Preámbulo (a retirar para correcciones 25/02)

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Capítulo 24: El vestido

Esperé unos minutos mientras el séquito terminaba de acomodar las cosas y salían rápidamente para dejarme entrar al amplio vestidor repletos de vestidos, zapatos y accesorios acompañada de una única dependienta. Ella empezó a mostrarme unos pocos vestidos de novia pero la pare en seco rápidamente sin contemplaciones. Ese no sería después de todo el día más feliz de mi vida.

—Quiero un vestido de corte sirena —anuncié sin levantar la mirada.

—Pero tenemos un montón de modelos que podrías valorar primero —dijo la joven estupefacta ante mi petición.

La miré cuando levantó sus ojos después de haber examinado mi contextura física de un vistazo a través de la ropa holgada y con poca personalidad que usaba porque yo era una chica de campo donde la ropa cómoda era primordial. Ella, en cambio, era una chica de ciudad y me lo hacía saber. Sin embargo, tenía algo a mi favor aunque curiosamente ese algo se llamara Adam. Él en pocos días se había encargado de ir haciendo todo lo necesario para preparar la celebración, pero lógicamente él no podía probarse el vestido. Por esta misma razón, volcó todos sus esfuerzos en asegurarse de que cuando me llevara a una tienda en la ciudad más cercana, estuvieran esperándome con tiempo disponible y todo el muestrario listo. Al parecer, no carecía de contactos esa pequeña caja de Pandora, pero ¿de dónde conocía él tanta gente que estuviera dispuesta a ayudarle en esta locura de matrimonio? Definitivamente no podían ser gente de su entorno íntimo, su lista de invitados era corta o mínima y no creo que fuera porque acordáramos sencillez.

La dependienta se giró mostrándome un vestido largo strapless en un tono marfil con un bellísimo encaje y una delicada pedrería, seguramente debía ser lo mejor que tenía ese lugar, ya que le había dado pie a creer que podía ser una clienta difícil, y la sola idea de lo que tenía en mente me hizo sonreír.

—Este es un vestido en corte sirena —dijo mientras me lo presentaba y podía observar que tenía unos especie de broches en su mano a la vez que la joven me decía— tenemos una costurera que se dedica a hacer los arreglos, así que podemos probártelo y luego hacerle todos los ajustes que hagan falta —mencionó más para ella misma que para mí.

Comencé a quitarme la ropa sin pestañear por lo que me había dicho mientras ella me pasaba unos zapatos de tacón alto, una vez que estuve lista, ella colocó el vestido a mis pies para que pudiera pasar mis piernas y subirlo poco a poco hasta acomodarlo sobre mi cuerpo. Luego lo abrochó los botones a mi espalda mientras me miraba en el espejo. Me quedaba como un guante y la dependienta me miró con un dejo de asombro como si hubiera jurado que no me iba a caber cuando me dio el primer vistazo. No podía culparla, una chica como yo a mi edad yendo por la vida con ropa holgada es sospechosa. Pero las dos principales razones por las que las camisas de mi talla no me quedaban bien estaba justo delante de mí, casi podría decir que estaba más ajustado arriba que en la cintura, pero tampoco quería sonar vanidosa delante de la dependienta que no tenía la culpa de mi lucha contra las camisas que no me quedaban. El vestido estaba perfecto, no podría esperar nada mejor. Y no, no lo decía por falsa modestia sino porque había una razón particular para que eligiera casarme con algo que se ajustaba a cada curva de mi cuerpo. Había leído en revistas que justamente este corte, por el trabajo que conllevaba, era de los más caros que había y presentarme como clienta difícil posiblemente había hecho que ella se decantara por mostrarme lo mejor que tenía dentro de la gama. Me regocijé internamente ante la idea nuevamente. No sé si Adam disfrutaría la visual o no, pero definitivamente pagaría caro por llevarme al altar, porque claro, todos los gastos corrían por su cuenta.

—Me encanta —pronuncié— definitivamente es este.

—Te queda perfecto, si te decides por este únicamente tendremos que arreglar un poco el largo según el tacón de los zapatos que elijas y ajustar la cola —comentó entusiasmada.

—Excelente se lo mostraré a mi familia —anuncié mientras enfilaba hacia la puerta.

Fuera me esperaban mi madre y mis hermanas, las cuales estaban todas muy impresionados con la belleza del vestido. Hicieron muchos comentarios y yo afirmé mi decisión de quedarme con aquel, pero lógicamente ellas no iban a conformarse con una visita tan corta como yo. En sí, yo no estaba precisamente entusiasmada, pero decidí darles el gusto de verme con distintos vestidos de diferentes cortes, a la vez que con sutileza intenté fijarme en los precios de cada uno solamente para estar segura de que estaba en lo correcto. Afortunadamente sí lo estaba y por mucho en una cifra que rogaba espantara a Adam, ya que él debería ir a pagar por el luego. Elegí unos zapatos en un tono crema claro similar a mi tono de piel muy sencillos, porque después de todo no se verían y de todas formas allí eran todos los accesorios absurdamente caros. Sospeché que ahí residía el verdadero negocio de ese local. Espanté cualquier posibilidad de usar cualquier tipo de velo por anticuado y porque no quería ningún recordatorio de posible noche de bodas que no iba a permitir que ocurriera. Ese era uno de los puntos principales que debería haber comunicado a Adam si no fuera porque él estaba tan ocupado reservándolo todo antes de que la fecha cayera sobre nosotros.



Brenda Rivera

Editado: 26.01.2019

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