía haber lastimado profundamente con todo esto.

—Error— decretó él tomándome de la barbilla para que centrara mi mirada en sus ojos negros.

—¿Cómo que error? —dije como si me hubiera sacado una brújula en medio del desierto.

—No soy yo, eres tú —afirmó alzando sus cejas espesas.



Brenda Rivera

Editado: 26.01.2019

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