Preámbulo (a retirar para correcciones 25/02)

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Capítulo 55: Neblina

—¡Adam! —grité lanzando un poco de harina en su dirección— ¡Te juró que me las vas a pagar! —amenacé mientras me escondía detrás de la isla de la cocina.

—Sólo si me encuentras, vida —gritó él desde algún lugar.

Me mordí el labio y calculé mis posibilidades, mientras la niebla blanca caía alrededor dejando paso a la visual. Me puse en cuclillas y me acerqué a la esquina, en un movimiento rápido corrí para tomar la bolsa de harina que había quedado en la encimera. Preparé un puñado mirando hacia todos lados, tratando de encontrar la más mínima señal de su presencia. Unos brazos me sujetaron desde atrás y yo lancé el polvillo níveo hacia mis espaldas.

—Te atrapé —alcanzó a decir mientras yo gritaba dispuesta a correr, pero él me levantó en medio de la bruma.

Ambos tosíamos, tratando de respirar mientras nuestras fosas nasales se llenaban con esa nube molesta. Estornudé y supe que debía darme por vencida antes de morir allí.

—¡Me rindo! —grité.

Él gruño ferozmente mientras simulaba morder mi cuello, causándome cosquillas con su barba.

—¡Adam, me rindo! Suéltame —pedí.

—¡No hasta que te devore! Ñam, ñam, ñam —siguió él jugando.

—¡Ahhh! ¡Qué me comen! —grité— ¡Ayuda!

—Nadie vendrá ayudarte ¡Muajajajajaja! —río ferozmente antes de darme un beso en la mejilla, dejándome volver a pisar el suelo.

Me giré hacia él y ambos empezamos a reír, pudimos notar la cocina nevada.

—Oh, Dios, tenemos que limpiarlo —me lamenté al ver el desastre.

—Josephine entenderá que hayamos tenido un pequeño accidente —comentó entre dientes.

—No, Adam, no podemos dejar esto así, además, nadie va a creer que esto fue un accidente —negué con la cabeza.

—No te preocupes, lo limpiaré después —aseguró— Además, todavía tengo que terminar con la pizza

Todo había comenzado con Adam intentando demostrarme sus habilidades culinarias y, en algún punto, todo se había salido de control. Nos comportamos como dos críos y este era el resultado de todo eso.

—¿Por qué no vas a ducharte? —propuso él— Yo terminaré aquí.

—¿Con este desastre? No, te ayudaré, no podrás con todo.

—Por favor, Anne, tengo habilidades de limpieza que ni te imaginas —exclamó orgulloso.

—¿De verdad? Mira que si es cierto, te nombraré encargado de la limpieza general por los próximos veinte años —advertí.

—¿Por sólo veinte años? —preguntó fingiendo sentirse muy contrariado.

—¿Te gustan las condenas largas? ¿Cuarenta te parecería mejor? —continué.

—Sólo lo dices para tratar de quedar bien, pero sigues dándome migajas —manifestó actuando indignado.

—Ah, bueno, ¿y cuánto querría el señor? —repliqué.

—¿Contigo? Pues, un "para siempre" o un "por la eternidad", lo que ocurra primero, no quiero sonar ambicioso —rió él y yo también ante la ocurrencia.

—¿Aunque seas el encargado de limpieza? —le pinché.

—Por algo se empieza —dijo sacando la lengua y moviéndola— O te duchas o empiezo a cumplir con mi deber.

Ambos soltamos una carcajada.

—Vamos, Anne, no te quiero aquí, me haré cargo yo solo —aseveró guiándome hacia la puerta.

—Pero, Adam, te puedo ayudar —protesté.

—Te llamaré cuando la pizza este lista —sostuvo mientras me empujaba fuera del cuarto.

—Pero —alcancé a decir.

—Si quieres ser útil, empieza a buscar alguna película para que veamos —me cortó tajantemente y cerró la puerta.

Después de ver la película, Adam y yo seguíamos echados en el sofá pegados como si hubiéramos nacido para quedarnos así toda la vida.

—No puedo creer que la pizza te saliera tan exquisita —alabé.



Brenda Rivera

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En el texto hay: hombre lobo, matrimonio, amor

Editado: 26.01.2019

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