Preámbulo (a retirar para correcciones 25/02)

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Capítulo 36: Puñetazo

Cuando entré a casa mi madre se abalanzó a mis brazos radiante de felicidad.

—¡No puedo creerlo! —exclamó feliz mientras yo esperaba lo peor buscando a Adam con la mirada para saber qué había hecho.

—¿Qué cosa, mamá? —le dije mientras ella me soltaba y besaba mi frente.

—Adam nos ha mostrado las invitaciones de boda que escogieron —anunció con ojos lacrimosos.

—¿Y te han gustado? —le pregunté.

—¿Gustarme? ¡Las he adorado! Son tan pero tan hermosas, Anne —Volvió a abrazarme—. Estoy tan feliz de que esto te este pasando. —Me dio otro beso en la frente emocionada.

Yo por mi parte pensaba que después de todo yo era la primera de sus hijas en casarse, así que no era raro que mi madre lo sintiera como el gran acontecimiento y se volviera loca por cada mínimo detalle de todo este asunto. Y mi mirada se encontró con la de Adam que no había perdido detalle de toda la escena. Su asunto, recordé sus palabras. Me sonrió tiernamente en su papel de príncipe. ¡Qué ganas de matarle que tenía! Temía que este sentimiento creciente que se iba apoderando poco a poco de mí tuviera trágicas consecuencias antes de lo previsto y yo no estaba para arrastrar un cadáver de gigante hasta el altar, de sólo pensar en construir un muñeco que lo suplantara me ponía enferma... demasiado trabajo por semejante... semejante imbécil, me repetí para no olvidarme. Me las iba a pagar.

Pero ahí estaba él, ladeando ligeramente la cabeza y mirándome con ojitos brillantes mientras sostenía el manojo de invitaciones como si él no hubiera roto un plato en su vida. Era como cambiar a una dimensión alternativa en la que él nunca jamás me hubiera besado delante de Hunter para desaparecer sin darme tiempo a nada, ese jugador de póquer que siempre tenía la mano más alta, tramposo.

—Tambor —exclamé alargando las palabras— no me habías dicho que ya habían quedado listas —mentí porque ni siquiera me interesaba.

—Quería que fuera una sorpresa, mi corazón —respondió él dulcemente mientras se acercaba.

Pero yo no me iba a arriesgar a que él volviera a besarme o algo parecido.

—¡Qué maravilla! Tengo que verlas pero ya —sonreí mientras mi madre iba a la cocina— ¿Y qué te parece si salimos un rato a pasear antes de que oscurezca, mi peluchito de felpa?

Como estábamos solos me permití hacerle gesto de cortarle el cuello si decía que no, aunque si decía que sí... también le quería cortar el cuello, pero eso no venía al caso. Él guardo las invitaciones en un bolsillo.

—¡Qué buena idea! —dijo él lo suficientemente alto para que lo escucharan en toda la casa— Así podríamos hablar tranquilamente de cómo van los preparativos, parece increíble pero hoy me preguntaron mil veces qué tipo de vasos preferíamos para servir las bebidas en la recepción y yo no sabía qué responderles —Abrió la puerta—. Para mí son todos iguales, pero sé que tu tienes mejor gusto, mi amor —dijo mientras salíamos.

A penas salimos, lo tomé de la mano y lo arrastré durante metros hasta llegar a una zona arbolada donde lo obligué a adentrarse para escondernos de la vista de los demás.

—Vaya —dijo apreciando el nuevo entorno— Si hubiera sabido que me ibas a arrastrar a lo oscurito después de un beso, te lo habría dado mucho antes.

Le dí un puñetazo en el vientre del cual ni se inmutó.

—¿Cómo te atreves? —le recriminé con dolor en la voz.

—Lo siento, fue una broma de mal gusto —dijo con seriedad mientras me miraba.

—Oh, sí que sabes actuar de forma considerada cuando te lo propones —resalté.

—¿Por qué te has enfadado? —preguntó calmado.

—No lo sé, piensa, Adam. ¿Qué podría llegar a haber sido? —le solté sarcásticamente mientras él permanecía en silencio mirándome sin responder, a lo que añadí— ¿Crees que no vi tu jugada de venir a saludar a Hunter y besarme delante de él como marcando territorio? ¿De verdad crees que soy tan tonta como para no darme cuenta? ¿Es ese el concepto que tienes de mí? —rugí a los gritos.

Él permaneció callado mientras yo intentaba calmarme. Me estaba por empezar a doler la cabeza, ya podía sentir como una vena me latía peligrosamente y las fuerzas contenidas me abandonaban.

—Anne —murmuró apacible—, estaba celoso —afirmó él sin más mirando para otro lado cabizbajo.



Brenda Rivera

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En el texto hay: hombre lobo, matrimonio, amor

Editado: 26.01.2019

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