Preámbulo (a retirar para correcciones 25/02)

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Capítulo 28: El beso

El almuerzo transcurrió con normalidad, quiero decir, con la normalidad esperada teniendo en cuenta que Adam y yo fingíamos que nos amábamos melosamente.

Mis padres no podían estar más felices y mis hermanas dentro de todo se comportaban muy amables tanto si él estaba presente como si no lo estaba. Ambos hombres se sumergieron en una charla donde comentaron todo el estado de los preparativos, aquello que todavía quedaba por hacer, fechas de entrega, contratos, trámites y todo aquello de lo que se podía hablar en estos casos. Mi padre trataba de colaborar ayudando en todo lo que podía y Adam lo dejaba participar con gusto.

Finalmente, todos los que estaban sobre la mesa llegaron a un punto en que no podían obviar más el tema.

—Anne —llamó la atención mi padre—. ¿Qué es eso tan bonito que llevas en la mano, hija?

—Oh —exclamé saliendo de mis pensamientos para notar el vistoso anillo que lucía— Adam me entregó el anillo de compromiso hoy, era de su bisabuela —dije enseñándolo a los presentes como correspondía— Es una pequeña reliquia familiar de mi querido Tambor —soné lo más melosa posible—. Mi peluchito de felpa es de lo más romántico del mundo. —Mi mirada soñadora se posó en los ojos profundos y suaves de él que me acompañaba con el gesto mientras tomaba mi mano con devoción— Me dijo que nuestro amor era tan verdadero que ninguna historia de amor con unicornios podría llegarle ni a los talones —Observé como mis hermanas y mi madre se llevaron las manos a sus respectivas caras por el asombro de tal cursilería— Sí, ¿a qué es el hombre más romántico sobre la tierra? Desde que conocí a mi conejito de algodón no he dejado de dar gracias a Dios todos los días, porque él es un hombre que no tiene miedo de expresar sus sentimientos —sonreí ampliamente mirando a Adam.

—Ay, sí, eso es muy romántico —concordó mi madre.

—Siempre soñé con un hombre así —suspiró mi hermana Kate.

—Eso sí que es muy... —masculló Alison sin ser capaz de terminar la frase— Pero ahora que lo pienso, nunca los he visto besarse —dijo con cierta extrañeza mi hermana mayor.

—Eso es porque yo respeto mucho a tu hermana, Alison, no querría faltar el respeto ni ella ni a esta casa incomodándolos a todos al vernos tan acaramelados —dijo mirándome nuevamente sin soltar mi mano en ningún momento mientras se la llevaba a los labios.

—Eres muy tierno con ella, Adam —Alison se unió al coro de suspiros de las mujeres mientras papá carraspeó.

—Bueno, Adam, te has comportado como un hombre de palabra, no veo por qué no pueden darse al menos un beso a tan pocos días de la boda —accedió mi padre.

—Pero no lo sé —titubeó el pelinegro sin dejar de mirarme a los ojos—. Tal vez si la bella dama me lo dispensara —murmuró mientras tomaba mi rostro y se acercaba peligrosamente—. Si tienes vergüenza, mi terroncito, podemos dejarlo para después —susurró a un volumen que aún era perfectamente audible para todos— Después de todo falta a penas unos días para que seamos formalmente marido y mujer, sellando nuestro amor con un beso ante nuestros seres queridos —deslizó él disimuladamente.

Entendía que era algo que iba a suceder tarde o temprano, que me dejaba la posibilidad de postergarlo, pero que claramente no escaparía de ello. Con todo el dolor, maldije por dentro no haber besado a Hunter en alguna de las muchas oportunidades que tuve para hacerlo, porque al menos, yo conocía al joven aficionado a la caza con el que habíamos compartido miles de jornadas escolares. Pero asentí al desconocido enigmático que había transformado mi vida en un campo de batalla por el control y cerré los ojos para sentir como sus labios suavemente rozaban los míos. Pensé que ya había pasado lo peor, ya estaba, mi primer beso se había ido con él, sin embargo, él no se separó y llevo la mano que sostenía mi rostro hasta ese momento hasta mi nuca para inmovilizarme mientras sus labios besaban los míos. Traté de pensar rápido, una de mis manos seguía aprisionada con la suya, si movía la otra mano para apartarle por lo bajo resultaría en un movimiento incómodo que alguien podría notar, así que en ese instante decidí pisarle el pie lo mejor que pude fingiendo que me giraba un poco más hacia él. De más esta decir que encontrar su pie gigante en comparación con los míos, no fue difícil y si bien sé que no le hice más que cosquillas él entendió y apartó sus labios, terminando el beso con una bella imagen de su frente posada sobre la mía como una parejita feliz. Suspiré, pero no por amor, no había conseguido esquivar la bala, aquello habría ocurrido tarde o temprano, mejor que fuera así. ¿Mejor que fuera así? Admito que besar a Adam por primera vez no estuvo tan mal y él, a pesar de todo, no se aprovechó excesivamente. Cuando abrí mis ojos y me separé de él, pude ver las sonrisas de regocijo de familia, ellos tenían exactamente lo que querían mientras Adam rodeaba mi cintura con uno de sus brazos.



Brenda Rivera

Editado: 26.01.2019

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