Preámbulo (a retirar para correcciones 25/02)

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Capítulo 33: Carácter

Aproveché algunos tramos del recorrido donde Patrick y yo nos mantuvimos en silencio para pensar un poco en mi situación. Al fin sentía que tenía la respuesta que tanto buscaba, Adam quería utilizarme en el futuro por alguna razón. Miré el anillo en mi mano y supe que había un dejo de tristeza dentro de mi corazón, porque todo aquello que había dicho el dos metros no era real. Había visto una más de sus obras de teatro, pero esta vez fui la espectadora y no la partenaire. Él había engullido mi voluntad para hacerme actuar exactamente cómo él quería.

Sin embargo, este estafador de cuello blanco no iba a irse de rositas. No es que buscara yo una venganza, realmente eso no me interesaba, pero debía mantener la cabeza fría. Yo debía saber aprovechar la ventaja que tenía, porque de otro modo, él podría volver a torcer las cosas una vez más y no estaba para seguir buscando respuestas por todos los sitios.

—Me agradas —comentó Patrick volviendo mi atención a él.

—Tú también me agradas. —Francamente él era muy amable.

—Creo que van a ser muy felices juntos, ambos son extrañamente parecidos en algunas cosas.

—¿En qué? —dije mientras intentaba recobrar la compostura ante el comentario que me había sacado unas cuantas risas.

—Ambos son fuertes, valientes, inteligentes, educados y hasta diría un poco carismáticos cuando se lo proponen. Pero sobre todas las cosas, lo que más me gusta es que tienes tanto carácter como él y no creo que vayas a tener ningún problema para ponerlo en su lugar de vez en cuando —afirmó él sin dudarlo.

—No me digas que Adam es un niño que necesita una colleja de vez en cuando —dije mientras reía a un más.

—Algo así, es muy intenso cuando se propone algo y no hay quien le cambie la idea —comentó—. Es un poco como... Adam se ha propuesto tal cosa. —Empezó a mover las manos alternativamente mientras agregaba— Podrán pasar años, podrán pasar décadas y parecerá que ya ni lo recuerda, pero cuando menos te lo esperas lo consigue —explicó divertido poniendo las palmas hacia arriba al terminar su idea— Y uno no puede evitar preguntarse ¿cómo diablos lo hace? —Dejó caer sus brazos a sus costados nuevamente.

—No te mentiré si te digo que a mí me sorprende su capacidad para conseguir lo que quiere —concordé.

Ambos continuábamos avanzando, no faltaba mucho para que llegáramos a la carretera.

—Te entiendo perfectamente, por eso, no tengas miedo de darle un buen golpe de vez en cuando —continuó riendo—. De hecho, te pido que nos hagas el favor a todos de darle alguno para que se le bajen los humos un poco y se centre —reía a carcajadas—. Es que yo ya no puedo, cuando era un niño tal vez sí, pero ahora ya no —terminó.

—Será un honor hacerlo por ti —acepté sin dejar de reír ante la idea de buscar una escalera o subirme a algo para poder llegar a los dos metros necesarios para hacer justicia a tal petición—. Claro, en cuánto encuentre los medios.

—¿Los medios? —preguntó él mientras recorrían los escasos metros que quedaban.

—Sí, porque sino tendré que hacer algún curso de escalada y no me gustan las alturas.

Eso último hizo estallar en carcajadas a Patrick que intentaba recuperar su compostura cuando estábamos ya a orillas de la ruta.

—Me alegra haber compartido este tiempo contigo, Anne, ha sido agradable —se despidió sin yo comprender, pero él miró inmediatamente detrás de mí— Cuídala bien —añadió.

Una voz profunda detrás de mí le respondía.

—Eso hago.

Sentí la presión de unos brazos que me levantaban por la cintura y mis pies dejaron de tocar el suelo.



Brenda Rivera

Editado: 26.01.2019

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