Preámbulo (a retirar para correcciones 25/02)

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Capítulo 39: La espera

Me dejé llevar por la paz. Sentía las manos recorriendo mi cabello, peinándolo suavemente con habilidad, tomando mechones de un lado y de otro para formar trenzas, a su vez tejiéndolas con otros mechones que esa persona asía de mi espesa melena. Entrecerraba mis ojos y la experta mujer colocaba flores para adornar su creación buscando el ideal perfecto como una artista. Después siguió un maquillaje natural y antes de todo eso había sido la manicura, recibiendo muchos cumplidos por el anillo de compromiso que exhibía. Intenté mantenerme en calma en todo momento, incluso cuando me tocó colocarme el vestido con ayuda de mis hermanas. Ambas tuvieron que hacer un curso de perfeccionamiento instantáneo para poder entender el mecanismo para cerrar el traje de novia y abrochar la larga hilera de botones que se cernían a mis espaldas. Por suerte para mí, el vestido no era demasiado pesado ni demasiado molesto, la cola era corta casi mínima en comparación con otros, pero igual me costaba moverme un poco más de lo habitual.

—Te ves tan hermosa —dijo la mujer que me arregló el cabello— ¿Qué edad me dijiste que tenías?

—Dieciocho —le contesté.

—Tan jovencita —murmuró— ese vestido es precioso.

—Gracias —respondí.

—Tu futuro marido va a estar tan feliz cuando te vea —agregó.

—Eso espero —le sonreí.

—Estamos bien de tiempo, pero el coche ya debería haber llegado hace media hora —dijo nerviosa Alison.

—No te preocupes, Anne, llegará pronto —aseguró Kate tratando de mantener la calma.

—Esta bien, no pasa nada. Si no llegara a tiempo, sé que papá se preocupará y vendrá a buscarnos.

El resto de personas, todos, estaban en la recepción. Adam debía estar ahí saludando a cada uno de los invitados, ofreciéndoles comida y bebida durante la espera. Era una forma de asegurarse de que todos llegaran a tiempo para ver la celebración desde el comienzo. Sin embargo, en nuestro caso, estaba segura de que todo el pueblo estaría ahí desde la madrugada si fuera necesario con tal de no perdérselo, estuvieran invitados o no. Podía imaginarme a Adam siendo cortés con todos ellos. Hunter había sido mi compañía estos últimos días de soltería, alguien con quien echar unas risas, mientras mi futuro esposo salía de escena. Supongo que después de lo que pasó, ninguno de los dos teníamos muchas ganas de vernos. Tenía tiempo para fantasear con un Adam raro y despeinado mordiéndose las uñas, preguntándose si la novia llegaría o no. Estaba segura que más allá de cualquier figuración mía, el Adam real de carne y hueso debía tener los mismos dilemas que mi invención.

Aquel estafador auténtico de modales intachables alguna vez se había aventurado a hablar de la posibilidad de que una vez estando casados podríamos dejar de fingir. Me cuestionaba cómo podría ser la persona detrás del actor, del príncipe encantador, del comprador, del misterioso hombre de muchas caras y pocas certezas. ¿Con quién me encontraría cuando finalmente estuviéramos a solas? Sabía que él no era un monstruo ni un pervertido, estaba segura de eso. Yo creía firmemente en eso.



Brenda Rivera

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En el texto hay: hombre lobo, matrimonio, amor

Editado: 26.01.2019

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