Preámbulo (a retirar para correcciones 25/02)

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Capítulo 50: Cal

Había encontrado todas las puertas que daban al exterior y se hallaban, sin excepción, cerradas con llave. Era imposible para mí salir, aunque claro, siempre podía saltar por la ventana, pero prefería dejarlo para alguna situación más extrema. Estaba literalmente presa en esa casa. Adam me había convertido de una manera nada sutil en su cautiva, él debió darse cuenta que algo podía traer yo entre manos después de aquel desayuno y lamenté no haberme mostrado más dócil como me había prometido hace mucho tiempo. No lo consideré una falla grave de mi parte, simplemente, porque yo pensé que después de casarnos tal vez él de verdad iba a abrirse más a mí y contestar mis preguntas. Me dolía darme cuenta que estábamos tan alejados de entendernos y mucho menos empezar a conocernos.

Un día escuché una voz femenina, por lo cual, decidí salir del escondite y buscar a esa persona. Me intrigaba saber quienes podían ser los otros habitantes de la casa. Encontré a Josephine en la cocina acomodando las bolsas de la compra.

—Buen día —alcancé a decir.

—Anne, ¿cómo has estado, querida? —me saludó alegremente.

—Bien ¿y usted?—respondí sin saber qué decir ante la prima de mi carcelero.

—De maravilla, acabo de llegar de hacer las compras, no sé si Adam ya te lo ha dicho o no, pero suelo venir a echarle una mano con la casa —me contó.

—Vaya, no lo sabía ¿acaso viven otras personas aquí? —pregunté muerta de curiosidad.

—No, Adam vivía solo hasta ahora —replicó mirándome con una sonrisa—. Ahora te tiene a ti.

—¿De verdad? Es que vi tanta comida que pensé que podía vivir más gente aquí. ¿O es que tiene muchos invitados? —indagué.

—No —negó mientras reía—, es que Adam come por tres si es que no más.

Pensé en los dos metros de músculo y no encontré ninguna razón por la cual Josephine me pudiera mentir.

—Si quieres que te traiga algo en especial, no tienes más que pedírmelo —se ofreció.

—Por el momento, no necesito nada, aunque —callé, había sentido la tentación de darle a entender que me encontraba encerrada, pero eso no era ser dócil y no quería meterla en problemas.

—Dime, querida, ¿qué necesitas? —preguntó.

—Nada, estoy bien, no necesito nada —le aseguré.

—Por favor, dime, es parte de mi trabajo también y te ayudaré con gusto, pues somos familia ahora —declaró Josephine con confianza.

—No es nada, de verdad. —La libertad que yo quería no me la podía dar.

—Tengo un sexto sentido que me dice que Adam se ha portado bien, pero me parece que por otro lado te puede estar haciendo sufrir, puedes contarme —dijo dándome una mano simbólica para que le contara, pero no creí que fuera buena idea de todos modos.

—No, Adam se ha comportado bien conmigo, no tengo quejas —mentí.

—Esta bien, si estas segura.

—¿Quieres que te ayude a tratar de acomodar las cosas? Aún no estoy del todo segura de donde va cada cosa, pero te puedo colaborar un poco —me ofrecí.

Ella aceptó mi ayuda mientras yo pensaba que tal vez debía aprovechar la oportunidad para buscar la puerta por la cual ella había entrado. Suponía que ella no estaba al tanto de mi confinamiento y, con suerte, existía una posibilidad de que ella no se hubiera preocupado de cerrar al entrar. A penas me desocupé me puse a ello, apostando por la entrada principal, pero estaba cerrada. Por más que lo intenté, no se abrió, Josephine apareció detrás de mí y me temí lo peor: sumar una carcelera a un asunto ya muy complicado.

—¿Necesitas salir? —No respondí nada por temor— Adam me pidió que mantuviera las puertas cerradas, querida, si él esta siendo duro contigo puedes confiar en mí —aseguró—. Tal vez no pueda hacerle cambiar de opinión, porque esta demasiado acostumbrado a mandar, pero al menos te puedes desahogar conmigo —dijo amablemente.

Esto me confundía, no estaba segura de si ella era una persona neutral como se mostraba.

—Estoy bien —repetí porque no sabía que más podía decir.

—Oh, querida, Adam puede ser muy protector, pero si necesitas salir y respirar un poco de aire, siempre puedes pedírselo, él no se negara si te acompaña —me reveló.



Brenda Rivera

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En el texto hay: hombre lobo, matrimonio, amor

Editado: 26.01.2019

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